La Última Promesa Capítulo 4. El regreso a Blackthorn
19%

Capítulo 4. El regreso a Blackthorn

El golpe volvió a escucharse desde el piso superior, procedente del ala oeste de Blackthorn, aquella parte de la casa que durante su infancia había permanecido casi siempre cerrada.

Eleanor recordó entonces las innumerables ocasiones en que había preguntado a su padre por qué no podía entrar allí y las respuestas evasivas con las que él había tratado de disuadirla.

Unas veces alegaba que no había nada interesante para una niña; otras, que las habitaciones estaban llenas de muebles antiguos y resultaban peligrosas.

Una tarde, cuando Eleanor tenía apenas doce años, había intentado abrir una de aquellas puertas y su padre apareció detrás de ella con una expresión tan severa que durante semanas evitó acercarse al ala oeste.

Ahora comprendía que aquellas prohibiciones nunca habían sido simples caprichos.

Había algo allí. Algo que su padre había querido mantener oculto.

Eleanor subió lentamente por la escalera principal, llevando una lámpara en la mano y sintiendo que cada peldaño la acercaba a una verdad que quizá no estaba preparada para conocer.

El segundo piso estaba sumido en una oscuridad más profunda que el resto de la mansión.

Las ventanas eran pequeñas y dejaban pasar muy poca luz, mientras los cuadros de las paredes permanecían cubiertos por una fina capa de polvo.

Al avanzar por el corredor encontró una puerta de roble negro, sin placa ni cerradura visible, marcada únicamente por un extraño símbolo: un círculo atravesado por una línea vertical.

Eleanor recordó inmediatamente la llave que Julian le había entregado en Londres y la sacó del bolsillo.

La cabeza de la llave tenía exactamente la misma forma que el símbolo grabado en la madera.

Sin embargo, al acercarse descubrió que aquella puerta no era una puerta verdadera, sino un panel construido para imitarla.

Recordó entonces las palabras de la señora Whitmore: «La puerta no está donde usted cree».

Eleanor comprendió que aquella historia estaba relacionada con todo lo que había descubierto desde su regreso.

Cuando preguntó por Edmund Blackwood, la reacción de la señora Whitmore confirmó que aquel nombre ocultaba otro secreto.

Antes de que pudiera continuar interrogándola, un carruaje llegó a la casa.

Era Julian. La presencia del joven provocó una evidente inquietud en la anciana, que reveló entonces que el padre de Eleanor había prohibido expresamente que Julian Blackwood volviera a entrar en Blackthorn.

Cuando Julian apareció en el salón, Eleanor lo enfrentó directamente y le preguntó por Margaret.

Él reconoció que la había conocido y que sabía que había desaparecido, pero volvió a refugiarse en sus respuestas incompletas.

Eleanor, agotada después de tantos años de silencios, le reprochó que todos parecieran conocer fragmentos de su propia historia mientras ella era la única que permanecía en la oscuridad.

Julian terminó confesando que la única forma de descubrir la verdad era entrar en la habitación secreta.

La llave que Julian le había entregado, sin embargo, no servía para abrir directamente la puerta.

Era la llave de un mecanismo oculto que se encontraba en la habitación de la madre de Eleanor.

Julian reveló entonces algo que cambió por completo la percepción que ella tenía de su pasado: su madre conocía la existencia de aquella habitación y había sido quien le pidió que sacara a Eleanor de Inglaterra.

Según Julian, Lady Margaret sabía que Edmund Blackwood estaba en peligro porque él y el padre de Eleanor habían descubierto una conspiración formada por hombres poderosos que pretendían controlar algo que no les pertenecía.

Cuando Eleanor exigió saber qué era aquello, Julian respondió con una sola palabra: Blackthorn.

Aquella noche Eleanor regresó a la habitación de su madre, que llevaba doce años prácticamente intacta.

Los muebles seguían cubiertos con sábanas y los objetos personales permanecían exactamente donde habían sido dejados.

Al contemplar el retrato de Lady Margaret, Eleanor descubrió algo que nunca había percibido durante su infancia: detrás de la serenidad de su madre había miedo.

Comenzó a registrar la habitación hasta encontrar una pequeña caja cerrada en uno de los cajones del tocador.

Introdujo la llave y el mecanismo se abrió.

Dentro había una fotografía tomada frente a Blackthorn House el 25 de diciembre de 1879.

En ella aparecían su padre, Edmund Blackwood, Julian y una joven que Eleanor reconoció inmediatamente como Margaret Bell.

Eleanor dio la vuelta a la fotografía y encontró una inscripción escrita por su madre: «Si algo me sucede, buscad al niño».

La frase la dejó paralizada. Margaret había desaparecido embarazada y su hijo nunca había aparecido.

Aquellas palabras demostraban que su madre conocía la existencia del niño y consideraba que su búsqueda era esencial.

En ese momento Julian apareció en la puerta.

Eleanor le preguntó si sabía que Margaret había tenido un hijo y si conocía la investigación de su madre.

Julian respondió afirmativamente, aunque aseguró que nadie sabía dónde estaba el niño ni siquiera si había sobrevivido.

Eleanor decidió entonces que lo encontrarían.

Julian intentó advertirle del peligro, pero ella se negó a retroceder.

Había perdido a su padre, había descubierto que su madre sabía mucho más de lo que jamás le habían contado y llevaba ocho años viviendo bajo la sombra de una desaparición que nunca había comprendido.

Ya no estaba dispuesta a marcharse ni a permitir que Julian siguiera protegiéndola mediante silencios.

Finalmente, él reconoció una verdad aún más inquietante: Margaret Bell había tenido un hijo y alguien se había asegurado de ocultar su existencia porque aquel niño podía cambiarlo todo.

Eleanor preguntó por qué y Julian respondió que quizá fuera el verdadero heredero de Blackthorn.

En ese instante una puerta se cerró en algún lugar de la casa.

Ambos escucharon el ruido. Julian se volvió inmediatamente y, por primera vez, Eleanor vio miedo verdadero en sus ojos.

Él le pidió que se marcharan, pero ella se negó.

Julian comprendió entonces que alguien más sabía que habían encontrado la fotografía.

No era una casualidad que aquella imagen hubiera aparecido precisamente en la habitación de su madre, junto a la llave y las pistas que conducían hacia la habitación secreta.

Alguien había preparado el camino para que Eleanor encontrara la verdad.

Eleanor sostuvo la fotografía contra su pecho mientras contemplaba a Julian.

Durante años había creído que regresaba a Blackthorn para enterrar a su padre y cerrar definitivamente una parte de su pasado.

Ahora comprendía que había ocurrido exactamente lo contrario.

La casa no había terminado con ella. Los secretos de Blackthorn habían estado esperando su regreso, conservando durante doce años una verdad que alguien había decidido ocultar a cualquier precio.

Y mientras Eleanor contemplaba la imagen de Margaret Bell y pensaba en aquel niño desaparecido, comprendió que quizá no era ella quien estaba buscando los secretos de Blackthorn.

Quizá eran los propios secretos de la casa los que, finalmente, habían decidido encontrarla a ella.