CAPÍTULO SEIS
Planeaba regresar a casa, agarrar una pequeña bolsa con algunas pertenencias personales y salir a la carretera. No necesitaba llevar mucho consigo, y no quería recordar nada de su tiempo en Houston. Nuevas cosas la esperaban en su destino soñado.
Una vez más, fantaseó con su nueva vida.
Conseguiría una linda casita en la playa.
Siempre había querido vivir cerca del océano.
Tendría palmeras en la parte de enfrente y una enorme terraza con una hamaca en la parte trasera, donde podría relajarse bajo el sol de la tarde y leer novelas románticas.
Tendría un pequeño gimnasio donde podría hacer ejercicio y practicar yoga, y una tina de hidromasaje en la parte trasera para relajarse después.
El nuevo carro sería definitivamente un convertible rojo. Nunca había conducido un convertible, pero sabía que le encantaría. La idea de manejar con el sol brillando sobre ella y el viento soplando en su cabello le llenaba de entusiasmo y le provocaba una sonrisa poco común .
Y también conseguiría un perro. Un buen y leal compañero que la mantendría segura, como ese perro policía en la sala de urgencias, quien la protegería en todo momento. Nadie volvería a hacerle daño.
Sus fantasías continuaron mientras manejaba hacia su departamento. Una nueva cama king-size, ollas y sartenes nuevos para la cocina, ropa completamente nueva. Estaba planeando toda una vida nueva.
Cuando llegó a su departamento, se sentía casi feliz. Observó el edificio en ruinas por última vez. Pintura descascarada y balcones oxidados acentuaban un edificio cuadrado de dudosa integridad. No extrañaría ese deprimente lugar.
Subió al segundo piso, abrió la puerta y entró en la sala de estar. Ni siquiera vio el puño que golpeó el costado de su cara y la dejó inconsciente.