Capítulo 22 #2
—Dos que merecen al menos ser consideradas además del molino. Una ya la descartamos funcionalmente porque obliga a regresar casi hasta el eje principal para continuar hacia la Curva. La otra tiene un firme parecido, pero no encaja bien con la dirección que vio Mateo salvo dando un rodeo.
Mara se acercó.
—No descartes la segunda solo porque sea incómoda.
—No. La dejo como alternativa.
—¿Teresa tenía servicios allí?
—Ninguno.
—¿Daniel?
—Tampoco.
Andrés señaló la pista del molino en la pantalla.
—Así que sigue siendo la explicación más fuerte.
—Espacialmente, sí —dijo Mara—. Y ahora tiene apoyo material compatible, que no es lo mismo que una identificación.
Noelia cerró uno de los mapas.
—Entonces ya podemos preguntarle a Daniel por un lugar concreto.
Mara sabía que sí.
Hasta entonces le habían preguntado por carreteras principales, desvíos y pistas en general. Ahora podían nombrar la pista del molino viejo y escuchar una explicación específica.
Antes de citar de nuevo a Daniel, Mara quiso revisar el informe forense.
No porque hubiese cambiado, sino porque la información del coche permitía leerlo dentro de una secuencia más completa.
La lesión craneal mortal era anterior al episodio de la salida de vía. Había además un segundo episodio traumático compatible con el accidente posterior. El forense ya había advertido que una conducción normal y sostenida después de la lesión resultaba muy difícil.
A eso se añadía ahora la distribución de los restos dentro del vehículo.
Mara llamó al médico forense.
—Necesito comprobar una interpretación.
—Dime.
—Con la lesión que presentaba Teresa, ¿ves razonable que hubiera conducido unos diecisiete minutos por pista y carretera hasta la Curva?
Hubo una pausa breve.
—Ya te dije que una conducción normal y sostenida después de una lesión así sería muy difícil.
—¿Imposible?
—No te voy a decir eso.
—Bien.
—¿Qué ha cambiado?
—Tenemos indicios de que Teresa y su coche estuvieron antes en contacto con un terreno distinto al de la Curva. Además, la distribución del material dentro del vehículo no encaja especialmente bien con que ella pisara ese terreno y luego condujera de forma normal desde allí.
—Entonces estáis valorando un traslado.
—Estamos intentando saber hasta dónde permiten llegar los indicios.
El forense tardó unos segundos.
—Mi informe permite sostener que la lesión grave se produjo antes del episodio de la carretera.
Si, además, podéis demostrar que el coche estuvo en otro terreno y que la distribución interior no respalda una conducción posterior normal por parte de Teresa, plantear que otra persona movió el vehículo es razonable.
Pero no pongas esa última parte en mi boca.
—No lo haré.
—¿Tenéis ya un sitio?
Mara miró el mapa.
—Uno que encaja mejor que los demás.
Colgó poco después.
El posible mecanismo del encubrimiento empezaba a definirse sin necesidad de fijar todavía la posición exacta de Teresa dentro del coche ni cada uno de los movimientos realizados.
A media tarde, Víctor envió una nota preliminar.
No era el informe definitivo, pero resultaba suficiente para orientar las siguientes diligencias.
Mara la leyó despacio.
Los restos minerales y terrosos recuperados del calzado de Teresa y de determinados puntos del vehículo presentaban características compatibles con las muestras obtenidas en la pista del molino viejo.
Las muestras de la Curva del Castañar no reproducían esa combinación en los puntos comparados.
La compatibilidad no permitía individualizar de manera exclusiva el origen de los restos.
La distribución interior no mostraba una transferencia proporcional en la zona del conductor respecto a la observada en el calzado.
Andrés leyó por encima de su hombro.
—Eso último pesa bastante.
—Sí.
—Si Teresa hubiera pisado ese suelo y luego conducido, debería haber dejado más material en el puesto del conductor.
—Sería esperable una transferencia mayor.
—Entonces no conducía.
Mara negó.
—Eso es más fuerte de lo que dice el informe.
Andrés resopló.
—¿Cómo lo dirías?
—Que la distribución no respalda bien una secuencia en la que Teresa pisa ese terreno y después conduce normalmente hasta la Curva.
—Es bastante menos cómodo.
—También es más exacto.
Mara dobló el informe.
Cualquier conclusión tendría que sobrevivir a una defensa, a un juez y a una revisión posterior de todas las pruebas. Ganar contundencia a costa de precisión no les servía.
Noelia los llamó desde su mesa.
—He encontrado algo que no cambia el caso, pero elimina una explicación sencilla.
—¿Qué?
—El coche de Teresa tuvo una limpieza interior dos días antes.
Andrés se acercó.
—¿Cómo lo sabes?
—Cargo en tarjeta. Lavado completo en Plasencia.
Mara entendió enseguida.
—Eso acota la antigüedad posible del material interior.
—Con cautela. Reduce la posibilidad de que llevara semanas allí, pero no demuestra que entrara el martes.
—¿Se volvió a limpiar después?
—No hasta el hallazgo.
Andrés señaló el informe.
—Entonces esos restos son recientes.
—Son posteriores a la limpieza —precisó Mara—. Eso es lo que podemos decir.
Noelia amplió los movimientos.
—Y en esos dos días, según la agenda y la documentación que tenemos, Teresa no aparece en ningún servicio situado en un acceso con firme parecido.
—Según lo documentado.
—Sí.
Mara añadió la información a la hoja de trabajo.
No era una nueva prueba decisiva, pero cerraba otra posible explicación. El caso estaba avanzando así: no mediante una pieza espectacular, sino reduciendo progresivamente las alternativas inocentes que podían explicar cada anomalía.
A última hora, Alicia Baeza pidió un resumen.
Mara se lo dio por teléfono.
—Tenemos material en el calzado de Teresa y en determinados puntos del coche compatible con la pista del molino y mal explicado por la Curva. No es una identificación exclusiva.
—¿Puedes decir que el coche estuvo en la pista?
—Puedo decir que estuvo antes en contacto con un terreno de esas características. La pista es, de momento, el lugar que mejor encaja con la dirección, los tiempos y las muestras.
—¿Y Teresa?
—Su calzado presenta el mismo tipo de compatibilidad.
—¿Conducía después?
—La distribución interior no apoya bien que hubiera pisado ese terreno y después conducido normalmente hasta la Curva.
—Y el forense ya consideraba muy difícil una conducción sostenida después de la lesión.
—Sí.
—Entonces la hipótesis de que otra persona movió el coche gana fuerza.
—Mucho, pero sigue siendo una integración de indicios, no una conclusión forense aislada.
Alicia guardó silencio un momento.
—¿Daniel está materialmente unido a la pista?
—Todavía no.
—Pero vas a preguntarle por ella.
—Sí.
—¿Como investigado y con su abogada?
—Claro.
—¿Qué le enseñarás?
Mara miró el informe.
—Lo necesario para que pueda responder. Quiero saber si ha utilizado esa pista en los días relevantes y, si es así, por qué.
—¿Antes de enseñarle toda la comparación?
—Sí. Si tiene una explicación legítima para haber estado allí, debe poder darla sin que le construyamos nosotros la respuesta.
—Sin trampas.
—Sin trampas.
—¿Y si niega haber estado?
—Tendremos una respuesta concreta que podremos contrastar.
—Todavía te faltará su vehículo.
—Sí.
—Bien.
La conversación terminó ahí.
La citación quedó preparada para el día siguiente.
Daniel ya tenía condición de investigado, de modo que la finalidad de la diligencia se comunicó como ampliación de declaración sobre sus desplazamientos y el uso de accesos rurales en fechas próximas a la muerte de Teresa. Su abogada recibió el aviso.
Noelia leyó el texto.
—No nombramos la pista en la citación.
—No hace falta. Mañana sí se la preguntaremos directamente.
—¿Cómo?
—Primero por su uso habitual de caminos y pistas por trabajo. Después concretamos el molino.
Andrés apoyó la espalda en la silla.
—¿Y si dice que entra en muchas?
—Que explique cuáles.
—¿Y si recuerda justo esa?
—Lo escucharemos.
—¿Y si la niega?
Mara miró la nota de Criminalística.
—También.
No necesitaban inducir una mentira. Necesitaban ofrecerle una oportunidad real de explicar su presencia allí, si había una explicación.
Antes de marcharse, Mara pasó por la sala donde guardaban las copias de trabajo y colocó una fotografía de la Curva junto a otra de la pista.
Dos terrenos distintos dentro de una misma secuencia posible.
La Curva había aparecido desde el principio porque allí encontraron el coche. La pista surgió después, al reconstruir qué había ocurrido antes de ese momento.
La primera explicaba la salida de vía.
La segunda empezaba a ofrecer una explicación para el tramo previo.
Entre ambos lugares estaba el vehículo de Teresa, que había tenido contacto con un terreno diferente al del punto donde apareció. Y Teresa llevaba en el calzado restos que la Curva tampoco explicaba bien.
Mara volvió a pensar en cómo la habían encontrado: sentada en el puesto de conducción, como si toda la historia hubiese empezado y terminado allí.
Los materiales complicaban esa apariencia.
Si Teresa había pisado un terreno como el de la pista y después hubiera conducido normalmente hasta la Curva, la distribución interior debía ser más coherente con ese movimiento. No había una ausencia absoluta de restos, pero sí una transferencia que no terminaba de encajar con esa secuencia.
Lo mismo ocurría con otras partes del caso. La hora inicial de Daniel, la ruta de Teresa y la lesión forense podían sostenerse de forma aislada durante un tiempo; al confrontarlas con la realidad física, empezaban a exigir explicaciones cada vez más difíciles.
Mara retiró la fotografía de la Curva y dejó delante la de la pista.
Al día siguiente, Daniel tendría ocasión de explicar si conocía aquel camino y si había estado allí durante los días relevantes.
Su respuesta no demostraría por sí sola qué ocurrió.
Pero por primera vez podrían contrastarla con algo que el terreno había dejado atrás.