La Última Promesa Capítulo 10. Los tres hombres
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Capítulo 10. Los tres hombres

Eleanor contemplaba el paisaje mientras pensaba en los ocho años que habían transcurrido desde la desaparición de Julian.

Durante mucho tiempo había creído que aquella noche había sido abandonada por el hombre al que amaba, pero ahora sabía que ambos habían sido víctimas de una manipulación cuidadosamente preparada.

Alguien había conseguido que cada uno creyera que el otro había decidido marcharse, y aquella certeza hacía que Eleanor se preguntara cuántas otras partes de su vida podían haber sido alteradas por personas que habían actuado desde las sombras.

—No quiero que vuelvas a utilizar esos ocho años como una especie de arma contra mí —dijo finalmente.

Julian negó con la cabeza y le aseguró que nunca había sido su intención, pero Eleanor sabía que aquellos años seguían existiendo entre ambos y que ninguna revelación podría devolverles el tiempo perdido.

Incluso si encontraban a Thomas y descubrían quién había provocado su separación, tendrían que aprender a vivir con las consecuencias.

Julian le preguntó si podrían hacerlo juntos, pero Eleanor no quiso ofrecerle una respuesta que todavía no estaba preparada para dar.

Seguía enfadada con él y, más profundamente, seguía teniendo miedo de lo que sentía cuando estaba a su lado.

Recordaba a la mujer que había sido antes de aquella noche y sabía que aquella mujer había confiado demasiado en el mundo. Ahora ya no podía hacerlo.

La conversación condujo inevitablemente hasta Lord Wexford.

Eleanor descubrió que Julian lo conocía desde antes de haberla conocido a ella y que durante un tiempo había trabajado para Edmund Blackwood, ocupándose de asuntos relacionados con sus propiedades.

Wexford había estado cerca de Edmund y, según Julian, conocía algunos de sus secretos, aunque nunca había confiado completamente en él.

Aquella revelación aumentó las sospechas de Eleanor, especialmente cuando comprendió que Wexford había mentido sobre algunos aspectos de su vida.

Julian explicó que Wexford no podía ser uno de los dos niños nacidos aquella Navidad, porque había nacido muchos años antes, pero Eleanor planteó una posibilidad más inquietante: quizá el apellido Wexford que aparecía relacionado con los documentos no pertenecía al propio Lord Wexford, sino a alguien de su familia, posiblemente un hijo cuya existencia hubiera sido ocultada.

Si Thomas era hijo de Margaret y el segundo niño pertenecía a la familia Wexford, entonces dos familias poderosas estaban vinculadas con aquellos nacimientos y ambas tenían conexiones con Edmund y con el padre de Eleanor.

La verdadera conspiración podía no haber comenzado con Margaret; quizá ella había sido simplemente una consecuencia de un secreto anterior, un intento de ocultar la identidad de dos niños cuya existencia podía alterar el destino de una fortuna y, posiblemente, la herencia de Blackthorn.

La casa indicada en la dirección de Thomas se encontraba al final de un camino estrecho, rodeada de árboles y completamente a oscuras.

Eleanor y Julian descubrieron que una ventana estaba abierta y entraron en el interior, donde encontraron señales de que alguien había abandonado la vivienda precipitadamente.

Sobre una mesa había una carta dirigida a Eleanor.

Julian la abrió con cautela y descubrió que había sido escrita por Thomas.

Thomas explicaba que durante años había creído ser huérfano, hasta descubrir que su madre seguía viva y que alguien la había obligado a desaparecer para impedir que pudiera encontrarla.

También había descubierto que su nacimiento había sido registrado con un nombre falso.

Su madre lo había llamado Thomas, pero el hombre que lo protegió le había dado otro apellido: Wexford.

No sabía quién era su padre, pero afirmaba que Edmund Blackwood conocía toda la verdad.

La parte más inquietante de la carta se refería a una conversación entre Thomas y Edmund antes de la desaparición de este último.

Edmund le había dicho que, cuando encontrara a Eleanor Ashcombe, no confiara en el hombre que la amaba, sino en el hombre dispuesto a perderla.

Thomas aseguraba que ahora comprendía aquellas palabras y advertía que, si Eleanor había llegado hasta aquella casa acompañada de Julian, entonces quizá la persona que había perseguido a ambos durante tantos años ya supiera dónde encontrarlos.

La carta terminaba con una revelación todavía más perturbadora. Thomas afirmaba que el padre de Eleanor no había muerto por lo que sabía, sino por lo que había decidido hacer, y que aquella decisión había cambiado el destino de dos niños: el suyo y el de Eleanor.

Eleanor quedó devastada ante la posibilidad de que su padre hubiera ocultado algo que afectaba directamente a su propia identidad.

Julian intentó convencerla de que los documentos podían mentir y que ella no debía confundirse con el apellido de su padre, la fortuna de los Ashcombe ni la propiedad de Blackthorn.

Para él, Eleanor era la mujer que había amado antes de que el mundo decidiera quién debía ser, la mujer que había regresado para buscar la verdad aunque esa búsqueda pudiera destruir todo lo que creía conocer sobre su propia familia.

Entonces Eleanor recordó las palabras de Edmund acerca del hombre dispuesto a perderla y comprendió que quizá se referían a Julian.

Lord Wexford estaba dispuesto a casarse con ella, mientras que Julian, aunque la amaba, parecía dispuesto a aceptar que ella eligiera una vida lejos de él.

Cuando Eleanor le preguntó si realmente estaba dispuesto a perderla, Julian respondió que sí, si eso era lo que ella quería.

Aquella respuesta la inquietó más de lo que esperaba, porque por primera vez comprendió que el amor de Julian ya no se expresaba intentando decidir por ella, sino aceptando que podía marcharse.

Regresaron a Blackthorn entrada la noche y encontraron a Lord Wexford esperándolos en el vestíbulo.

Eleanor quiso hablar con él a solas y le preguntó directamente si conocía a Thomas.

Wexford respondió que sí, aunque no sabía dónde estaba, y advirtió que Thomas se encontraba en grave peligro.

Después hizo una revelación que cambió nuevamente el sentido de toda la investigación: Thomas no era el único heredero posible de Blackthorn.

Existían dos hombres que podían reclamar la propiedad.

Wexford entregó a Eleanor un antiguo registro en el que aparecían dos nombres vinculados a los niños de aquella Navidad.

Uno era Thomas Vale; el otro había sido parcialmente borrado, aunque debajo podía leerse una anotación que decía: «Entregado a los Ashcombe».

Eleanor comprendió entonces que uno de los niños había sido entregado a su propia familia y que su padre podía haber participado directamente en el intercambio de identidades.

Cuando Eleanor preguntó quién era el segundo niño, Wexford confesó que llevaba doce años intentando descubrirlo porque creía que aquel niño podía ser su propio hijo.

Si estaba en lo cierto, el padre de Eleanor no había ocultado únicamente la identidad de un heredero, sino que había cambiado deliberadamente la identidad de dos niños y los había separado de sus verdaderas familias.

Eleanor apenas tuvo tiempo de asimilar aquella revelación antes de que Wexford añadiera que creía saber quién era el segundo niño. Su mirada se dirigió lentamente hacia Julian.

—Él.

Julian permaneció inmóvil.

Eleanor lo miró, incapaz de comprender cómo el hombre que había regresado a su vida podía estar relacionado de aquella manera con el misterio que había destruido a su familia.

Durante un instante, todas las piezas parecieron encajar en una única y terrible posibilidad: Thomas y Julian podían ser los dos niños cuya identidad había sido alterada aquella Navidad de 1879.

Y si Wexford tenía razón, entonces la verdadera historia de Blackthorn no consistía en descubrir quién debía heredar la propiedad, sino en descubrir por qué dos niños habían sido arrancados de sus verdaderas familias, separados y entregados a otras personas.

La respuesta estaba escondida en Blackthorn desde el principio, y quizá el hombre que Eleanor había amado durante toda su vida no fuera simplemente una víctima de aquella historia, sino una de sus piezas centrales.