La última ruta (Los casos de Mara Valdés 1) Capítulo 23
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Capítulo 23

Lo que Daniel niega

Daniel llegó a las diez y siete acompañado de la misma abogada.

Mara lo vio cruzar el pasillo desde la sala contigua. Llevaba una chaqueta oscura, vaqueros y una carpeta de plástico bajo el brazo. No parecía más nervioso que en la diligencia anterior, aunque esta vez entró sin mirar hacia la puerta de salida.

El instructor de la UOPJ repitió las formalidades necesarias. Daniel seguía en condición de investigado, conocía sus derechos y estaba asistido por su letrada. Ella pidió que se incorporara a la diligencia cualquier documento que fueran a utilizar para formular preguntas concretas.

—Se incorporará lo que corresponda —respondió el instructor.

Mara tenía delante un mapa limpio, sin anotaciones policiales. No llevaba las fotografías de las muestras ni el informe preliminar de Criminalística. Antes de enseñarle qué habían encontrado, quería conocer su versión sobre un lugar concreto.

—La otra vez reconstruiste tu recorrido desde Los Barreros hasta la estación de servicio —empezó—. Dijiste que fuiste por la carretera principal, que pasaste por tu taller y que no entraste en pistas secundarias.

Daniel asintió.

—Sí.

—¿Mantienes esa versión?

—Sí.

Su abogada intervino.

—Con la salvedad que ya hizo constar: no recuerda cada tramo con precisión absoluta.

—No vamos a pedirle eso —dijo Mara.

Daniel miró el mapa.

—Entonces, ¿qué queréis saber?

—Qué caminos utilizas normalmente por trabajo.

—Depende del trabajo.

—¿Entras en pistas rurales?

—A veces. Si una instalación está en una finca, claro que entro.

—¿Las utilizas también para acortar recorridos?

—No suelo.

—¿Conoces bien los caminos secundarios de la zona?

Daniel se encogió de hombros.

—Como cualquiera que trabaje por aquí.

Era una respuesta razonable.

Mara señaló varios accesos en el mapa, sin marcar todavía la pista del molino.

—¿Has utilizado alguno de estos?

Daniel se inclinó.

Reconoció dos. En uno había trabajado meses atrás y otro lo usaba para llegar a una explotación. Del tercero dijo no estar seguro.

Mara dejó que explicara cada uno.

Le interesaba que la conversación no quedara reducida a una negación aislada. Daniel podía conocer muchas pistas y utilizarlas por razones perfectamente normales.

—¿Llevas algún registro de los caminos por los que entras?

Daniel soltó una risa breve.

—No.

—¿Los partes de trabajo incluyen la ubicación exacta?

—El pueblo o el cliente.

—¿No el acceso?

—Normalmente no.

—Así que podrías entrar en una pista sin que figurase en ningún parte.

—Claro.

La abogada miró a Mara.

—Eso parece evidente.

—Lo es.

Mara pasó al periodo que les interesaba.

—Durante los días anteriores a la muerte de Teresa, ¿entraste en alguna pista secundaria por un motivo que no fuera un trabajo?

Daniel pensó.

—No que recuerde.

—¿El martes?

—No.

—¿Después de salir de Los Barreros?

—Ya he dicho que no.

—¿Ni para parar, ordenar material, hacer una llamada o esperar a alguien?

Daniel levantó la cabeza.

—No.

—¿Ni para hablar con Teresa?

—No.

La respuesta llegó con rapidez.

Su abogada tomó nota.

—Mi cliente ya ha negado ese encuentro varias veces.

—Lo sé.

Mara desplazó el mapa unos centímetros.

—Ahora quiero preguntarte por un lugar concreto.

Daniel reconoció el nombre antes de que Mara terminara de señalar el acceso.

—¿La pista del molino viejo?

No sonó a desconocimiento.

Mara lo observó.

—¿La conoces?

—Sí.

—¿Has estado allí?

Daniel miró a su abogada.

Ella no respondió por él.

—Alguna vez.

—¿Cuándo?

—Hace tiempo.

—¿Cuánto?

—No sé. Meses.

—¿Por trabajo?

—Puede ser.

—¿Con qué cliente?

Daniel negó con la cabeza.

—No me acuerdo.

Mara mantuvo el tono.

—¿Has entrado por esa pista este mes?

—No.

—¿La semana en que murió Teresa?

—No.

—¿El martes por la tarde?

Daniel apoyó las manos sobre la mesa.

—No.

—¿Ni con tu furgoneta ni con otro vehículo?

—No.

—¿Aparcaste en el ensanche próximo a las construcciones del molino?

—No.

—¿Viste allí el coche de Teresa?

—No.

—¿Viste a Teresa?

—No.

La abogada intervino.

—Creo que la respuesta ha quedado suficientemente clara.

Mara asintió.

—Sí.

Eso era precisamente lo que necesitaban: una respuesta específica sobre un lugar y un periodo concretos.

Daniel había admitido que conocía la pista y que había estado allí en otras ocasiones, aunque sin precisar cuándo ni por qué. Al mismo tiempo, negaba cualquier uso reciente: ni ese mes, ni la semana de la muerte de Teresa, ni el martes por la tarde.

Si más adelante aparecía una evidencia independiente que contradijera esa versión, la negación tendría un valor distinto. Si no aparecía, seguiría siendo únicamente una declaración.

La abogada pidió una pausa y el instructor la concedió.

Daniel salió con ella al pasillo. Andrés, que había seguido la diligencia desde un lateral, esperó a que la puerta se cerrara.

—Eso ha sido bastante concreto.

—Tenía que serlo.

—Conoce la pista.

—Sí.

—Dice que no ha entrado este mes.

—Sí.

—Ni esa semana ni el martes.

Mara recogió el mapa.

Andrés la miró.

—Y todavía vas a decirme que no demuestra que mienta.

—Porque no lo demuestra.

El instructor dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—La negación ha quedado limpia.

Mara asintió.

No era un «no me suena» ni un «creo que no». Daniel había sido inequívoco.

Conocía el lugar.

Negaba haberlo usado recientemente.

Eso bastaba por el momento.

—Ahora tenemos que ser especialmente cuidadosos con la furgoneta —dijo Mara.

Andrés entendió.

—Esperamos autorización.

—Sí.

El instructor asintió también.

—Prepararemos el informe para solicitar la medida que corresponda. No se toca el vehículo antes.

—Y hoy no le hablamos de los resultados del terreno —añadió Mara.

Cuando retomaron la diligencia, Daniel parecía más molesto.

Su abogada habló primero.

—Quiero saber por qué esa pista es relevante.

El instructor respondió.

—La investigación está comprobando distintos puntos compatibles con los desplazamientos de la víctima y con las declaraciones recogidas.

—Eso es muy genérico.

—Es lo que podemos concretar en este momento sin perjudicar diligencias pendientes.

La abogada miró a Mara.

—¿Han encontrado algo allí?

Mara respondió con cuidado.

—Se ha inspeccionado la zona.

—No he preguntado eso.

—Y yo no voy a anticipar el contenido de un informe pendiente más allá de lo que procesalmente corresponda.

La abogada aceptó la respuesta con una inclinación mínima de cabeza.

Daniel no.

—Estáis intentando colocarme allí.

Mara lo miró.

—Te hemos preguntado si estuviste.

—Porque queréis que estuviera.

—Tu respuesta es que no.

—Porque no estuve.

—Entonces constará así.

Daniel se echó hacia atrás.

—No sé ni para qué iba a ir a ese sitio.

La frase salió sin que se lo preguntaran.

Mara dejó que continuara.

—No tengo clientes allí.

—Eso coincide con lo que hemos comprobado.

Daniel frunció el ceño, como si no hubiera esperado que le dieran la razón.

—Pues ya está.

—No necesariamente.

Su abogada intervino.

—¿En qué sentido?

—Que no haya un trabajo registrado allí no impide que una persona entre por otra razón. Daniel ha dicho que no lo hizo y esa será su declaración.

Él miró de nuevo el acceso marcado en el mapa.

—¿Teresa estuvo allí?

Mara no respondió.

—¿Eso es lo que habéis encontrado?

Su abogada apoyó una mano en su antebrazo.

—No preguntes.

Daniel retiró el brazo.

—Quiero saber por qué me preguntan por una pista cualquiera.

Mara no convirtió su inquietud en indicio. Cualquier investigado sabía que una pregunta concreta solía tener una razón detrás.

—Porque estamos comprobando tus movimientos.

—Ya los habéis comprobado.

—Algunos.

—Sabéis que estaba en Los Barreros.

—Hasta que terminaste el trabajo.

—Y sabéis que reposté.

—A las 19:06.

—Entonces, ¿qué falta?

Mara pudo haber respondido que faltaba todo lo que había ocurrido entre ambos puntos, pero no era necesario.

—Falta verificar lo que todavía depende únicamente de tu versión.

Daniel sonrió sin humor.

—El taller.

—Entre otras cosas.

—Y ahora el molino.

—Tú has dicho que no estuviste.

—Porque no estuve.

Mara cerró la carpeta.

—Ha quedado claro.

Antes de terminar, quiso precisar una última cuestión sobre el conocimiento de la pista.

—Has dicho que estuviste allí alguna vez hace meses.

Daniel asintió.

—Sí.

—¿Recuerdas por dónde se sale después del ensanche?

—No.

—¿Sabes si conecta con la carretera de la Curva del Castañar?

Daniel tardó.

—No especialmente.

—¿Has utilizado alguna vez la salida superior?

—No sé qué llamas salida superior.

Mara no se la explicó.

—¿Has recorrido la pista completa con la furgoneta?

—Puede ser.

—¿No lo recuerdas?

—No.

Su abogada levantó una mano.

—Estamos entrando en una cadena de suposiciones sobre desplazamientos antiguos que mi cliente no recuerda.

Mara aceptó el límite.

—De acuerdo.

Ya tenía lo necesario.

Daniel conocía el lugar, pero ese conocimiento no lo incriminaba. Lo relevante era que había negado de forma expresa cualquier uso reciente.

La diligencia terminó poco antes del mediodía.

Daniel salió con su abogada sin mirar hacia la sala contigua. Mara esperó a que el instructor cerrara el acta provisional.

—Quiero que las negaciones queden literales.

—Quedarán.

—Este mes, la semana de la muerte y el martes.

—Sí.

—Y también que admite conocer la pista y haber estado allí en ocasiones anteriores, aunque no pueda precisar fecha ni motivo.

El instructor asintió.

Andrés recogió sus notas.

—Ahora sí tenemos una negación que podremos contrastar.

—Eso es.

Noelia llegó unos minutos después.

—¿Qué ha dicho?

—Conoce la pista, pero niega cualquier entrada reciente: este mes, esa semana y el martes.

Noelia dejó una carpeta sobre la mesa.

—Entonces esto os interesa.

Mara miró la portada.

—¿Qué es?

—La documentación de la furgoneta de Daniel: matrícula, titularidad, seguro, revisiones y partes donde consta como su vehículo habitual de trabajo.

Andrés abrió la carpeta.

—¿Tiene algún sistema de localización?

—No. No lleva seguimiento de empresa.

—¿Algún taller reciente?

—Mantenimiento ordinario. Nada que nos diga si tenía barro o si fue limpiada.

Mara levantó la vista.

—Todavía no sabemos qué hay en la furgoneta.

—Lo sé.

—No adelantemos el resultado.

—No lo hago.