La última ruta (Los casos de Mara Valdés 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Álvaro

Álvaro Cordero no negó la amenaza.

—La dije.

Mara había esperado una explicación más larga, pero no llegó.

Estaban en el pequeño almacén de su empresa de instalaciones, a las afueras de Caminomorisco. Había cajas de material eléctrico, herramientas ordenadas en estanterías metálicas y dos escaleras apoyadas contra una pared. Una furgoneta blanca ocupaba buena parte del patio exterior.

Álvaro había aceptado hablar con ellos antes de salir a terminar un trabajo. Vestía pantalón de faena y una sudadera con el nombre de la empresa bordado en el pecho.

Andrés abrió la libreta.

—La frase fue: «Como sigas metiéndote donde no te llaman, vamos a acabar mal».

—Más o menos.

—Una auxiliar dice que fue exactamente esa.

Álvaro se encogió de hombros.

—Pues sería esa.

Mara observó la facilidad con que asumía lo que, sobre el papel, resultaba más comprometedor. No parecía indiferencia, sino cansancio.

—¿Por qué se lo dijiste a Teresa?

—Porque llevaba semanas diciéndome cómo tenía que cuidar a mi madre.

—Era la coordinadora del servicio que atendía a tu madre.

—Una cosa es organizar a las auxiliares y otra decirme que mi madre no puede estar sola.

—¿Puede estarlo?

Álvaro levantó la vista.

—Tiene setenta y ocho años. Camina despacio, oye regular y alguna vez se deja el fuego puesto si se despista. Pero no está incapacitada.

—No he dicho que lo esté.

—Teresa hablaba como si lo estuviera.

Mara dejó que continuara.

—¿Qué proponía exactamente?

—Más horas. Que alguien pasara también a última hora de la tarde. Que valoráramos otras ayudas. Todo eso cuesta dinero y tiempo.

—¿Te preocupaba el dinero?

—Claro.

—¿Más que dejarla sola?

El gesto de Álvaro cambió.

—No me hagas eso.

—¿El qué?

—Convertir una cosa en la otra.

Mara sostuvo su mirada.

—Estoy intentando entender por qué discutisteis.

Álvaro apoyó ambas manos en la mesa de trabajo.

—Tengo una empresa pequeña. Si un cliente llama porque se le ha ido la luz, no puedo decirle que espere a que venga alguien a sentarse con mi madre. Tengo un trabajador y medio, contando al chico que viene algunos días. Mi hermana vive en Salamanca. Yo hago lo que puedo.

No sonaba a una excusa ensayada, sino a una discusión que llevaba demasiado tiempo repitiéndose.

—¿Teresa conocía esa situación?

—Perfectamente. Por eso me enfadaba más. Parecía que todo se resolvía añadiendo horas a un papel.

Andrés intervino.

—¿Y por eso la amenazaste?

Álvaro lo miró.

—Le solté una barbaridad en un calentón. No fui a buscarla después ni le puse una mano encima.

—¿Te disculpaste?

—No.

—¿Volvisteis a hablar?

—Sí.

—¿Cuándo?

—El viernes anterior.

Mara consultó la fecha.

—¿Con más calma?

—No mucha.

—¿Y el martes?

—No hablé con ella.

La rapidez de la respuesta no bastaba para darle valor.

—¿Seguro?

—Seguro.

Mara pasó a sus movimientos.

—Dijiste que el martes trabajaste fuera de la zona.

—Sí.

—¿Dónde?

Álvaro dio el nombre de una localidad al sur de la comarca. Había instalado parte de un cuadro eléctrico en un pequeño establecimiento y revisado después una avería en otra vivienda.

—¿A qué hora terminaste?

—Sobre las cinco.

—¿Sobre las cinco cuánto?

—Cinco, cinco y cuarto. No miré el reloj al cerrar la caja de herramientas.

—¿Y regresaste directamente?

Álvaro tardó un segundo.

—Sí.

—¿Por qué ruta?

Describió la carretera principal, un tramo compartido con el acceso hacia Las Hurdes y después el desvío que lo llevaba hasta la zona donde vivía su madre.

Andrés abrió el mapa.

—Enséñanoslo.

Álvaro marcó el recorrido con el dedo.

La ruta no lo acercaba de forma natural a la Curva del Castañar, aunque tampoco hacía físicamente imposible un desvío. Para convertir esa posibilidad en una oportunidad real, sin embargo, había que añadir trayectos que él negaba haber hecho.

—¿Paraste en algún sitio? —preguntó Mara.

—A tomar café.

—¿Dónde?

—En una gasolinera de la carretera.

—¿Pagaste con tarjeta?

—Creo que sí.

—Lo comprobaremos.

Álvaro asintió.

—Comprobad lo que queráis.

—¿Después?

—Fui a casa de mi madre.

—¿A qué hora llegaste?

—No lo sé. Antes de las seis y media.

—¿Quién puede confirmarlo?

—Ella.

—¿Alguien más?

—La auxiliar ya se había ido.

—¿Algún vecino?

—Puede que me vieran entrar. No sé.

La secuencia seguía teniendo huecos, aunque no tantos como para convertirlos automáticamente en oportunidad.

Mara cerró el mapa.

—Hay otra cosa.

Álvaro la miró.

—Siempre hay otra cosa.

—Teresa había hablado de dinero de tu madre.

El cambio fue pequeño, pero visible.

—¿Quién te ha dicho eso?

—Necesito que me expliques cómo gestionáis sus gastos.

—Eso no tiene nada que ver con su muerte.

—Puede que no. Pero forma parte del conflicto que tenías con ella.

—No tenéis derecho a registrar media vida de mi madre.

Mara no discutió la formulación.

—Estamos investigando una muerte violenta y sabemos que discutisteis. Si el dinero estaba detrás de esas discusiones, necesitamos entenderlo.

Álvaro se apartó de la mesa y caminó hasta una de las estanterías. No cogió nada. Parecía necesitar simplemente unos segundos lejos de ellos.

—Uso su tarjeta.

—¿Con su permiso?

—Sí.

—¿Para qué?

—Compra, farmacia, recibos, cosas de la casa.

—¿Y para gastos tuyos?

El silencio respondió antes que él.

—A veces.

Andrés levantó la vista.

—¿Qué tipo de gastos?

—Gasolina. Alguna compra. Cosas que también son para ella.

—¿También?

Álvaro apretó la mandíbula.

—Si voy cuatro veces a la semana a su casa, alguien paga la gasolina. Si compro comida para los dos porque luego ceno allí, sale de su cuenta. No estoy vaciándole los ahorros.

Mara evitó convertir aquello en un juicio moral.

—¿Teresa lo sabía?

—Había visto movimientos.

—¿Cómo?

—Mi madre le enseñó un extracto porque no entendía un cargo. Teresa empezó a preguntar.

—¿Te acusó de robarle?

—No con esas palabras.

—¿Qué dijo?

Álvaro sonrió sin humor.

—«Hay gastos que tu madre no sabe explicar».

—¿Y tú qué respondiste?

—Que no era asunto suyo.

—¿Tu madre sabe que pagas gasolina con su tarjeta?

—Sí.

—¿Y compras que son para ti?

—Depende de lo que llames mías.

Mara dejó que el silencio durara unos segundos.

—Eso es lo que temías que saliera cuando Teresa empezó a revisar la situación.

Álvaro se pasó una mano por la nuca.

—Sí.

La admisión permitía entender mejor la amenaza. Álvaro tenía motivos para sentirse expuesto y para temer que Teresa convirtiera un problema familiar en algo más serio. Seguía sin colocarlo, sin embargo, junto a ella el martes por la tarde.

—¿Pensabas que podía denunciarte?

—Pensaba que podía montar un problema donde ya teníamos bastantes.

—¿Te dijo que iba a hacerlo?

—No.

—¿Te dijo que hablaría con servicios sociales?

—Dijo que quería asegurarse de que mi madre entendía qué gastos salían de su cuenta.

—Eso es distinto.

—Ya.

Mara cerró la carpeta.

—Necesitaremos comprobar tus movimientos y hablar con tu madre sobre el uso de la tarjeta.

El gesto de Álvaro se endureció.

—No la asustéis.

—No tenemos ningún interés en hacerlo.

—Ella no cree que yo le robe.

—Tampoco vamos a decirle que nosotros lo creemos.

La primera comprobación llegó antes de que abandonaran el almacén.

Noelia llamó a Mara.

—Tengo la factura del trabajo principal de Álvaro. El cliente confirma que estuvo allí hasta después de las cuatro y media. Hay una llamada desde el fijo del local a un proveedor a las cuatro y cincuenta y dos en la que participó él.

Mara miró a Andrés y activó el altavoz.

—¿Hasta cuándo podemos situarlo allí con seguridad?

—Hasta esa llamada. Después hay una factura de material emitida a las cinco y seis en una tienda cercana, pagada con su tarjeta profesional.

Álvaro, al otro lado de la mesa, dejó escapar aire.

—Os dije que estaba trabajando.

Mara siguió hablando con Noelia.

—¿La gasolinera?

—Estoy esperando. También hay una llamada desde su móvil a un cliente a las cinco y treinta y ocho. La antena no sirve para colocarlo en un punto concreto, pero el cliente recuerda que Álvaro le dijo que seguía de regreso y que no podría atenderlo hasta el lunes.

—¿Puedes comprobar el pago del café?

—Estoy con ello.

Mara colgó.

La franja disponible empezaba a estrecharse.

Eso no eliminaba por completo la posibilidad de un desvío.

Una persona podía apartarse de una ruta, conducir más deprisa de lo habitual o mentir sobre una parada.

Pero cuanto más había que deformar un recorrido respaldado por hechos para acercarlo al crimen, menos convincente se volvía la hipótesis.

Andrés regresó al mapa.

—Desde la tienda de material a las cinco y seis hasta la zona de Teresa...

Álvaro lo interrumpió.

—No fui.

—Estamos calculando.

—Pues calcula también que tenía que volver después.

—Eso estamos haciendo —dijo Mara.

Andrés trazó una posible ruta.

—Para acercarse a la Curva tendría que desviarse bastante.

Mara señaló el límite de ese razonamiento.

—Y aún no sabemos dónde sufrió Teresa la lesión.

Ese era el punto que debían mantener presente. No podían descartar a Álvaro porque no encajara con la Curva del Castañar cuando el escenario previo seguía sin identificar. Lo que sí podían hacer era comprobar cuánto habría que alterar su recorrido conocido para darle cabida en la secuencia.

Amalia Cordero vivía en una casa de una sola planta, con un pequeño patio delantero y una rampa metálica añadida junto a dos escalones.

Abrió la puerta sin bastón, aunque había uno apoyado junto al perchero.

—Mi hijo me ha llamado.

—Imaginaba que lo haría —dijo Mara.

—Está enfadado.

—Eso también lo imaginaba.

Amalia los hizo pasar.

La vivienda olía a café recién hecho. Una televisión encendida sin sonido ocupaba un rincón del salón y una cesta con ropa doblada descansaba sobre una silla.

Mara prefirió empezar por el horario.

—Queremos comprobar cuándo llegó Álvaro el martes.

Amalia pensó.

—A media tarde.

—¿Puede precisarlo por algo que ocurriera antes o después?

—Llegó después de que se fuera Maribel.

—¿Quién es Maribel?

—La chica que viene a ayudarme.

Andrés consultó sus notas.

—Maribel terminó a las cinco y media.

—Pues Álvaro llegó después.

—¿Mucho después?

—No.

Mara sonrió levemente.

—No hace falta que busque una hora si no la recuerda.