Capítulo 13
El nombre de Daniel
El martes por la mañana, Daniel Paredes dejó de ser un nombre repetido en facturas.
Noelia lo encontró en una conversación breve.
—Venid un momento.
Mara levantó la vista de una hoja de servicios. Andrés estaba junto a la ventana, hablando por teléfono con la UOPJ, y terminó la llamada en cuanto vio la expresión de Noelia.
—¿Qué tienes? —preguntó Mara.
Noelia giró el portátil.
La extracción autorizada de los contactos de Teresa había empezado a devolver material útil: llamadas, mensajes y comunicaciones relacionadas con su trabajo. La mayor parte eran cambios de visita, avisos de usuarios, consultas de auxiliares y conversaciones con proveedores.
Entre ellas aparecía Daniel.
Noelia señaló una secuencia del martes.
A media mañana, Teresa le había escrito para decirle que necesitaba hablar con él de varias facturas y hojas de intervención. Daniel había respondido poco después.
«Estoy en Los Barreros por la tarde.»
Teresa contestó:
«Cuando termines, avísame. Son cinco minutos.»
La respuesta de Daniel llegó después:
«Vale. Hablamos luego.»
Mara leyó los mensajes otra vez.
—¿Hay más?
—Sí. Lo importante viene después.
Noelia abrió la siguiente línea.
Daniel: «Estoy acabando.»
Teresa: «Bien. Estoy cerca.»
No había nada más.
Andrés se acercó.
—Eso ya parece algo más que una conversación pendiente.
—Parece que habían acordado hablar después del trabajo de Los Barreros —dijo Mara—. Todavía no sabemos si llegaron a verse.
Andrés señaló la pantalla.
—Ella dice que está cerca.
—Sí.
—Y él estaba terminando.
—También.
Mara volvió a las horas de los mensajes.
Por primera vez tenían un vínculo directo entre la revisión de las facturas y la tarde del crimen que no dependía de la memoria de un testigo. Teresa quería hablar con Daniel, él lo sabía y ambos habían dejado esa conversación para cuando terminara el trabajo.
Eso bastaba para avanzar.
—Quiero todo lo relacionado con Los Barreros —dijo Mara—. Parte, cliente, hora aproximada de inicio y final, cualquier registro que exista. Pero sin convertirlo todavía en una coartada.
Noelia asintió.
—Ya lo he pedido.
—Y todos los contactos entre ellos de las dos semanas anteriores.
—Estoy con eso.
Andrés miró de nuevo los mensajes.
—Ya tenemos un motivo para sentarlo delante.
—Tenemos motivos para preguntarle por las facturas y por esta conversación.
—Eso quería decir.
Mara cerró la carpeta.
No era exactamente lo mismo, y los tres lo sabían.
La conversación anterior entre Teresa y Daniel ocupaba menos espacio del que Mara esperaba.
No había insultos, amenazas ni una escalada evidente.
Había trabajo.
En un mensaje, Teresa preguntaba por una intervención que figuraba en una fecha distinta a la que recordaba la familia de un usuario.
Daniel respondía que revisaría la hoja. En otro intercambio, ella le pedía que aclarase dos desplazamientos cargados el mismo día y Daniel contestaba que había tenido que volver a por material.
—Eso puede ser cierto —dijo Andrés.
—Puede.
Noelia abrió otra conversación.
Teresa: «No me salen los tiempos.»
Daniel: «Porque ahí no están todos los recados.»
Teresa: «Necesito que estén documentados.»
Daniel: «Te lo explico cuando nos veamos.»
El mensaje tenía cuatro días.
Noelia apoyó un dedo junto a la línea.
—Y no consta que se vieran antes del martes.
—¿Llamadas?
—Varias de trabajo. Ninguna especialmente larga.
Mara volvió a leer la frase.
«Te lo explico cuando nos veamos.»
Podía ser una respuesta normal de un proveedor al que estaban revisando facturas. También podía reflejar un desacuerdo que llevaba varios días creciendo. Lo que ya no podían sostener era que Daniel ignorase por completo la revisión.
—¿Teresa le dijo que iba a bloquear pagos? —preguntó Andrés.
Noelia buscó.
—No con esas palabras.
—Lucía sí dijo que había una factura retenida.
—Y que Teresa había pedido documentación de meses anteriores —añadió Mara—. Pero una cosa es lo que ella estaba haciendo y otra lo que Daniel sabía.
Noelia sacó una hoja impresa.
—Hay esto del lunes.
Teresa había escrito:
«Hasta que no revisemos los desplazamientos, no puedo dar conformidad a las pendientes.»
Daniel respondió:
«No hay nada raro. Son rutas de trabajo.»
Teresa:
«Entonces será fácil aclararlo.»
Después, silencio.
Andrés soltó el aire lentamente.
—No parece muy contento.
—Tampoco está amenazando a nadie.
—Ya.
Mara siguió mirando la conversación.
Era fácil interpretar cualquier frase a la luz de una sospecha que empezaba a tomar forma. Precisamente por eso necesitaban mantener el orden: primero los mensajes, después los hechos y solo al final las conclusiones.
Lo que tenían era una relación profesional tensa, una revisión económica y una conversación pendiente para aquella tarde.
Nada más.
Y, por el momento, era suficiente.
Los Barreros quedaba al otro lado de un tramo de carretera que Mara ya había recorrido varias veces durante la semana.
Antes de volver allí, hablaron con el responsable del trabajo.
El hombre atendió la llamada desde una pequeña nave. Confirmó que Daniel había estado el martes instalando y ajustando varios elementos en un local en reforma.
—Llevaba buena parte de la tarde —dijo—. Terminó tarde.
Mara evitó sugerirle una hora.
—¿Qué significa tarde?
—Cerca de las seis, diría.
—¿Miró el reloj?
—No.
—¿Recuerda algo que pueda ayudarnos a situarlo mejor?
El hombre pensó.
—Yo estaba cerrando unas cosas. Él recogió las herramientas y se fue.
—¿Solo?
—Sí.
—¿En su vehículo?
—Sí.
—¿Le dijo adónde iba?
—No.
—¿Recibió alguna llamada o mensaje delante de usted?
—Miró el móvil varias veces. Pero eso lo hace todo el mundo.
Mara aceptó la respuesta.
—¿Había terminado el trabajo cuando se marchó?
—Sí.
—¿Quedó algún registro? Parte, aplicación, firma, correo...
—Supongo que sí. Nosotros usamos una aplicación para cerrar las intervenciones, pero eso lo gestiona mi socio.
Mara miró a Noelia, que ya estaba tomando nota.
—Necesitaremos ese registro.
—Claro.
—Y no intente reconstruir la hora de memoria. Si existe un dato objetivo, nos sirve más.
El hombre se rio.
—Mejor, porque yo con las horas soy un desastre.
Cuando terminó la llamada, Andrés se apoyó en la mesa.
—Cerca de las seis.
Mara lo miró.
—Eso es lo que recuerda.
—Ya.
—Primero el registro. Después veremos qué significa.
Noelia cerró la libreta.
—Si la salida real fue bastante antes o después, cambia mucho el margen.
—Por eso no calculamos todavía.
Aún desconocían el lugar exacto donde Teresa había sufrido la lesión. Mientras ese punto siguiera abierto, Los Barreros tenía que tratarse como un anclaje pendiente de precisar, no como la pieza que resolvía por sí sola la oportunidad.
A media mañana, Lucía Fernández volvió con una carpeta que Teresa había pedido preparar antes de morir.
—Me la dejé ayer en otro archivador.
Dentro había copias de facturas correspondientes a tres meses distintos. Algunas llevaban marcas de Teresa; otras, no.
Noelia las ordenó sobre la mesa.
Daniel aparecía con frecuencia, pero no era el único nombre.
Mara lo prefirió así.
Si todo el material hubiese señalado desde el principio a una sola persona, resultaría demasiado fácil interpretar cada anomalía en función de ella.
Teresa, en cambio, había empezado revisando servicios externos de forma general.
Algunas irregularidades de otros proveedores ya tenían explicación. Las de Daniel se acumulaban.
Lucía señaló una factura.
—Esta fue la que más discutieron.
—¿Discutieron delante de ti? —preguntó Mara.
—No exactamente. Teresa habló con él por teléfono desde mi mesa porque quería tener la factura delante.
—¿Cuándo?
—La semana pasada.
—¿Recuerdas qué se dijeron?
Lucía se tomó unos segundos.
—Teresa le preguntó cómo podía haber facturado dos desplazamientos si las dos casas estaban casi en la misma ruta. Daniel dijo que había vuelto a por material. Ella le preguntó dónde. Él le dio una explicación y Teresa le dijo que no le cuadraba.
—¿Daniel se enfadó?
—Se notaba que estaba molesto.
—¿La amenazó?
—No.
—¿Y Teresa?
Lucía negó.
—Teresa no amenazaba. Te decía lo que iba a hacer y ya está.
Mara miró la factura.
—¿Qué dijo que iba a hacer?
—Revisar las anteriores antes de validar más.
—¿Daniel lo oyó?
—Sí.
Aquello reforzaba un posible motivo, pero seguía teniendo límites claros. Una discusión por facturas podía causar enfado, preocupación por perder un cliente o miedo a que una revisión se ampliase. No explicaba por sí sola una agresión.
—¿El martes Teresa te dijo algo más sobre hablar con Daniel? —preguntó Mara.
—Solo lo que ya os conté. Que quería que le explicara aquello antes de elevarlo.
—¿Elevarlo a quién?
—A la dirección de la asociación y, si no se aclaraba, supongo que a quien correspondiera. No concretó.
—¿Te pareció preocupada?
Lucía pensó.
—No. Enfadada, quizá. Pero no asustada.
Mara retuvo la respuesta.
Si Teresa había ido a reunirse con Daniel, todo indicaba que esperaba una conversación de trabajo, no una situación peligrosa.
La primera llamada a Daniel la hizo la UOPJ territorial en coordinación con Mara.
No lo citaron como investigado. Querían hablar con él de su relación profesional con Teresa, de las facturas que ella estaba revisando y de sus movimientos del martes. Cualquier cambio en la naturaleza de la diligencia exigiría las garantías correspondientes.
Daniel respondió con normalidad.
Dijo que podía acudir a la mañana siguiente.
—Tengo trabajo fuera esta tarde —explicó—. Pero mañana no hay problema.
El agente territorial le preguntó si recordaba haber hablado con Teresa el martes.
Hubo una pausa breve.
—Sí. Teníamos que comentar unas facturas.
—¿Llegaron a verse?
La segunda pausa fue algo mayor.
—Creo que no. Al final se hizo tarde.
Mara levantó la vista.
El agente no reaccionó.
—Mañana lo vemos con calma.
—Vale.
La llamada terminó.
Andrés fue el primero en hablar.
—«Creo que no».
—Eso ha dicho.
—Y tenemos mensajes de que iban a hablar.
—También.
Noelia miró la pantalla.
—Puede que de verdad no recuerde si llegaron a verse.
Andrés la miró.
—Noelia.
—He dicho que puede.
Mara asintió.
—Y mañana se lo preguntaremos con la conversación completa delante.
No necesitaban convertir una vacilación telefónica en una mentira antes de tiempo. Daniel podía explicar que habían intercambiado mensajes y que finalmente no se encontraron, o que hablaron de otra forma. La entrevista tendría valor si su versión podía contrastarse con datos.
—Quiero el registro de Los Barreros antes de verlo —dijo Mara.
Noelia asintió.
—He insistido ya.
—Y la secuencia completa de mensajes impresa. No solo los cuatro que nos interesan.
—La preparo.
Andrés se levantó.
—¿Algo más?
Mara miró las facturas.
—Sí. Quiero saber qué podía perder Daniel si Teresa seguía revisando.
La respuesta no era una cifra única.
Noelia pasó buena parte de la tarde con Lucía y la documentación de meses anteriores. Separaron lo confirmado de lo dudoso. Algunas diferencias eran pequeñas. Otras podían deberse a errores. Varias seguían sin explicación.
Daniel no tenía delante una sola factura problemática.
Teresa estaba ampliando la revisión hacia meses anteriores.
Si dejaba de dar conformidad a nuevas facturas y empezaba a cuestionar pagos ya realizados, Daniel podía perder trabajo con la asociación, verse obligado a devolver cantidades y afrontar consecuencias mayores si las irregularidades resultaban deliberadas.
—No sabemos cuánto —dijo Mara.
—Todavía no.
—Entonces no pongamos una cifra.
Andrés hojeó las copias.
—Pero sí sabemos que no era solo el pago de este mes.
—Eso sí.
Noelia sacó otra hoja.
—Teresa pidió específicamente facturas antiguas en las que Daniel había trabajado en zonas bastante dispersas. Parece que quería comprobar si se repetía la misma forma de justificar los desplazamientos.
Mara leyó los números.
—¿Sabemos si él conocía esa parte?
—No.
—Entonces, de momento, él sabía que tenía facturas pendientes y que Teresa estaba revisando anteriores. No más.
Noelia asintió.
El posible motivo debía construirse con aquello que Daniel conocía en ese momento, no con lo que ellos fueran descubriendo después.
El registro de Los Barreros llegó a última hora.
Noelia recibió un correo, abrió el archivo y se quedó mirando la pantalla.
—Ya está.
Mara se acercó.
Era un extracto sencillo de una aplicación de trabajo: identificador de intervención, dirección, técnico asignado y estado.
Había una hora asociada al cierre.
Andrés se levantó de su silla.
—¿A qué hora?
Mara no respondió de inmediato.
El dato era objetivo, pero todavía tenían que saber qué significaba exactamente «cerrar» una intervención dentro de ese sistema. Podía coincidir con el final real del trabajo o ser una acción administrativa realizada unos minutos antes o después.
—Primero averiguamos cómo funciona.
Andrés se acercó.
—Pero hay una hora.
—Hay un registro. Primero entendemos qué registra.
Noelia ya estaba buscando el contacto del responsable.
La llamada aclaró parte de la cuestión.
El cierre se realizaba normalmente al finalizar la intervención desde el teléfono del técnico o del responsable y dejaba constancia de que el trabajo se daba por terminado. No era una geolocalización continua ni permitía saber el segundo exacto en que alguien abandonaba físicamente el lugar.
—¿Quién cerró esta intervención? —preguntó Noelia.
—Daniel —respondió el responsable.
Mara volvió a la pantalla.
La hora era anterior a la estimación vaga que el hombre había ofrecido esa mañana y, por tanto, mucho más útil.
Aun así, no fijaba todavía el momento exacto de salida.
—Guardamos el dato —dijo Mara.
Andrés entendió.
—Y mañana dejamos que él nos cuente su versión.
—Mañana le preguntamos a qué hora terminó y se marchó.
—Sin darle antes el registro.
—Exacto.
Noelia imprimió el documento y lo añadió a la carpeta.
Mara volvió a mirar los mensajes de Teresa.
«Cuando termines, avísame. Son cinco minutos.»
«Estoy acabando.»
«Bien. Estoy cerca.»
Ya no tenían únicamente una revisión de facturas. Tenían una conversación acordada después del trabajo de Los Barreros y a Daniel diciendo por teléfono que creía que finalmente no habían llegado a verse.
Al día siguiente tendría la oportunidad de explicar los documentos, los mensajes y su recorrido.
La diferencia respecto a las líneas anteriores era importante. Daniel no había entrado en la investigación por una amenaza recordada días después ni por un secreto descubierto al revisar su vida privada.
Había aparecido en el trabajo que Teresa estaba haciendo justo antes de morir.