La última ruta (Los casos de Mara Valdés 1) Capítulo 5
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Capítulo 5

Antes del accidente

La llamada llegó cuando Mara acababa de cerrar la carpeta de Mateo.

Noelia seguía frente al portátil, ordenando los cambios de ruta de Teresa de las últimas semanas. Andrés había salido con uno de los investigadores de la UOPJ para comprobar un par de domicilios. Mara miró el nombre en la pantalla antes de responder.

—Valdés.

La voz al otro lado fue breve.

—Tenemos el informe preliminar del forense. Conviene que lo veáis.

No hizo falta preguntar si había cambiado algo.

—Vamos.

El médico forense los recibió en una sala de trabajo del instituto, con el informe abierto delante y varias fotografías apartadas a un lado. Esperó a que Mara y Andrés se sentaran antes de mostrarlas.

Noelia se incorporó unos minutos después. Había preferido terminar una llamada con la asociación antes de salir y llegó con la libreta todavía en la mano.

—Os adelanto lo importante —dijo el forense—. La salida de vía no explica la lesión que causa la muerte.

Mara permaneció en silencio.

Hasta entonces habían trabajado con una carretera extraña, una agenda interrumpida y un coche cuya posición admitía más de una lectura. Aquella conclusión modificaba el punto de partida.

—¿Qué sí la explica? —preguntó.

—Un traumatismo craneal previo.

El médico giró una de las fotografías hacia ellos. No necesitó señalar demasiado.

—Hay una lesión principal en la cabeza que, por sus características, no encaja bien con la dinámica de baja energía reconstruida en la curva. Además, existen lesiones secundarias compatibles con el desplazamiento posterior del vehículo.

Andrés apoyó los antebrazos en la mesa.

—¿Estamos hablando de dos momentos distintos?

—Eso es lo que podemos sostener ahora. Un episodio traumático previo y otro posterior, relacionado con la salida de vía.

—¿El primero fue mortal?

—La lesión craneal principal es la que explica el fallecimiento.

Mara observó la imagen solo el tiempo necesario. No tenía sentido intentar extraer de una fotografía conclusiones que correspondían al especialista. Lo que necesitaba saber era qué parte de la reconstrucción podían dejar de considerar válida.

—¿Podría haberse golpeado dentro del coche antes de salirse de la carretera?

El forense respondió con cautela.

—Una persona puede sufrir una lesión dentro de un vehículo sin que este colisione. Pero no tengo elementos que me permitan afirmar que eso ocurrió aquí. Lo que sí puedo decir es que la lesión principal precede a los daños relacionados con la salida de vía y que esa salida no la explica.

—¿Cuánto antes?

—No os voy a dar una hora exacta.

—No la estamos pidiendo.

El hombre la miró un instante y asintió.

—Bien. La estimación del momento de la muerte tiene margen.

Influyen la temperatura, las condiciones ambientales, el estado del cuerpo y otras variables.

Todo eso puede ayudar a acotar, pero no a fijar un minuto.

Para vosotros lo útil es la secuencia: la lesión principal ocurrió antes del accidente aparente.

Noelia escribió una línea y dejó quieto el bolígrafo.

—¿Estaba viva cuando el coche salió de la carretera?

El forense tardó unos segundos en contestar.

—No puedo afirmar con rigor el instante exacto del fallecimiento respecto al movimiento del coche. Lo que sí puedo afirmar es que la lesión letal ya se había producido antes de esa salida. No convirtáis una estimación médica en un reloj.

Mara agradeció la precisión.

—¿Hay signos que indiquen que pudo conducir después de recibir esa lesión?

—Con el estado neurológico esperable tras un traumatismo de esa gravedad, resulta muy difícil sostener una conducción normal posterior. Pero esa conclusión debe integrarse con la reconstrucción del vehículo y con el resto de la investigación.

Andrés levantó la vista.

—Entonces el coche pudo llegar a la curva conducido por otra persona.

—Eso ya es una hipótesis policial —respondió el forense—. Yo os digo que Teresa sufrió antes una lesión que la salida de vía no explica.

Mara ordenó mentalmente los hechos.

Teresa había salido de casa de Mateo por una carretera que no conducía a la siguiente visita. En algún punto posterior había sufrido un traumatismo mortal y, después, su coche había terminado fuera del asfalto en la Curva del Castañar.

La curva ya no podía tratarse sin más como el lugar donde había empezado todo.

—¿La lesión puede ser accidental? —preguntó.

—Puede producirse por una caída o por un impacto contra una superficie dura, entre otras posibilidades. La autopsia no me dice quién intervino ni por qué. Tampoco permite, por sí sola, concluir que estemos ante un homicidio.

La diferencia era importante.

—¿Hay algo en la lesión que permita identificar el tipo de superficie?

—No con un grado de precisión que os sirva para buscar una piedra concreta y dar el asunto por resuelto. La morfología es compatible con un impacto contra una estructura dura. Necesitaréis contexto, escenario y evidencia.

—¿Restos?

—Se han tomado muestras. Cuando haya resultados, los tendréis.

Noelia pasó una página.

—¿La ropa puede ayudarnos a saber dónde ocurrió?

—Puede ayudar. Pero primero hay que analizar lo que lleva adherido y compararlo con lugares concretos.

Mara apoyó la espalda en la silla.

El informe no les daba autor, escenario ni una hora exacta, pero sí eliminaba una explicación que hasta entonces había seguido abierta.

—¿Qué podemos considerar firme? —preguntó.

El forense resumió:

—Hay un traumatismo craneal principal que explica la muerte y es anterior a la salida de vía.

La dinámica del coche en la Curva del Castañar no explica esa lesión.

Además, existen lesiones posteriores compatibles con el movimiento del vehículo y con el episodio de carretera.

Todo lo demás necesita seguir trabajándose.

Andrés miró a Mara.

—Entonces ya no buscamos solo por qué tomó esa carretera.

—También tenemos que averiguar dónde estuvo antes de llegar a la curva.

En el pasillo, Noelia esperó a que la puerta se cerrara.

—Esto cambia la investigación.

—Cambia lo que tenemos que demostrar —dijo Mara.

—Y lo que habrá que pedir.

Andrés caminó unos pasos y se detuvo junto a una ventana.

—Hasta ahora todavía cabía un accidente extraño.

—Ahora sabemos que la lesión mortal es anterior a la salida de vía —respondió Mara—. El forense no ha dicho cómo se produjo ni quién estaba con ella.

—Pero si Teresa no podía conducir con normalidad después del golpe, alguien pudo llevar el coche hasta la curva.

—Es una posibilidad fuerte.

Andrés la miró.

—Eso ha sido casi entusiasmo.

—No te acostumbres.

Noelia sonrió mientras guardaba la libreta.

Mara retomó el paso. La necesidad inmediata era localizar lo que todavía faltaba.

La Curva del Castañar seguía siendo un escenario real, pero podía ser únicamente el final de una secuencia iniciada en otro lugar.

Si la lesión mortal se había producido antes, el punto decisivo tenía que encontrarse entre la salida de casa de Mateo y el momento en que el vehículo terminó fuera de la carretera.

—Quiero todas las rutas posibles desde casa de Mateo hasta la curva —dijo—. No solo la carretera principal. Accesos, pistas transitables, ensanches y lugares donde pueda detenerse un coche sin llamar demasiado la atención.

Noelia asintió.

—¿Con qué radio?

—Con el que permita llegar sin convertir el trayecto en una excursión absurda. Y separa lo que sabemos que Teresa utilizaba de lo que solo aparece dibujado en un mapa.

—Hablaré con el equipo territorial.

—Que nos digan qué caminos son transitables ahora, con este tiempo, no cuáles lo eran en verano o hace cinco años.

Andrés sacó el teléfono.

—¿Y los usuarios?

—Seguimos con ellos. Quiero saber si Teresa tenía alguna razón profesional para desviarse. La lesión cambia el caso, pero no convierte automáticamente cada cambio de ruta en una cita con quien la mató.

—Sonia, Rubén, proveedores...

—Todos, pero en orden.

Mara no quería que la nueva perspectiva contaminara las declaraciones.

Teresa podía haber cambiado su recorrido por trabajo, por un asunto privado o por una gestión sin relación alguna con su muerte.

El informe forense había demostrado que el accidente no explicaba toda la secuencia, pero no había rellenado los huecos.

De vuelta en la sede temporal de trabajo, extendieron sobre una mesa el plano general, la ruta prevista de Teresa, la dirección observada por Mateo y las fotografías de la Curva del Castañar.

Noelia colocó en el centro una hoja con dos palabras escritas en mayúsculas:

LESIÓN PREVIA.

Mara la miró.

—Quita eso.

Noelia alzó las cejas.

—¿Por qué?

—Porque si lo dejamos en el centro acabaremos dibujando alrededor una escena que todavía no conocemos.

Noelia retiró la hoja.

—Entonces, ¿qué ponemos?

—Lo que existe.

Mara señaló la casa de Mateo.

—Último punto confirmado.

Después marcó la dirección de salida.

—Esto lo ve Mateo.

Por último indicó la Curva del Castañar.

—Y aquí aparece el coche.

Entre ambos lugares quedaba una porción de territorio que hasta ese momento habían tratado como simple trayecto. Ahora sabían que podía contener el hecho principal.

Andrés se acercó al plano.

—Hay bastante carretera.

—Y bastantes desvíos.

Noelia abrió la cartografía en el ordenador.

—También varias pistas.

—No quiero una lista de todas. Quiero las que puedan utilizarse de verdad con un turismo en esta época y con este tiempo.

—Eso reduce bastante.

—Mejor.

Andrés señaló una zona más elevada.

—Aquí hay accesos forestales.

—Y aquí —añadió Noelia— sale un camino hacia un grupo de construcciones antiguas.

Mara no siguió ninguna de las líneas. Todavía no había una razón objetiva para elegir un punto sobre otro.

—Primero comprobad el terreno.

Noelia cambió de pantalla.

—Hay otra cosa. Si Teresa iba a la siguiente visita, el tiempo entre la casa de Mateo y ese domicilio era razonable. Si se desvió y además hizo una parada, la ventana cambia por completo.

—La hora de Mateo sigue abierta.

—Sí.

—Entonces trabajemos con márgenes, no con una hora que todavía no tenemos.

Noelia asintió.

—De acuerdo.

Andrés se dejó caer en una silla.

—¿Avisamos a Alicia?

—Sí. Y la UOPJ ajustará las diligencias con el juzgado si hace falta. Nosotros seguimos coordinados con ellos.

La investigación había comenzado en Cáceres y el nuevo dato forense no alteraba esa distribución de responsabilidades.

Mara llamó a Alicia desde la misma sala. La comandante escuchó sin interrumpir.

—¿Conclusión? —preguntó al final.

—La salida de vía no causó la lesión mortal. Tenemos un traumatismo craneal anterior, pero todavía no un escenario previo ni un autor.

—¿Necesitas algo?

Mara miró el mapa.

—Tiempo para reconstruir la tarde sin forzarla.

—Eso suele ser más difícil de conseguir que personal.

—Lo sé.

—Mantenme informada si cambia la necesidad de recursos.

La llamada terminó ahí.

Esa tarde regresaron a la Curva del Castañar.

El lugar no había cambiado, pero ellos sí sabían algo distinto.

Mara se situó en el margen desde el que el coche había descendido y observó el tramo de carretera que ya conocía.

El terreno seguía permitiendo una salida de vía de baja energía y las fotografías continuaban siendo compatibles con un vehículo que abandonaba la calzada y quedaba oculto entre la vegetación.

La dinámica seguía siendo posible. Lo que empezaba a ponerse en duda era el significado de la escena.

Andrés se quedó en la carretera junto al investigador territorial.

—Si el coche llegó aquí con Teresa ya herida, alguien tuvo que elegir este punto.

—O encontrárselo durante el trayecto —dijo el investigador.

—También.

Mara estudió la curva. Desde uno de los sentidos, el margen aparecía con poco tiempo para reaccionar; desde el contrario ofrecía unos segundos más de lectura.

No era un lugar espectacular. Precisamente por eso podía resultar útil para simular un accidente: la carretera permitía una explicación sencilla.

—No busquemos a alguien que conociera esta curva de memoria solo porque el coche acabó aquí —dijo—. Es una carretera local y la utiliza mucha gente.

El investigador asintió.

—Y cualquiera de la zona conoce tramos peores.

—Exacto.

Noelia llegó con una primera relación de accesos entre la casa de Mateo y el entorno de la curva.

—He eliminado los que ahora mismo no son practicables con un turismo normal. Quedan varios.

Mara cogió la hoja. Eran demasiados para recorrerlos sin criterio y lo bastante pocos para que cualquiera de ellos pudiera acabar siendo relevante.

—Mañana empezamos por comprobar qué hacía Teresa cuando se desviaba de sus rutas habituales. Si encontramos una razón concreta para el martes, esa razón puede llevarnos a un lugar. Si no, iremos ampliando.

Guardó la lista.

Al otro lado del valle, la luz de octubre empezaba a perder fuerza. La carretera que durante los primeros días habían tratado como escenario principal empezaba a convertirse en el último tramo de una secuencia más larga.

Teresa había sufrido la lesión mortal antes de llegar allí.

Ahora tenían que encontrar el lugar donde todo había empezado.