Capítulo 23 #2
La frase le recordó a Mara el punto en el que estaba la investigación.
Daniel ya era el sospechoso central. Había cambiado su hora de salida, ofrecido un trayecto que no podían confirmar, conocía una pista donde las cronologías de ambos convergían y acababa de negar haber estado allí en fechas recientes.
Además, Teresa y su coche presentaban materiales compatibles con ese lugar.
Cada nueva pieza parecía dirigirse hacia él.
Precisamente por eso tenían que revisar también las explicaciones inocentes antes de examinar la furgoneta.
—Vamos a dejar por escrito qué podría explicar una coincidencia de materiales sin que Daniel hubiera estado en el molino ese martes —dijo Mara.
Andrés se apoyó en la mesa.
—Si encontramos esa coincidencia.
—Exacto.
Noelia abrió un documento nuevo.
La lista resultó más larga de lo que Andrés esperaba.
Daniel trabajaba en entornos rurales y podía entrar con frecuencia en pistas con barro rojizo y pizarra.
También podía transportar material procedente de un cliente o conservar restos antiguos en zonas protegidas de la furgoneta.
Incluso si aparecía una composición compatible con la pista, podía existir otro acceso de características semejantes.
Mara quiso que todas esas posibilidades quedaran escritas antes de conocer el resultado de la inspección.
—Parece que estamos preparando su defensa —dijo Andrés.
—Estamos preparando la forma correcta de valorar lo que encontremos.
—Ya.
Noelia añadió otra opción.
—La furgoneta podría haber sido lavada.
—¿Sabemos si lo fue?
—No.
—Entonces inclúyelo como posibilidad.
Andrés miró la lista.
—¿Y si no aparece nada?
—También será un resultado.
—No nos gustará.
—No tiene que gustarnos.
La ubicación del material importaría tanto como su composición. No sería igual encontrar unas partículas antiguas y expuestas que localizar acumulaciones en zonas protegidas, ni tendría el mismo valor una coincidencia común en toda la comarca que una combinación menos frecuente.
No bastaría con encontrar barro rojo.
El instructor de la UOPJ preparó el informe para el juzgado con la secuencia acumulada.
La solicitud no descansaba en una intuición.
Incluía la lesión anterior a la salida de vía, la dirección tomada por Teresa, la convergencia temporal, los mensajes entre ambos, la corrección de la hora de Daniel, la reconstrucción física de los desplazamientos, la comparación entre el terreno encontrado en Teresa y su coche y las muestras de la pista, además de la negación específica que acababa de formular.
Mara revisó el borrador.
Quitó dos adjetivos y modificó varias expresiones.
Donde decía «coincidencia determinante», dejó «compatibilidad relevante».
También sustituyó «mentira sobre la hora» por «versión horaria inicial incompatible con el registro objetivo y con la declaración del responsable del lugar».
El instructor la miró.
—Algún día tendremos que llamar a las cosas por su nombre.
—Cuando tengamos base para hacerlo.
—Daniel dijo 17:45 y sabemos que el trabajo estaba cerrado mucho antes.
—Sabemos que cerró la intervención a las 17:18:32 y que, según el encargado, se marchó poco después. Daniel atribuye la diferencia a un error de memoria. Eso es lo que hay.
El instructor sonrió.
—Vale.
Mara siguió leyendo.
La solicitud no pedía una búsqueda indiscriminada, sino el examen del vehículo habitual de Daniel con una finalidad concreta: documentar y, en su caso, recoger restos terrosos, minerales y vegetales en zonas susceptibles de conservar transferencias, además de otros indicios directamente relacionados con los desplazamientos investigados.
—Así está mejor.
—Así queda.
No sabían cuánto tardaría en autorizarse la diligencia.
La furgoneta llevaba días circulando y cualquier rastro podía haberse degradado. Eso no justificaba saltarse pasos. Al contrario: hacía más importante que la solicitud estuviera bien fundamentada.
Por la tarde, Noelia encontró un dato menor.
Daniel había pasado una revisión mecánica tres semanas antes de la muerte de Teresa. En las fotografías tomadas al recibir la furgoneta, los bajos visibles aparecían sucios de una forma normal para un vehículo de trabajo.
—No podemos usar esas imágenes para comparar materiales —dijo Mara.
—No con suficiente detalle.
—Guárdalas de todos modos.
—¿Por qué?
—Porque nos recuerdan que partimos de una furgoneta que circula habitualmente por caminos rurales. No podemos interpretar cualquier suciedad como reciente.
Andrés levantó la voz desde la otra mesa.
—Eso favorece a Daniel.
—Favorece que no nos engañemos nosotros.
Noelia cerró el archivo.
—Entonces lo difícil será saber si algo es reciente.
—Si es que puede saberse.
Mara no quería que la inspección se convirtiera en una escena de revelación. Criminalística podía encontrar material útil o no encontrarlo. Y, si aparecía algo, todavía habría que compararlo y valorar hasta qué punto podía explicarse por la actividad habitual de Daniel.
El peso estaría en la convergencia de indicios, no en una mota de barro.
A última hora, la abogada de Daniel llamó al instructor.
Quería dejar constancia de que su cliente no autorizaba voluntariamente ninguna inspección adicional de sus bienes sin una resolución que la amparase.
Era previsible y legítimo.
El instructor se lo comunicó a Mara.
—Nos ahorra tener que preguntarlo.
—Sí.
—¿Te preocupa que pueda hacer algo con la furgoneta?
Mara pensó en lo que Daniel sabía.
Habían preguntado por la pista del molino y él podía suponer que esa cuestión tendría una consecuencia. Pero la preocupación no bastaba para adoptar una medida.
—Consulta con el juzgado qué se puede hacer para evitar una posible pérdida de evidencia sin excedernos —dijo.
—Eso haré.
No necesitaban improvisar.
Si existía un riesgo real para la conservación de indicios, tendría que justificarse y tratarse por el cauce adecuado.
Poco antes de marcharse, Mara regresó al mapa y marcó la pista del molino con un círculo fino.
Al lado escribió:
Daniel conoce el lugar.
Debajo:
Niega uso este mes. Niega uso durante la semana de la muerte. Niega entrada el martes.
No escribió que mintiera.
La negación podía ser cierta.
Si la furgoneta no aportaba nada, tendrían que seguir trabajando con el resto de indicios.
Si aparecía un material compatible, aún sería necesario valorar si procedía de otro camino o de una contaminación antigua.
Solo si la composición, la ubicación y el estado de conservación reducían esas alternativas, la declaración de Daniel adquiriría otro significado.
Mara cerró el mapa.
Hasta entonces, Daniel se había movido dentro de espacios difíciles de fijar: una hora aproximada, un tramo sin registros y un taller sin testigos.
Ahora había hecho algo diferente.
Había señalado con claridad un lugar en el que aseguraba no haber estado.
La siguiente diligencia tendría que comprobar hasta qué punto la realidad estaba de acuerdo con él.