Capítulo 26 #2
Beatriz había dado una hora aproximada que al principio dejaba una ventana incómoda. Después aparecieron otros puntos: una llamada de su hermano a las 17:41, la visita a la inmobiliaria, una testigo y una llamada desde allí a una gestoría a las 18:12.
Noelia extendió la secuencia.
—Aunque demos varios minutos de margen, no puede ir al molino y salir de allí sin romper al menos dos anclajes.
—¿Motivo? —preguntó Andrés.
—Tenía razones para ocultar lo de su padre —respondió Mara—. Eso explica su mentira.
—¿Contacto con Teresa esa tarde?
—Ninguno después del conflicto previo.
—¿Material o comunicaciones?
—Nada que la conecte con la pista.
Mara cerró la carpeta.
Con Beatriz terminaban las cinco líneas.
Pero cerrar sospechosos no consistía en tachar nombres. Lo importante era comprobar qué quedaba en pie una vez retiradas las explicaciones que ya no soportaban la secuencia completa.
Mara pidió una pizarra.
Andrés arqueó una ceja.
—Pensaba que no te gustaban.
—No me gustan cuando sustituyen a pensar.
Noelia sonrió.
Colocaron los seis nombres y, debajo, siete apartados: contacto con Teresa, motivo, oportunidad, contradicción relevante, ruta, evidencia material y compatibilidad con la secuencia completa.
No era una tabla para elegir culpable por puntos. Servía para asegurarse de que no habían apartado a los demás simplemente porque Daniel empezara a resultar más convincente.
Empezaron por Elena.
Había contacto y conflicto familiar. También una mentira relevante sobre la carpeta y sobre sus problemas con Teresa. Al principio existían minutos sin control directo, pero la ruta no convergía con el molino, no había evidencia material ni una secuencia compatible con muerte y encubrimiento.
Sonia había tenido contacto y un posible conflicto laboral. Su mentira se refería al trabajo informal con Pilar, que estaba verificado. La ruta quedaba explicada y no había material que la relacionara con el escenario.
Rubén reunía contacto, irregularidades económicas y mentiras sobre kilómetros y combustible.
Su oportunidad era limitada, la ruta no convergía y no existía ningún vínculo material con la pista.
Además, el conocimiento de vehículos había perdido gran parte de su peso al comprobarse que la salida de vía no requería ninguna técnica especial.
Álvaro había amenazado a Teresa y tenía un conflicto personal. Sus propios anclajes temporales debilitaban la oportunidad, el recorrido era incompatible con la secuencia útil y no existía evidencia material que lo acercara al molino.
Beatriz también tenía un conflicto real, relacionado con la casa y la residencia de su padre. Había ocultado información, pero sus movimientos posteriores estaban suficientemente anclados y no aparecía en el recorrido ni en los materiales.
Cuando llegaron a Daniel, Mara dejó el rotulador sobre la mesa.
—Ahora sin exagerar nada.
Noelia leyó.
—Contacto con Teresa: mensajes y conversación profesional prevista al terminar Los Barreros.
Andrés continuó:
—Motivo: revisión documentada de facturas, pagos anteriores y riesgo económico y profesional.
—Oportunidad —añadió Mara—: cierre de intervención a las 17:18:32, salida poco después según el encargado y repostaje a las 19:06. Existe tiempo físico suficiente con una salida temprana.
Noelia pasó al siguiente apartado.
—Versión inicial sobre la salida cercana a las 17:45, incompatible con el cierre objetivo y con el testimonio del encargado.
Mara asintió.
—Así. No pongas «mentira» como hecho.
—Ruta compatible con Los Barreros, pista del molino, Curva, regreso y estación —continuó Noelia.
—Evidencia material —dijo Andrés—: restos compatibles con la pista en su furgoneta.
—Y en una columna aparte, su negación específica de haber utilizado ese acceso recientemente —añadió Mara.
Terminaron la tabla y permanecieron unos segundos mirándola.
Noelia fue la primera en hablar.
—Daniel es el único que aparece en todas las categorías.
Eso era lo que Mara necesitaba comprobar.
No que tuviera el motivo más llamativo ni que hubiera mentido más que los demás, sino que era el único en quien coincidían líneas independientes de investigación.
—Sí.
Andrés se acercó a la pizarra.
—Y las mentiras de los otros cinco tienen una explicación que no necesita tocar el homicidio.
—Exactamente.
Repasó con el dedo.
—Elena ocultaba un problema familiar; Sonia, un trabajo irregular; Rubén, dinero y kilómetros; Álvaro, el uso de la tarjeta de su madre; Beatriz, la casa y la residencia.
—Sí.
—Y Daniel todavía tiene que explicar por qué su tiempo, la ruta, el vehículo y la negación de la pista coinciden en el mismo sitio.
Mara asintió.
Eso era mucho más útil que declararlo culpable antes de terminar.
A media tarde, Alicia llamó.
Mara le envió una imagen de la tabla antes de contestar.
—La estoy viendo —dijo la comandante—. ¿Qué pretendes demostrar con esto?
—Que no hemos cerrado las otras cinco líneas porque Daniel parezca más sospechoso. Cada una se cierra por sus propias comprobaciones.
—Bien.
—Y que Daniel queda como línea principal porque es el único en quien coinciden contacto, motivo, oportunidad, contradicción temporal, ruta y evidencia material compatible.
Alicia guardó silencio.
—¿Alguno de los otros conserva periodos sin explicar?
—Elena tiene algunos minutos sin testigo directo.
—Entonces, ¿por qué la descartas?
—Porque una franja sin testigo no basta. No tiene ruta, material, contacto posterior esa tarde ni una secuencia física que explique la agresión y el encubrimiento.
—Eso quería oír.
Mara entendía el problema.
Nadie vivía dejando una prueba verificable de cada minuto de su día. Convertir cualquier hueco horario en sospecha permanente habría hecho imposible cerrar una investigación.
Lo que importaba era qué hechos convergían dentro de esos huecos.
Alicia continuó repasando.
—¿Rubén?
—Las irregularidades existen, pero el coche no fue saboteado, su conocimiento mecánico no lo diferencia y sus movimientos no lo llevan al escenario.
—¿Álvaro?
—Anclajes suficientes y ruta incompatible.
—¿Beatriz?
—Igual.
—¿Sonia?
—Su mentira queda explicada por el trabajo informal y está respaldada por mensajes y pago.
Alicia pasó página.
—Entonces mañana no quiero otra reunión sobre sospechosos.
—No.
—Quiero la secuencia completa.
—Eso haremos.
—Separad hechos de inferencias.
—Ya está previsto.
—Bien.
Noelia había preparado dos columnas nuevas:
HECHOS ACREDITADOS
INFERENCIAS
Mara la miró.
—Te has adelantado.
—Alicia era bastante previsible.
Andrés se sentó.
—¿Empezamos?
Mara negó.
—Mañana.
—Son las cinco.
—Precisamente.
—Podemos avanzar algo.
—También podemos intentar que todo encaje porque llevamos horas cerrando alternativas.
Andrés la miró.