La última ruta (Los casos de Mara Valdés 1) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

El valor de aquel dato estaba en que Daniel aún no sabía cuánto podían precisar ellos el final del trabajo. No hacía falta buscar una contradicción espectacular. Bastaba con comprobar si la versión que él había elegido resistía cuando se colocara junto a un registro objetivo.

Daniel volvió cinco minutos después.

Mara dejó fuera de la mesa el registro de Los Barreros y colocó únicamente la copia del repostaje.

—La estación confirma un pago con tu tarjeta profesional a las siete y seis.

Daniel miró el papel.

—Sí.

No pareció sorprendido.

—¿Eras tú?

—Sí.

—¿Seguro?

—Sí.

—¿Podía utilizar esa tarjeta otra persona?

—No debería.

—¿La llevabas contigo?

—Sí.

—Entonces tenemos un punto objetivo a las diecinueve cero seis.

Daniel asintió.

Por primera vez, su relato parecía ofrecerle un apoyo sólido.

Si había salido de Los Barreros hacia las cinco cuarenta y cinco y había repostado a las siete y seis en una estación situada en el eje principal, el margen podía parecer reducido. Más aún si, como afirmaba, había pasado por el taller.

Mara dejó que él también hiciera esa lectura.

—Eso demuestra que estaba donde digo —dijo Daniel.

—Demuestra que a las siete y seis pagaste combustible en esa estación.

—Pues eso.

—Es un dato más concreto.

Daniel sonrió sin humor.

—Nunca es suficiente.

—No hasta que encaja con el resto.

Andrés intervino.

—¿Entre Los Barreros y la estación fuiste al taller?

—Sí.

—¿Antes de repostar?

Daniel dudó.

—Creo que sí.

Mara percibió el primer desajuste interno de la versión.

—Antes dijiste que cogiste la carretera principal y que no recordabas si habías parado. Después situaste el taller antes del repostaje.

—Estoy intentando reconstruirlo de memoria.

—Entonces hazlo sin rellenar los huecos.

Daniel apretó los labios.

—Salí de Los Barreros. Fui hacia el taller. Puede que dejara material antes de repostar o después. No lo recuerdo. Pero no fui a ver a Teresa.

—¿Pasaste por algún camino secundario?

—No.

—¿Te desviaste de la carretera principal?

—No que recuerde.

—¿Estuviste en la zona de la Curva del Castañar?

—No.

La respuesta llegó firme.

Mara no insistió. La Curva seguía siendo el escenario final del coche, no necesariamente el lugar donde Teresa había sufrido la lesión.

—¿Por qué crees que Teresa no volvió a escribirte? —preguntó.

Daniel la miró.

—No lo sé.

—¿Cuándo te enteraste de su muerte?

—El miércoles por la mañana.

—¿Quién te lo dijo?

—Un cliente.

—¿Pensaste entonces en los mensajes del martes?

Esta vez tardó.

—Sí.

—¿Y no llamaste a la asociación ni a la Guardia Civil para decir que habíais estado hablando?

Daniel se irguió.

—En ese momento se decía que había sido un accidente.

—Aun así habíais acordado hablar.

—Tengo contacto con mucha gente.

Era una explicación posible, aunque no especialmente cómoda.

La entrevista duró otra media hora.

Daniel aportó nombres de clientes, justificantes y detalles de trabajos anteriores. No incurrió en ninguna contradicción espectacular y tampoco hacía falta que lo hiciera.

Al terminar, Mara recogió los documentos.

—Volveremos a hablar contigo.

Daniel se puso la cazadora.

—Me lo imaginaba.

—No borres mensajes ni documentación relacionada con Teresa, con la asociación o con los trabajos que estamos revisando.

—No pensaba hacerlo.

—Y si recuerdas algo más de tu recorrido del martes, nos llamas.

Daniel tomó la carpeta que había traído.

—Ya os he dicho lo que hice.

—Nos has contado lo que recuerdas.

Él no respondió.

Cuando se marchó, Andrés esperó a oír cerrarse la puerta del pasillo.

—Tiene una tarde bastante buena.

Noelia entró de nuevo.

—Muy buena si aceptamos que salió a las cinco cuarenta y cinco.

Mara miró el ticket del repostaje.

19:06.

Después miró el registro de Los Barreros, todavía boca abajo.

—Eso es lo que tenemos que comprobar.

Por la tarde fueron a Los Barreros.

No para repetir la entrevista con Daniel, sino para entender con precisión qué significaba el punto desde el que había construido su versión.

La nave estaba en una zona de pequeñas instalaciones y almacenes, sin nada que la hiciera especial. El responsable los recibió en la entrada lateral y los llevó hasta el espacio donde Daniel había trabajado.

—Estuvo aquí casi toda la tarde —dijo.

—Eso ya nos lo contaste —respondió Mara—. Necesito saber qué recuerdas del final.

El hombre pensó.

—Recogió. Me enseñó que ya funcionaba. Firmamos lo que había que firmar.

—¿Miraste la hora?

—No.

—¿Se fue enseguida?

—Supongo.

—¿Lo viste salir?

—Lo vi recoger la furgoneta.

—¿Hablasteis?

—Un par de minutos.

Mara señaló el sistema de gestión que utilizaban para cerrar intervenciones.

—¿El cierre lo hizo él?

—Sí. Con su usuario.

—¿Suele hacerse al terminar?

—Normalmente.

—¿Puede hacerse después?

—Sí.

—¿Y antes de marcharse?

—También. Si el trabajo ya está terminado y solo queda recoger.

Ese límite era importante.

El registro no era una cámara ni fijaba el momento exacto en que Daniel abandonó Los Barreros. Servía para acreditar que la intervención estaba cerrada a una hora concreta.

Nada más.

Y nada menos.

Al salir, Andrés miró hacia la carretera.

—Desde aquí hasta la estación no hay tanto.

—No.

—Y si de verdad salió a las cinco cuarenta y cinco, el ticket de las siete y seis le deja margen de sobra para una tarde normal.

—Sí.

—Entonces necesitamos saber cuánto antes pudo salir realmente.

Mara abrió la puerta del coche.

—Exacto.

De regreso, Noelia había dejado impresa la hoja que necesitaban.

En la parte superior aparecía el identificador de la intervención de Los Barreros.

Debajo, el usuario de Daniel.

Y una hora.

17:18.

Mara la leyó sin tocarla.

La diferencia con las cinco cuarenta y cinco no parecía enorme en una tarde cualquiera.

Veintisiete minutos.

En aquella investigación podían importar mucho.

Noelia señaló la línea.

—El responsable dice que después recogió herramientas y habló un momento con él.

—¿Cuánto?

—No puede fijarlo.

—Entonces no digamos que salió a las cinco y dieciocho.

—No.

Andrés se acercó.

—Pero el trabajo ya estaba cerrado a esa hora.

—Eso sí.

Mara volvió a mirar el documento.

Tenían que separar dos cosas: el cierre objetivo de la intervención y el momento exacto de salida, que seguía abierto. Aun así, la versión de las cinco cuarenta y cinco acababa de perder solidez.

Noelia guardó el ticket de las 19:06 junto al registro de las 17:18.

Dos datos objetivos delimitaban la tarde.

Entre ambos quedaba un tramo que Daniel había contado de memoria y que ahora tendrían que reconstruir sobre carreteras reales.

Mara cerró la carpeta.

Por primera vez desde que Daniel había entrado en la investigación, las facturas dejaron de ocupar el centro de su atención.

Ahora lo importante era saber qué había hecho entre Los Barreros y la estación de servicio.