La última ruta (Los casos de Mara Valdés 1) Capítulo 6 #2
13%

Capítulo 6 #2

Mara no intentó extraer de aquella vacilación más de lo que podía significar. Elena podía estar ocultando algo o, sencillamente, tratando de recuperar conversaciones que, antes de la muerte de su hermana, no habían tenido ninguna razón para quedarse grabadas con precisión.

—¿Y Sonia?

—Sonia discutía con Teresa por los horarios. Como todo el mundo.

—¿Y tú?

Elena soltó el aire por la nariz.

—Yo discutía con ella porque era mi hermana.

Aquella respuesta, al menos, sonó espontánea.

La carpeta familiar apareció una hora después.

Elena aceptó entregarla tras hablar con el investigador territorial y el traslado quedó documentado.

No contenía nada que explicara el desvío de Teresa ni su muerte, pero confirmaba que las hermanas habían discutido por decisiones económicas antiguas y por la tendencia de Teresa a intervenir en asuntos que Elena consideraba cerrados.

El contenido permitía entender por qué Elena había querido retirarla. No bastaba, sin embargo, para dejar de comprobar sus movimientos.

Noelia llegó cuando estaban terminando.

Traía las copias de las rutas y una expresión distinta a la de las mañanas anteriores. No parecía excitada, sino concentrada en algo que todavía no terminaba de encajar.

—He cruzado dos semanas de cambios de ruta —dijo—. Teresa dejaba rastro cuando modificaba una visita. Eso ya lo sabíamos. Pero he encontrado otra cosa.

Colocó una hoja junto al cuaderno hallado en el despacho.

—Estas anotaciones de kilómetros coinciden con días en los que aparecen servicios de mantenimiento y pequeñas adaptaciones.

Mara leyó los nombres.

Había varios. Rubén figuraba en algunos registros de logística. Daniel Paredes aparecía en otros. También había dos proveedores distintos.

—¿Alguno destaca?

—Todavía no de forma limpia. Hay conceptos repetidos, kilómetros que quiero comprobar y horarios que parecen demasiado próximos. Primero tengo que separar errores de cosas que físicamente no pueden encajar.

—Hazlo.

Noelia señaló una de las páginas del cuaderno.

—Esta nota de «comprobar trayecto» no está escrita junto a un nombre. Queda entre dos referencias. Si suponemos que se refiere al servicio de arriba, cambia una cosa; si se refiere al de abajo, cambia otra.

—Entonces no supongamos.

—Eso pensaba.

Andrés se acercó.

—¿Y si Teresa llevaba todo esto encima el martes?

Elena respondió antes que nadie.

—Llevaba una carpeta.

Mara giró la cabeza.

—¿Cuál?

Elena miró la mesa, como si la respuesta pudiera estar entre los documentos.

—Una negra. La vi por la mañana.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

El investigador territorial consultó la relación de efectos.

—Entre lo recogido del coche hay documentación, pero ninguna carpeta negra descrita así.

Mara dejó que el dato encontrara su sitio antes de darle valor.

—¿Estás segura de que salió de casa con ella?

—Sí. La llevaba por la mañana.

—Eso no significa necesariamente que siguiera con la carpeta por la tarde.

—No.

—¿Sabes qué llevaba dentro?

Elena negó con la cabeza.

—Papeles del trabajo. Eso pensé.

Noelia miró el cuaderno abierto.

—¿Podrían ser estos?

—No lo sé.

Mara cerró la carpeta azul.

La casa empezaba a ofrecer algo más que relaciones familiares y objetos personales. Teresa estaba comparando servicios, tiempos y kilómetros de una manera que iba más allá de una factura aislada. Intentaba comprobar si varias piezas encajaban entre sí.

Aún no sabían a quién estaba revisando con mayor interés ni cuánto había descubierto, pero el cambio de ruta del martes empezaba a adquirir un contexto distinto.

Si Teresa llevaba días analizando desplazamientos y servicios, podía haber decidido hablar personalmente con alguien antes de continuar con la revisión.

Mara miró a Elena.

—Necesitaremos volver a hablar contigo sobre el martes. Esta vez con las horas lo mejor fijadas posible.

Elena endureció el gesto.

—Ya os he dicho dónde estaba.

—Nos has contado una parte.

—Porque la otra no tiene nada que ver.

—Eso es precisamente lo que tenemos que comprobar.

Elena no respondió.

Salieron de la casa pasado el mediodía.

Noelia llevaba las copias autorizadas de la documentación. Andrés había apuntado los datos de la amiga de Elena y varias llamadas que debían comprobarse. La UOPJ se ocuparía de formalizar las diligencias necesarias.

Mara se detuvo unos segundos en la acera.

La visita les había abierto dos líneas distintas.

La primera afectaba a Elena. Existía una discusión real con su hermana, había retirado documentación después de la muerte y una parte de su tarde seguía sin estar respaldada por otra persona.

La segunda podía resultar más importante. Teresa había dedicado varios días a comparar cifras cuyo sentido solo aparecía cuando se trasladaban a carreteras reales: horas, distancias, desplazamientos y servicios que debían ser posibles en el tiempo disponible.

—Noelia —dijo mientras caminaban hacia el coche—. Empieza por lo básico.

—¿Distancias reales?

—Sí. Y tiempos razonables. Nada de rutas perfectas de navegador si aquí nadie conduciría por ellas.

—¿Todos los proveedores?

—Todos los que aparezcan en las notas.

Andrés abrió la puerta del vehículo.

—Eso va a dar trabajo.

Noelia dejó la carpeta en el asiento trasero.

—Para eso me han traído.

Mara miró una última vez la vivienda antes de subir.

Teresa había empezado a comprobar aquellos recorridos antes que ellos. Ahora tenían que averiguar si esa revisión había sido precisamente lo que la llevó, el martes por la tarde, a abandonar su ruta.