La última ruta (Los casos de Mara Valdés 1) Capítulo 2
4%

Capítulo 2

Lo que no explica el coche

A primera hora de la mañana, el coche de Teresa Roldán estaba bajo techo, seco ya por fuera y todavía lleno de preguntas.

Mara lo observó desde detrás de la línea marcada en el suelo mientras el especialista de Criminalística terminaba de explicar qué se había documentado en la Curva del Castañar y qué podía afirmarse, por el momento, sobre el vehículo.

Andrés permanecía a su derecha. Noelia había llegado unos minutos antes con una copia de las fotografías, el croquis de la escena y la relación provisional de efectos recogidos.

El turismo parecía menos aparatoso allí dentro que en las imágenes nocturnas.

Presentaba daños, pero no el aspecto de un vehículo que hubiera sufrido una caída violenta.

La carrocería mostraba las consecuencias de abandonar el asfalto y recorrer el corto desnivel de la curva; nada de aquello convertía la escena, por sí solo, en algo imposible.

—La salida de vía puede ocurrir así —dijo el especialista—. Con esa pendiente y la orientación que tenía el coche, no hace falta mucha velocidad para que termine donde lo encontramos.

Mara volvió a mirar la fotografía general de la carretera. Desde aquel ángulo apenas se apreciaba el pequeño margen anterior a la curva.

—¿Puede rodar desde ahí?

—Puede. Depende de cómo quede orientado y del punto exacto, pero físicamente es posible.

—¿Y con una persona dentro?

El hombre tardó un instante en responder.

—Eso ya requiere separar varias cosas. Una es lo que hizo el vehículo y otra, lo que le ocurrió a Teresa. No quiero mezclar ambas antes de tener todos los informes.

Mara agradeció la cautela. La víspera, la Curva del Castañar le había parecido un lugar donde un accidente podía suceder, y nada de lo que veía aquella mañana obligaba a cambiar esa impresión.

Lo que sí había cambiado era el grado de precisión.

El coche no se había precipitado por un barranco ni había golpeado a gran velocidad contra un obstáculo.

Había salido de la calzada, descendido unos metros y sufrido daños compatibles con ese desplazamiento.

Eso permitía explicar la posición del vehículo. Otra cosa distinta era saber si explicaba también lo ocurrido a Teresa.

Noelia extendió las fotografías sobre una mesa auxiliar.

—Estas son las de la primera inspección. Aquí está el punto donde quedó la rueda delantera y aquí, la referencia del borde del asfalto.

Mara se inclinó sobre ellas sin tocarlas. En una se veía la ligera inclinación del terreno. En otra, la vegetación ocultaba parte del coche desde la carretera. El conductor que dio el aviso lo había localizado por un reflejo, no porque el vehículo quedara claramente expuesto.

—¿Hay señales de una maniobra brusca? —preguntó Andrés.

—No tenemos una secuencia que nos permita afirmar eso. Tampoco sería correcto deducirla solo por la posición final. El firme estaba húmedo, el margen no es uniforme y el coche pudo desplazarse de forma distinta después de abandonar la calzada.

—¿Fallo mecánico?

—No aparece nada evidente que lo explique, pero seguimos revisando. Cuando terminemos, tendréis el informe.

Andrés miró a Mara.

—De momento, ni sí ni no.

—De momento, hechos.

El especialista pareció aprobar la respuesta.

Mara se acercó unos pasos más, hasta donde podía observar mejor el lateral sin interferir en el trabajo. Había tierra adherida a los bajos y restos de vegetación en zonas expuestas, algo normal después de salirse de una carretera húmeda y terminar entre maleza.

—¿Todo esto puede proceder de la curva?

—Parte, seguro. Lo demás habrá que compararlo. Un coche que pasa el día entre carreteras secundarias y accesos rurales acumula material de muchos sitios. No podemos convertir cada resto de barro en una pista.

Mara pensó en las rutas de Teresa: visitas, desvíos, caminos de acceso, entradas a viviendas. Un vehículo que recorría la comarca a diario podía llevar bajo los pasos de rueda tierra de media docena de lugares distintos sin que ninguno tuviera relevancia criminal.

—¿Habéis encontrado algo que obligue a pensar que estuvo en otro terreno antes?

—Todavía no puedo sostenerlo. Hay muestras recogidas y habrá que ver cuáles tienen valor. Si alguna no encaja con el lugar del hallazgo, ya lo sabremos.

La respuesta dejaba abierta la cuestión sin convertirla en una promesa.

Noelia anotó una referencia en su copia de la relación.

—Entonces, sobre la dinámica del vehículo, lo único firme es que una salida de vía de baja energía resulta posible.

—Eso y que la escena merece seguir comprobándose —añadió el especialista—. No tenemos una reconstrucción cerrada.

Una reconstrucción cerrada habría sido cómoda, pero también prematura.

En una sala contigua, la UOPJ había preparado el material de la inspección inicial. El investigador que los acompañó a la curva el día anterior les entregó el croquis y una serie de fotografías ordenadas por posición.

Mara colocó el plano de la carretera junto a ellas.

—Quiero separar tres cuestiones: dónde apareció el coche, qué puede explicar físicamente esa posición y qué sabemos de la ruta de Teresa. Si las mezclamos ahora, acabaremos usando una duda para responder otra.

Noelia acercó una silla y abrió la carpeta.

—La ruta sigue siendo provisional. Ayuda Sierra Norte va a enviarnos hoy los cuadrantes completos.

—Bien.

Andrés señaló el margen anterior a la curva.

—Aquí podría haberse salido.

—Sí.

—Y podría terminar abajo sin una velocidad alta.

—Sí.

—Entonces, si buscamos algo extraño en el coche solo porque la ruta no nos encaja, podemos fabricar un problema que no existe.

—Exacto.

Andrés sonrió apenas.

—Me alegra que estemos de acuerdo tan pronto.

Noelia levantó la vista del expediente.

—Durará poco.

El comentario alivió por un instante la tensión de la sala. Después volvieron a las fotografías.

Mara repasó la secuencia desde el principio: una calzada estrecha, curvas enlazadas, firme húmedo, un margen donde el vehículo podía quedar orientado hacia el exterior y una pendiente suficiente para que recorriera unos metros. La vegetación, además, dificultaba verlo desde la carretera.

No encontraba nada imposible en aquella dinámica, pero tampoco una escena capaz de responder por sí sola todas las preguntas.

—¿Qué sabemos de la posición de Teresa cuando llegaron los primeros servicios? —preguntó.

El investigador territorial consultó la diligencia.

—Estaba en el asiento del conductor. La escena se documentó antes de cualquier actuación que no fuera necesaria.

—¿Cinturón?

—Eso figura en la inspección completa. Prefiero que lo revisemos con Criminalística cuando esté cerrada.

Mara aceptó la cautela. No necesitaba una respuesta inmediata si esa respuesta aún dependía de una lectura técnica.

—¿Había objetos desplazados dentro del habitáculo?

—Los normales tras una salida de vía. Bolso, documentación, objetos de uso diario. Todo está inventariado.

—¿Nada que nos diga por qué tomó esa carretera?

—De momento, no.

Seguían teniendo un hueco entre una jornada de trabajo y una curva que no pertenecía al recorrido previsto de Teresa. Todavía no era una prueba ni una contradicción, pero sí una ausencia que necesitaban entender.

Noelia sacó otra hoja.

—He empezado a ordenar lo que sabemos de ayer. Hay horas confirmadas por usuarios y otras que proceden solo del cuadrante. También hay una visita de la tarde que todavía no está comprobada.

Mara alzó una mano antes de que continuara.

—Esperemos al listado completo. Si empezamos a rellenar huecos con la versión provisional, después costará distinguir qué sabíamos y qué supusimos.

—De acuerdo.

Andrés se reclinó ligeramente en la silla.

—Entonces tenemos un coche que sí puede salirse de la carretera y una mujer que, por alguna razón, estaba donde no debía según su jornada.

—Tenemos eso y una dinámica que todavía no está cerrada.

—¿Te parece suficiente para pensar en otra escena?

Mara volvió a las fotografías.

—Me parece suficiente para no descartarla.

Volvieron a la Curva del Castañar cerca del mediodía con el croquis completo y las medidas tomadas durante la inspección. El cielo había abierto un poco, aunque la humedad seguía oscureciendo el borde de la carretera.

Esta vez Mara no se detuvo en el punto donde había aparecido el coche. Pidió al investigador territorial que le mostrara el margen previo a la curva.

Era un ensanche discreto, apenas suficiente para detener un turismo sin bloquear por completo el paso.

Desde allí, la calzada empezaba a girar y el terreno descendía suavemente hacia el exterior.

No había un desnivel brusco, de modo que un coche mal orientado podía abandonar la parte firme y comenzar a rodar sin necesidad de una maniobra espectacular.

Mara se situó a un lado, fuera de la zona que todavía interesaba preservar, y comparó las distancias con el croquis.

—Desde aquí hasta la posición final no hay mucho.

—No —dijo el investigador—. Por eso Criminalística habla de una dinámica de poca energía.

Andrés miró hacia abajo.

—Eso encaja con los daños.

—Con parte de ellos —matizó Mara.

No pretendía anticiparse a los especialistas. Simplemente quedaban elementos por interpretar.

Recorrió con la vista la trayectoria posible.

El vehículo podía haber entrado en la curva, perder el control y salir.

También podía haberse detenido antes y desplazarse después hacia el borde.

Las dos posibilidades encajaban físicamente con el lugar, y el terreno por sí solo no permitía elegir entre ellas.

—¿Hay forma de saber si venía circulando o si partió casi detenido? —preguntó.

—No con una certeza que yo pueda darte ahora —respondió el investigador—. Las marcas son limitadas y el firme estaba húmedo. La pericial tendrá que valorar el conjunto.

Mara agradeció la precisión. Un «no lo sabemos» valía más que una reconstrucción vistosa construida sobre una marca dudosa.

Andrés se agachó a cierta distancia del borde, sin tocar nada.

—Si hubiera entrado demasiado rápido, esperaría más recorrido.

—Probablemente, pero no sabemos a qué velocidad iba ni cómo abandonó la calzada.

—Ni si abandonó la calzada conduciendo.

Mara mantuvo la vista en el margen.

—Eso tampoco.

Noelia había permanecido junto al vehículo policial revisando mensajes. Se acercó con el móvil en la mano.

—La asociación acaba de mandar los cuadrantes y las incidencias de ayer. También la relación de visitas que Teresa tenía asignadas.

—¿Completo?

—Eso dicen. Hay modificaciones hechas durante el día y una visita prevista después de la última que tenemos confirmada.

—No la tratemos todavía como una visita perdida.

—No lo hago.

Noelia le enseñó solo lo necesario en la pantalla.

—Pero ya tenemos material para reconstruir la tarde.

Mara volvió a observar la carretera. La curva les había dado todo lo que podía ofrecer por el momento. Podían seguir midiéndola, fotografiándola y formulando hipótesis, pero ninguna explicaría por qué Teresa había llegado hasta allí sin saber primero de dónde venía y adónde pensaba ir.

Guardó el croquis.

—Nos vamos a la sede de la asociación.

Andrés se incorporó.

—¿Abandonamos el coche?

—Dejamos que quienes saben de coches terminen con él.

Antes de marcharse pasaron otra vez por las dependencias donde se encontraba el vehículo. Criminalística continuaba trabajando y Mara no pidió que interrumpieran nada. Se limitó a confirmar con el especialista qué resultados podían considerar provisionales y cuáles debían esperar.

—Una cosa —dijo él antes de que se fueran—. No os quedéis con la idea de que la escena es falsa solo porque algo no os cuadre. Una salida de vía real también puede dejar elementos difíciles de interpretar.

—Lo sé.

—Y al revés. Que sea físicamente posible no significa que haya ocurrido así.

—Eso también lo sé.

Salieron al aparcamiento. Noelia llevaba bajo el brazo la carpeta con los cuadrantes y Andrés caminaba unos pasos por delante, hablando por teléfono con el investigador territorial sobre una comprobación pendiente.

Mara se detuvo junto al coche oficial antes de subir.

La víspera había llegado a Las Hurdes con una pregunta sencilla: qué hacía Teresa Roldán en aquella curva. Ahora tenía que mantener otra separada de la primera.

La Curva del Castañar podía explicar cómo un coche había terminado fuera de la carretera. Todavía no explicaba todo lo ocurrido dentro ni alrededor de él, y construir una teoría antes de saber qué había hecho Teresa durante sus últimas horas equivaldría a empezar la investigación por el final.

Abrió la puerta.

—Primero la agenda —dijo cuando Andrés terminó la llamada.

Noelia levantó la carpeta.

—La tengo.

Mara subió al coche. El siguiente paso no estaba en la curva, sino en la jornada que había llevado a Teresa hasta ella.