CAPÍTULO TREINTA Y SEIS
Tom y yo terminamos de pagar, cada uno en silencio con nuestros propios pensamientos, y nos dirigimos de regreso al carro. Tom sacó su celular y abrió su lista de contactos.
—¿A quién llamas a esta hora?
—A Brian Tarson. Es el tipo que nos va a conseguir información sobre Giovanni.
—Sabes que son casi las tres de la mañana, ¿verdad? Quizá deberías esperar a una hora decente para llamar.
—Esta es una hora decente para él —Tom se rió.
—Curiosos horarios de trabajo.
—Oye, Brian es un tipo raro. Es un hacker de 21 años que vive en un almacén remodelado con suficiente equipo informático como para iniciar una pequeña guerra.
Es paranoico, tiene TDAH severo y vive de bebidas energéticas, Adderall y comida chatarra.
El chico es absolutamente brillante y puede hackear cualquier cosa.
El fiscal ha intentado enjuiciarlo varias veces, pero siempre sale libre porque no podemos encontrar a un experto lo suficientemente inteligente para explicar lo que hace.
—¿Y crees que este tipo nos ayude ?
—Seguro.
—Debes caerle muy bien.
—No, en realidad odia a casi todos, pero tiene una debilidad por los perros, y desde que conoció a Banshee en uno de sus arrestos, está fascinado con él.
Tom empezó a marcar, pero se detuvo antes de presionar el último número.
—Algunas reglas que necesitas saber. Odia su nombre. Si dices Brian o Tarson, nos cuelga. Tienes que llamarlo «El BT». Si omites el «El», nos cuelga, y no le hagas perder el tiempo. Si le haces perder el tiempo, nos cuelga.
Tom marcó el número, y El BT contestó inmediatamente.
—¿Quién chingados es? Tienes tres segundos.
—Oficial Nocal. Necesito un favor.
—¿Cómo está Banshee?
—Mejorando cada día.
—Bien. Tráelo un día de estos. Estoy listo.
—Four Seasons la semana pasada. Un tipo llamado Giovanni se registró. Necesito su nombre completo y contacto, además de cualquier otra cosa útil que puedas encontrar.
Antes de que Tom terminara de hablar, escuchamos el tecleo rápido en el fondo. Parecía como si tuviera 37 dedos trabajando simultáneamente en cinco teclados.
—Este tipo sí que sabe escribir rápido —murmuré a Tom.
El tecleo se detuvo de inmediato.
—¿Quién está contigo? —preguntó El BT.
—Mi amigo, Doc. Es de confianza. A Banshee le cae bien.
—Está bien.
El tecleo frenético continuó. En menos de un minuto, tuvimos una respuesta.
—Giovanni Romanelli. Fecha de nacimiento: 15 de agosto 1983. ¿Algo más?
Sacudí la cabeza, impresionado por la rapidez con la que había obtenido la información .
—Necesito una foto y datos de contacto.
—Te estoy enviando una foto ahora mismo —dijo, mientras el teléfono de Tom sonaba con un mensaje entrante—. El tipo vive en Dallas, pero viene aquí cada dos semanas. Probablemente por trabajo.
Hubo una breve pausa mientras continuaba escribiendo.
—Definitivamente es por trabajo. Usa una AMEX corporativa para los cargos.
—¿Cuándo es su próxima visita?
—Tienen suerte. Se registró ayer por dos noches. Está en la habitación 528. El junior suite. Le va bien, al parecer.
Se escuchó más tecleo.
—Búscalo en el bar del hotel después de las siete. Usualmente toma unos tragos mientras está aquí. Prefiere un vodka gimlet. Guácala.
—Última cosa. ¿Tiene familia?
Quince segundos después de tecleo, respondió: —Esposa desde hace ocho años y tres hijos menores de cinco años.
Tom levantó el puño en señal de victoria.
—Gracias, El BT. ¿Te debo algo?
—Trae a Banshee. Y también unos Flamin’ Hot Cheetos.
Colgó sin decir más. Me di cuenta de que había estado conteniendo la respiración durante la conversación a toda velocidad.
—Ese tipo es intensísimo.
—En realidad, para él fue bastante tranquilo. Deberías verlo cuando realmente se altera.
—¿Cómo demonios consigue toda esa información tan rápido?
—Trató de explicármelo una vez. Dijo que ahora todo está en línea y, por lo tanto, todo está conectado.
Si sabes cómo navegar por los túneles virtuales que conectan estos sitios, puedes llegar a cualquier parte de internet.
Afirmó que literalmente no hay información conectada a internet a la que eventualmente no pudiera acceder si quisiera. Y le creo.
—Recuérdame borrar todas mis redes sociales cuando llegue a casa.
Tom y yo estudiamos la foto que El BT había enviado.
Giovanni Romanelli definitivamente podría clasificarse como un Amante Italiano.
Unos ojos oscuros color café nos miraban desde debajo de una cabellera desordenada de pelo negro azabache.
Su mandíbula angulosa y marcada mostraba una barba de unos días, lo suficientemente larga como para parecer accidental, pero lo bastante corta como para ser intencional.
Su sonrisa brillaba con una dentadura que uno normalmente vería en anuncios de blanqueamiento dental.
—Buen tipo, con buena pinta —observó Tom.
Tuve que estar de acuerdo.
—¿Quieres que te consiga una cita con él?
Tom se rió en voz alta.
—No, pero tú vas a estar sentado en ese bar esperándolo esta noche.
—¿Cuál es el plan? —pregunté con cautela.
Tom enumeró los puntos con los dedos.
—Sabemos que está aquí por negocios. Sabemos que en su último viaje se reunió con una escort que ahora ha sido asesinada, y sabemos que tiene una esposa a la que ama y tres hijos en casa.
Estoy bastante seguro de que si le explicas esas tres cosas de la manera correcta, va a estar más que dispuesto a hablar contigo a cambio de tu silencio.
Asentí mientras lo pensaba. El plan definitivamente podría funcionar.
—De acuerdo. Lo voy a hacer. ¿Tú vienes?
—Para nada. Soy oficial, y si Jane se entera, me va a esposar y llevar a la cárcel ella misma.
—¿Y yo?
—Eres un ciudadano común y corriente entablando una conversación con un increíblemente atractivo italiano en el bar de un hotel. Perfectamente normal.