La última ruta (Los casos de Mara Valdés 1) Capítulo 22
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Capítulo 22

Dos terrenos

Víctor Olmedo no llamó para decir que habían encontrado la pista del molino en el coche de Teresa. Fue bastante más prudente.

—Tenemos dos conjuntos de materiales que merece la pena que veáis.

Mara dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—¿De qué tipo?

—Tierra, fragmentos minerales y restos vegetales. Y antes de que preguntes: no, una muestra de barro no identifica por sí sola un lugar.

—No iba a pedirte eso.

—Claro.

La ironía no le molestó. Víctor llevaba suficientes años trabajando con investigadores como para saber qué esperaban oír cuando una comparación empezaba a encajar demasiado bien.

—¿Cuándo podemos verlo?

—Ahora, si podéis.

Andrés ya estaba poniéndose la chaqueta.

Noelia levantó la vista del ordenador.

—¿Voy?

Mara negó.

—Quédate con las facturas y los últimos movimientos de Daniel. Si esto aporta algo, te llamo.

—De acuerdo.

—Y todavía no preguntes por su furgoneta.

—No pensaba hacerlo.

Mara asintió.

El orden de las diligencias seguía importando. Primero tenían que saber qué materiales aparecían en Teresa y en su coche. Después decidirían qué preguntas concretas podían hacerle a Daniel.

Criminalística había dispuesto las muestras en una sala pequeña, sin nada que recordara a un laboratorio de ficción. Había bolsas etiquetadas, fotografías, fichas y dos bandejas con tierra seca y pequeños fragmentos minerales.

Víctor señaló la primera.

—Curva del Castañar.

Después indicó la segunda.

—Pista del molino.

A simple vista, las diferencias eran claras. La muestra de la Curva era más oscura y contenía mayor cantidad de materia orgánica y pequeños restos vegetales. La de la pista tenía un tono más rojizo y mostraba fragmentos finos de pizarra.

Mara mantuvo cierta distancia.

—¿Esas muestras representan bien ambos lugares?

—Los puntos que recogimos, sí. Pero ningún terreno es completamente uniforme y una comarca menos todavía. Por eso no hablamos de una firma exclusiva.

—¿Qué podéis afirmar entonces?

Víctor cogió una fotografía.

—Que determinados restos recuperados del coche y del calzado de Teresa son compatibles con el conjunto de la pista y no se explican bien por una estancia exclusiva en la Curva.

Andrés se inclinó hacia la imagen.

—¿Qué restos?

—Barro seco de tonalidad rojiza, partículas minerales laminares compatibles con pizarra y algunos restos vegetales adheridos.

—¿También en las ruedas?

—Sí, pero eso por sí solo me interesa menos.

Mara entendió enseguida el motivo. Un vehículo recorría caminos y podía acumular tierra de muchos lugares.

—¿Dónde aparece lo más interesante?

Víctor cambió de fotografía.

Mostró primero el borde inferior de una puerta, después un paso de rueda y una zona protegida de los bajos. Por último abrió una imagen de la suela de uno de los zapatos de Teresa.

Entre las ranuras había restos rojizos mezclados con pequeños fragmentos oscuros.

—¿Es el mismo material que el de la pista? —preguntó Mara.

Víctor negó.

—No usaría «el mismo». Puedo decir que es compatible en composición y aspecto con las muestras que tomamos allí. En los puntos muestreados de la Curva no aparece esa combinación.

—¿Podría proceder de otro lugar?

—Sí.

—¿De cualquier terreno?

—No. Tendría que reunir características similares.

Andrés dejó escapar el aire despacio.

Mara continuó con la cuestión que le interesaba.

—¿Hay alguna explicación documentada para que Teresa llevara ese material en el calzado por su trabajo?

—Eso tenéis que establecerlo vosotros.

—De momento, no la tenemos.

Víctor asintió.

—Entonces conviene buscar alternativas antes de atribuirle un origen concreto.

La ropa aportaba menos información.

Presentaba suciedad compatible tanto con manipulación posterior como con el episodio de la salida de vía, pero nada que permitiera relacionarla específicamente con la pista.

El calzado ofrecía más.

Y determinados puntos del coche también.

Mara pidió ver la distribución completa del material recuperado del vehículo. Víctor la llevó hasta una pantalla.

—Esto es lo que recogimos.

No había una línea clara de barro ni una marca que permitiera reconstruir un trayecto. Lo que aparecía eran pequeñas acumulaciones en zonas protegidas, partículas en el borde inferior de la carrocería, restos en el interior y material adherido a la goma de una alfombrilla.

—¿La del conductor? —preguntó Andrés.

Víctor amplió la imagen.

—Aquí empieza lo interesante.

La alfombrilla del puesto de conducción tenía suciedad, pero la concentración del material rojizo con fragmentos de pizarra era menor que la observada en el calzado de Teresa y en algunos puntos bajos del vehículo.

Mara estudió la pantalla.

—¿Cómo interpretáis esa distribución?

Víctor apoyó una mano en la mesa.

—Con cautela. No es la que esperaríamos de manera más natural si una persona con esas suelas hubiera subido al puesto de conducción y hubiera conducido inmediatamente después de pisar ese terreno.

—¿Porque debería haber más transferencia?

—En principio, sí. Sobre todo en la alfombrilla y en la zona de los pedales. Hay restos, pero no guardan proporción con la cantidad adherida al calzado.

—¿Dónde aparece más material dentro del coche?

Víctor pasó a otra imagen.

—En una zona lateral baja, próxima al acceso al habitáculo, y en puntos que pueden recibir transferencia por contacto o manipulación.

—¿Puedes deducir la posición de Teresa dentro del coche?

—No.

—¿Puedes afirmar que no conducía?

—Tampoco solo con esto. Lo que puedo decir es que la distribución no apoya especialmente una secuencia en la que Teresa pisa ese terreno, entra en el puesto de conducción y recorre después con normalidad el trayecto hasta la Curva.

Andrés miró a Mara.

Ella siguió observando las fotografías.

Era una limitación importante, pero útil. La prueba no necesitaba reconstruir cada gesto para reducir el número de explicaciones razonables.

—Si lo integramos con el informe forense... —empezó Andrés.

Víctor levantó un dedo.

—La integración es vuestra. Yo me quedo en los materiales.

Mara sonrió apenas.

—Nos vale.

Pidieron ver el coche.

Seguía bajo custodia y ya había pasado por varias fases de examen. Mara había visto fotografías, informes preliminares y el propio vehículo durante la primera inspección, pero ahora algunos detalles tenían un significado distinto.

Víctor señaló el borde inferior de la carrocería.

—Aquí apareció material compatible con el conjunto de la pista.

—¿Puede acumularse simplemente al circular? —preguntó Mara.

—Sí.

—Entonces no coloca el coche detenido allí.

—Por sí solo, no.

—¿Y el calzado?

—Sitúa a Teresa en contacto con un terreno de características compatibles. No necesariamente con esa pista en concreto.

—¿Qué podemos sostener al considerar ambas cosas juntas?

Víctor pensó antes de responder.

—Que Teresa y el vehículo estuvieron en contacto, en algún momento previo al hallazgo, con un terreno cuyas características no quedan bien explicadas por la Curva.

—¿Lo razonable es que ocurriera antes de llegar allí?

—Si aceptamos que el coche termina en la Curva y que las muestras de ese lugar no reproducen la combinación que hemos encontrado, sí. Pero no puedo excluir otros terrenos previos con características similares.

Andrés rodeó el coche.

—Así que el vehículo pasó por otro tipo de suelo antes de acabar en la Curva.

—Eso es consistente con los restos.

Mara volvió mentalmente a la cronología.

Teresa había salido de casa de Mateo en una dirección anómala. Podía alcanzar la pista del molino unos once minutos después. Daniel podía llegar desde Los Barreros dentro de una franja compatible.

Ahora, además, el coche y el calzado de Teresa mostraban restos coherentes con un terreno de ese tipo y mal explicados por el lugar donde apareció el vehículo.

La hipótesis ganaba peso.

Todavía necesitaba alternativas.

—Quiero saber qué otros terrenos comparables hay dentro de las rutas posibles —dijo.

Víctor se encogió de hombros.

—Eso ya es trabajo vuestro.

—Exactamente.

Volvieron a la base sin hablar demasiado.

Andrés conducía. Mara llevaba varias fotografías impresas sobre las rodillas y fue él quien rompió el silencio al entrar en Nuñomoral.

—Por fin tenemos algo físico.

—Tenemos materiales compatibles.

—En el coche y en los zapatos.

—Sí.

—Y la Curva no los explica bien.

—Eso es lo importante.

Andrés asintió.

Durante días habían trabajado con declaraciones, tiempos, rutas y contradicciones que podían atribuirse a mala memoria o a desplazamientos que todavía desconocían. La comparación añadía ahora un elemento material.

No era definitivo ni exclusivo, pero reducía las explicaciones posibles.

—También encaja con que la lesión fuera anterior a la salida de vía —dijo Andrés.

—Sí.

—Porque obliga a pensar en otro lugar anterior.

—Al menos en otro terreno previo.

—Y la pista es la mejor candidata.

Mara miró por la ventanilla.

—La mejor candidata que tenemos. Todavía quiero saber qué alternativas razonables existen.

Andrés sonrió.

—Eso ya me lo esperaba.

Noelia tenía tres mapas abiertos cuando llegaron.

—He repasado los trabajos de Teresa de esa semana y de las dos anteriores —dijo antes de que Mara se sentara—. No encuentro ninguna visita registrada a un lugar con características que explique de forma sencilla ese material.

—¿Has incluido desplazamientos no asistenciales?

—Reuniones, domicilios de compañeros, almacenes y sede. Sí.

—¿Resultado?

—Nada que destaque.

Mara dejó las fotografías sobre la mesa.

—Criminalística encuentra material compatible con la pista en el calzado y en varios puntos del coche. La Curva no reproduce bien esa combinación.

Noelia dejó de mover el ratón.

—¿Compatibilidad exclusiva?

—No.

—Bien.

Mara la miró.

—Eso te ha salido rápido.

—Me estás entrenando.

Andrés se sentó frente a ellas.

—La cuestión es cuántos terrenos parecidos tenemos entre la zona de Mateo y la Curva.

Noelia cambió de mapa.

—Eso es lo que estaba revisando. Hay zonas de pizarra y también suelos rojizos, pero al añadir dirección, accesos, espacio para detener dos coches y conexión razonable con la Curva, las opciones se reducen bastante.

—¿Cuántas quedan?