La Última Promesa Capítulo 3. El hombre que la abandonó
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Capítulo 3. El hombre que la abandonó

La puerta principal de Blackthorn House se cerró detrás de Eleanor con un sonido grave y definitivo que pareció recorrer toda la mansión.

Durante unos segundos permaneció inmóvil en el vestíbulo, contemplando la penumbra que se extendía ante ella.

Había imaginado muchas veces aquel regreso, pero en sus recuerdos la casa aparecía bañada por la luz dorada de su infancia, llena de voces, risas y pasos apresurados.

Ahora todo parecía distinto. El suelo de mármol oscuro reflejaba débilmente la luz de las lámparas de gas, los paneles de roble habían adquirido un tono casi negro y los retratos de generaciones enteras de Ashcombe parecían observarla desde las paredes.

Eleanor había crecido rodeada de aquellos rostros.

Ahora tenía la inquietante sensación de que todos la estaban esperando.

—Señorita Ashcombe.

Eleanor se volvió y reconoció a la señora Whitmore, el ama de llaves que había administrado Blackthorn durante casi treinta años.

La mujer había envejecido, pero conservaba la espalda recta y aquella mirada extraordinariamente viva que siempre había hecho difícil saber qué pensaba.

Tras expresar sus condolencias por la muerte de su padre, aseguró que él había esperado su regreso.

Eleanor quiso saber si estaba enfermo y qué había ocurrido realmente, pero las respuestas de la mujer fueron deliberadamente ambiguas.

Cuando Eleanor anunció que quería entrar en el despacho de su padre, Whitmore se negó y explicó que él había dejado instrucciones para que nadie accediera hasta que Eleanor hubiera hablado con Lord Blackwood.

—¿Estaba solo la última noche? —preguntó Eleanor.

La señora Whitmore guardó silencio durante demasiado tiempo.

—No debería hacerme preguntas cuyas respuestas podrían ponerla en peligro.

Aquella advertencia cambió el ambiente de la habitación. Eleanor comprendió que su padre no había muerto simplemente dejando tras de sí una herencia complicada. Había muerto rodeado de secretos. Cuando preguntó qué significaba aquello, Whitmore miró hacia el corredor del ala oeste.

—Blackthorn ha permanecido en silencio durante mucho tiempo.

—¿Y ahora?

La mujer volvió la mirada hacia ella.

—Ahora usted ha regresado.

Aquella noche Eleanor no consiguió dormir.

Sentada junto a la ventana de la habitación donde había pasado su adolescencia, contempló el bosque y recordó la última vez que había visto aquel paisaje, ocho años atrás, cuando tenía diecinueve años y esperaba que Julian Blackwood acudiera a reunirse con ella.

En Londres, Julian había pronunciado una frase que había destruido la explicación que Eleanor había construido durante todo aquel tiempo: había asegurado que no había ido porque, de haberlo hecho, ella habría muerto.

Durante ocho años había preferido creer que Julian la había abandonado, que quizá había dejado de amarla o incluso que había elegido a otra mujer.

Aquella explicación era dolorosa, pero sencilla.

Una herida podía cicatrizar. Sin embargo, si Julian decía la verdad, toda su vida estaba construida sobre una mentira.

Un ruido en el corredor interrumpió sus pensamientos. Eleanor salió de la habitación con una lámpara y avanzó por el pasillo hasta la escalera. Entonces escuchó pasos. Alguien estaba subiendo. Y un instante después apareció Julian.

Ambos permanecieron inmóviles.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Eleanor.

Julian llevaba un abrigo oscuro y tenía el cabello húmedo.

Le explicó que había regresado porque su padre le había pedido que acudiera antes de morir.

Eleanor quiso saber por qué, pero Julian insistió en que estaba allí para protegerla.

La respuesta despertó toda la rabia que había acumulado durante ocho años.

Eleanor le recordó que él había desaparecido, que ella había esperado y que jamás había regresado.

Julian reconoció cada una de aquellas cosas, pero aseguró que no había podido volver porque unos hombres lo estaban siguiendo y, si descubrían dónde se encontraba Eleanor, su vida habría corrido peligro.

—¿Quiénes?

Julian tardó en responder.

—Los hombres que estaban detrás de Edmund Blackwood.

El nombre hizo que Eleanor comprendiera que su padre y el padre de Julian estaban relacionados con algo mucho más oscuro de lo que había imaginado.

Julian le advirtió que no podían hablar allí porque había personas que conocían Blackthorn mejor que ellos y que quizá no estaban solos.

Eleanor creyó que estaba exagerando, pero Julian insistió en que debía marcharse de Inglaterra, vender la casa y renunciar a la herencia.

—¿Eso es lo que quieres? —preguntó ella.

—Quiero que estés viva.

Eleanor se negó. No podía aceptar que Julian apareciera después de ocho años y volviera a decidir por ella.

Entonces él le recordó una promesa que le había hecho en el pasado: siempre la protegería.

Eleanor respondió que aquello no era protegerla, sino abandonarla, y le exigió que demostrara que todo lo ocurrido había sido necesario.

Julian no pudo hacerlo. En lugar de eso, le entregó una dirección en Kent y le habló de un hombre llamado Thomas Vale.

—¿Quién es?

—Alguien que debería haber muerto hace mucho tiempo.

Antes de marcharse, Eleanor formuló finalmente la pregunta que había guardado durante ocho años.

—¿Me amabas cuando te fuiste?

Julian cerró los ojos.

—Nunca he dejado de hacerlo.

Aquella respuesta quebró las últimas defensas de Eleanor.

Lo llamó cobarde, mentiroso, incluso ambas cosas, y Julian aceptó todas las acusaciones sin defenderse.

Cuando ella le preguntó por qué había regresado precisamente ahora, él respondió que su padre había muerto.

Eleanor comprendió que aquella no era toda la verdad.

Había vuelto porque ella había regresado a Blackthorn.

Julian no lo negó. Y aquel silencio fue suficiente para que Eleanor comprendiera algo que había intentado olvidar durante años: quizá ella tampoco había dejado de amarle.

A la mañana siguiente, Lord Wexford llegó a Blackthorn.

Su actitud era cortés, pero Eleanor percibió inmediatamente que su visita tenía otro propósito.

Preguntó si había visto a Julian y si este le había hablado de Edmund Blackwood.

Cuando Eleanor mencionó el año 1879, la expresión de Wexford cambió.

—¿Qué ocurrió entonces? —preguntó ella.

Wexford evitó responder y le advirtió que algunas preguntas podían cambiar una vida.

Eleanor le recordó que su vida ya había cambiado demasiado.

Entonces el hombre le dijo que Blackthorn no era un lugar seguro y que los mismos secretos que se encontraban enterrados en aquella casa eran los responsables de la muerte de su padre. Eleanor reaccionó de inmediato.

—¿Cómo sabe que mi padre fue asesinado?

Wexford guardó silencio.

Eleanor comprendió que acababa de descubrir algo importante.

Wexford se limitó a sonreír y le aseguró que, cuando encontrara cierta habitación, tendría las respuestas que buscaba.

Antes de marcharse, añadió que aquella era la habitación que su padre había cerrado doce años atrás y que en su interior se encontraba la razón por la que Julian Blackwood había desaparecido.

Aquella tarde, Eleanor buscó nuevamente a la señora Whitmore.

Le preguntó directamente por la habitación secreta.

La mujer palideció al descubrir que Wexford había hablado de ella y explicó que el padre de Eleanor había prohibido mencionar su existencia.

Eleanor insistió en saber dónde estaba, pero Whitmore se negó.

La promesa, explicó, no se la había hecho a su padre, sino a su madre.

Eleanor quedó desconcertada.

—¿Mi madre sabía lo que había allí?

La señora Whitmore la observó con una expresión difícil de interpretar.

—Su madre sabía más de lo que usted imagina.

Eleanor insistió hasta que la mujer terminó pronunciando unas palabras que se convertirían en una nueva pieza del misterio.

—No podrá encontrarla.

—¿Por qué?

—Porque la puerta no está donde usted cree.

Eleanor sintió un escalofrío.

—Entonces, ¿dónde está?

La señora Whitmore se alejó lentamente.

—Pregúntele a la casa.

Eleanor permaneció sola en el vestíbulo, intentando comprender aquellas palabras.

La habitación secreta, la llave, la carta de su padre, la Navidad de 1879, Julian, Edmund Blackwood, Thomas Vale y ahora Lord Wexford parecían formar parte de una misma historia que alguien había protegido durante doce años.

Entonces escuchó un golpe. Esta vez procedía del piso superior. Eleanor levantó lentamente la mirada hacia la escalera. Y comprendió que, de alguna manera, Blackthorn acababa de darle su primera respuesta.