Capítulo 28
La última entrevista
Daniel llegó con su abogada a las nueve y veinte.
Mara lo vio cruzar el pasillo desde la sala contigua.
Llevaba la misma carpeta de plástico que en la diligencia anterior y una expresión difícil de interpretar.
Durante un instante pensó que no parecía cansado, pero apartó la impresión enseguida.
El cansancio no demostraba nada. Tampoco la serenidad.
La sala era la misma: la mesa, las sillas, una botella de agua sin abrir y la grabadora. El instructor de la UOPJ repasó de nuevo sus derechos y dejó constancia de que Daniel continuaba en condición de investigado y asistido por su letrada.
La abogada escuchó sin interrumpir.
Cuando terminó, preguntó:
—¿Esta diligencia incorpora resultados nuevos?
—Se va a ofrecer a su cliente la posibilidad de explicar varios elementos ya incorporados a la investigación —respondió el instructor.
—¿Incluidos los obtenidos de su vehículo?
—Sí.
Daniel miró a Mara.
—Ya está.
Su abogada se volvió hacia él.
—¿Qué quieres decir?
—Que todo esto era por la furgoneta.
Mara abrió la carpeta.
—Daniel, antes de empezar, ¿quieres declarar?
Él habló en voz baja con su abogada. La conversación duró menos de un minuto.
—Sí.
Mara asintió.
Empezó por Los Barreros.
No por la pista ni por los materiales.
—En tu primera declaración situaste la salida aproximadamente a las 17:45.
Daniel se recostó en la silla.
—Ya expliqué que me equivoqué.
—Después comprobamos que la intervención estaba cerrada a las 17:18:32 y que el encargado te vio recoger unas herramientas y marcharte poco después.
—Sí.
—¿Mantienes que fue un error de memoria?
—Sí.
—¿Puedes explicar por qué recordabas una hora casi media hora posterior?
Daniel miró a la abogada.
—Porque no estaba mirando el reloj.
—Eso explica que no recuerdes el minuto exacto. No explica por qué situaste el final tan tarde.
La abogada intervino.
—No convierta una estimación en un dato que mi cliente haya presentado como exacto.
—No lo estoy haciendo.
Mara colocó delante la transcripción.
—Dijiste «sobre las seis menos cuarto».
Daniel ni la miró.
—Pues eso. Sobre.
—¿Asociaste esa hora a algo concreto? ¿Una llamada, un mensaje, algún reloj, que anocheciera?
—No.
Mara dejó unos segundos.
—Entonces, ¿de dónde salió?
Daniel se encogió de hombros.
—De mi cabeza. No sé.
Era posible.
La memoria podía desplazar una hora sin que hubiese detrás ninguna intención. Mara no necesitaba discutirlo.
Pasó a la siguiente hoja.
—Después corregiste esa franja y dijiste que habías salido antes, pasado por tu taller para dejar material y repostado a las 19:06.
—Sí.
—¿Hay alguien que pueda situarte en el taller?
—No.
—¿Algún registro, llamada, mensaje, cámara o apertura electrónica?
—No.
—¿Algo independiente de tu declaración?
—Ya os dije que no.
—¿Mantienes esa parada?
—Sí.
La abogada tomó nota.
La visita al taller seguía siendo posible.
También seguía sin poder verificarse.
Mara pasó a los mensajes.
—Teresa te escribió porque quería hablar de varias facturas y de desplazamientos.
—Sí.
—Habíais quedado en hablar cuando terminaras en Los Barreros.
—Habíamos hablado de hablar.
—Ella te escribió que estaba cerca.
—Sí.
—¿Le dijiste en algún momento que finalmente no ibas a verla?
Daniel apretó los labios.
—No.
—¿La llamaste?
—No.
—¿Le escribiste?
—No.
—¿Ella volvió a escribirte?
—No.
—¿Te extrañó?
—No.
—¿Por qué?
Daniel miró la mesa.
—Porque podía haber cambiado de idea.
—¿Y tú?
—También.
Mara dejó los mensajes delante de él.
—¿Puedes señalar en qué momento le comunicaste ese cambio?
La abogada levantó una mano.
—Ya ha dicho que no hubo comunicación.
—Eso es lo que quería aclarar.
Daniel miró los mensajes sin tocarlos.
—No se lo dije.
Mara retiró la hoja.
No necesitaba que Daniel aceptara la palabra «cita». Los mensajes demostraban por sí solos que existía una conversación pendiente.
La revisión económica ocupó menos tiempo.
—Teresa había retenido al menos una factura y había decidido revisar pagos anteriores —dijo Mara.
Daniel frunció el ceño.
—Eso no lo sabía.
—Sabías que estaba revisando meses anteriores.
—Sabía que decía que iba a mirar cosas.
—Le contestaste que no mezclara meses porque eran errores de hojas.
—Porque eran errores.
—¿Sigues manteniendo eso?
—Sí.
—¿Considerabas que aquella revisión podía perjudicarte?
—Podía retrasarme pagos.
—¿Solo eso?
—Sí.
Mara abrió la documentación.
—Teresa había consultado el procedimiento para revisar pagos ya realizados y había preparado un borrador para bloquear nuevas validaciones y elevar la revisión.
La abogada levantó la vista.
—¿Mi cliente conocía ese borrador?
—No.
—Entonces no puede utilizarse para inferir lo que sabía.
—No he dicho que lo conociera.
Mara miró a Daniel.
—Lo que sí sabías es que una factura estaba retenida y que Teresa quería revisar meses anteriores.
—Sí.
—¿Te preocupaba perder trabajo con la asociación?
—No.
—¿Que te reclamaran dinero?
—Si había un error, se corregía.
—¿Que dejaran de contratarte mientras se revisaba?
Daniel negó.
—Eso lo estás diciendo tú.
—Te lo estoy preguntando.
—No.
Andrés, sentado algo más atrás, no hizo ningún gesto.
Mara tampoco.
No necesitaban que Daniel reconociera el peso del conflicto. La documentación ya demostraba que existía.
—Entonces tu posición es que la revisión no suponía un riesgo relevante para ti.
—Eso es.
—Y aun así pediste que no revisara meses anteriores.
—No discutí con ella.
—Insististe en que no los mezclara.
—Porque estaba equivocada.
Mara lo dejó ahí.
El instructor hizo una señal.
Era el momento de la pista.
Mara no mostró todavía las fotografías.
—Conoces la pista del molino viejo.
—Sí.
—Has dicho que estuviste allí hace meses.
—Sí.
—Y negaste haber entrado ese mes, la semana de la muerte de Teresa y el martes por la tarde.
—Sí.
—¿Mantienes esas respuestas?
Daniel miró a su abogada. Ella inclinó apenas la cabeza.
—Sí.
—¿Entraste en la pista después de la muerte de Teresa?
—No.
—¿Y durante la semana anterior?
Daniel tardó.
—No recuerdo.
Mara levantó la vista.
—Antes dijiste que no habías entrado ese mes.
—No recuerdo haber entrado.
—¿Quieres matizar entonces aquella respuesta?
La abogada intervino.
—Tiene derecho a hacerlo.
—Por supuesto.
Mara miró al instructor.
Él anotó.
—Entonces queda así: no recuerda haber utilizado la pista ese mes.
Daniel asintió.
—Sí.
—¿Y el martes por la tarde?
—No entré.
Esta vez contestó sin vacilar.
—¿Viste allí a Teresa?
—No.
—¿Viste su coche?
—No.
—¿Aparcaste allí tu furgoneta?
—No.
Mara dejó pasar unos segundos y sacó el informe.
—Criminalística ha encontrado en varios puntos protegidos de los bajos y pasos de rueda de tu furgoneta material terroso rojizo, pequeños fragmentos laminares de pizarra y materia vegetal compatibles con las muestras tomadas en el acceso de esa pista.
Daniel no respondió enseguida.
Su abogada pidió la hoja y el instructor se la entregó.
La leyó despacio.
—Aquí dice «compatible» —señaló—. También que no puede establecerse un origen exclusivo.
—Correcto.
—Y que los restos no pueden fecharse.
—Correcto.
Daniel se inclinó hacia ella.
—Lo ves.
La abogada siguió leyendo.
—Mi cliente ya declaró que había estado allí meses atrás. Existe una explicación posible para esa compatibilidad.
—Sí —dijo Mara.
Daniel la miró.
—Pues ya está.
—No exactamente.
—¿Qué no?
—Que exista una explicación posible no significa que explique el conjunto.
Daniel se echó hacia atrás.
—Siempre hacéis lo mismo.
—¿Qué hacemos?
—Cogéis cualquier cosa y la juntáis con otra para que parezca peor.
Mara abrió la siguiente carpeta.
—Eso es precisamente lo que tenemos que comprobar.
Noelia había preparado una sola hoja.
Cuatro bloques.
Mara la colocó delante de Daniel.
—Vamos a mirar los elementos juntos.
La abogada leyó primero. Daniel tardó algo más.
—A las 17:18:32 cierras la intervención de Los Barreros.
—Sí.
—El encargado dice que te marchas poco después.
—Sí.
—Teresa había salido de casa de Mateo en una dirección compatible con la pista del molino.
Daniel miró la hoja.
—Compatible.
—Sí. No significa que podamos demostrar que fue allí.
—Entonces...
Mara levantó una mano.
—Déjame terminar.
Él calló.
—El recorrido permite que Teresa llegue al entorno de la pista alrededor de las 17:25. Tú también podías llegar poco después si saliste de Los Barreros dentro de la franja que describe el encargado. Habíais acordado hablar de facturas y desplazamientos y Teresa te escribió que estaba cerca.
Daniel no dijo nada.
—En su calzado y en su coche aparece material compatible con el terreno de esa pista y no bien explicado por la Curva del Castañar.
La abogada volvió al informe.
—Compatibilidad, no identificación.
—Correcto.
Mara continuó.
—La lesión mortal de Teresa se produjo antes del episodio de la carretera y una conducción normal y sostenida después de esa lesión resultaba muy difícil.
Daniel permaneció callado.
—Tu furgoneta conserva material compatible con la pista que niegas haber utilizado ese martes.
—Puede ser antiguo.
—Sí.
—Entonces no demuestra nada.
—Demuestra exactamente lo que recoge el informe.
Mara señaló la última línea.
—A las 19:06 repostaste.
—Eso lo sabéis desde el principio.
—Sí.
—Entonces sigo sin entender qué queréis.
—Que nos expliques, si puedes, cómo encajan todos esos datos dentro de tu versión.
Mara no desplegó el mapa grande.
Le bastaban los tiempos medidos.
Trece a quince minutos desde Los Barreros hasta la pista.
Dieciséis a dieciocho desde la pista hasta la Curva.
Entre veinte y veintidós a pie para regresar desde la Curva hasta un vehículo dejado en la zona del molino.
Once a trece para salir de la pista y nueve o diez hasta la estación.
Daniel escuchó sin interrumpir.
Su abogada tomó notas.
—Con una salida poco después de las 17:18 —dijo Mara— existe margen suficiente para llegar a la pista, permanecer allí, desplazarse después a la Curva, regresar, recuperar un vehículo y alcanzar la estación antes de las 19:06.
Daniel sonrió sin humor.
—También existe margen para ir al taller.
—Sí.
—Entonces vuestro recorrido no demuestra cuál hice.
—No por sí solo.
—Otra vez.
—Otra vez.