La última nota de la muerte (Misterios acogedores de Lottie Reamer 1) ​[ ​5​ ]​ #3
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—Desde luego despertaba emociones intensas —coincidió Lottie—. En la recepción, me fijé en que parecía alterado cuando hablaba con la señorita Wright.

Era arriesgado mencionar la discusión que habían escuchado, pero Lottie observó su reacción con atención. Edgar se puso rígido y sus manos, encallecidas por años de trabajo en el jardín, se cerraron ligeramente a los costados.

—El duelo afecta a cada persona de forma distinta —dijo tras una pausa que se prolongó más de la cuenta—. Penelope y Harriet tenían una historia complicada.

—Eso hemos oído —dijo Jillian—. Algo sobre un desacuerdo comercial por propiedad intelectual.

—Entre otras cosas.

Edgar se encaminó hacia la puerta, señal inequívoca de que la visita tocaba a su fin.

—¿Necesitan algo más para el helecho?

Lottie decidió jugarse el todo por el todo.

—En realidad, tenía curiosidad por algo. Una pieza musical llamada «Nocturno en las sombras». ¿Le dice algo ese nombre?

El efecto fue fulminante. Edgar se quedó paralizado y su rostro curtido palideció visiblemente.

—¿Dónde ha oído ese nombre?

—Estaba en unas partituras en la sala de música de Harriet —dijo Lottie, sin quitarle ojo—. El día que murió.

Edgar pareció envejecer diez años en un instante; las arrugas de su rostro se acentuaron mientras se aferraba al respaldo de una silla cercana.

—Entonces está pasando otra vez —murmuró, casi para sí—. Después de tantos años…

—¿Qué está pasando otra vez? —preguntó Jillian con delicadeza.

Él las miró como si acabara de recordar que estaban allí.

—Tienen que irse. Ahora.

—Edgar, por favor —insistió Lottie—. Si sabe algo sobre la muerte de Harriet…

—Lo que sé —la interrumpió con voz baja e intensa— es que hay música que jamás debería escucharse. El Nocturno solo ha traído tragedia a quienes lo poseen. Primero James, luego Harriet. Quién será el siguiente depende de quién lo tenga ahora.

—¿Conoció a James Carver? —preguntó Jillian, sorprendida.

El rostro de Edgar se volvió impenetrable.

—Ya he dicho demasiado. Por favor, váyanse.

Las empujó prácticamente hacia la puerta, pero cuando Lottie puso un pie en el porche, se volvió.

—Una pregunta más: ¿conoce a Alexandra Carver?

Algo brilló fugazmente en los ojos de Edgar: reconocimiento, sin duda, pero también algo que bien podía ser miedo.

—Manténgase alejada de ella, señorita Reamer. Por su propia seguridad. Y no deje que nadie vea ese colgante.

Con esa advertencia críptica, cerró la puerta con firmeza y las dejó plantadas en el porche con el helecho moribundo de Lottie y más preguntas que respuestas.

—Bueno —dijo Jillian mientras volvían al coche—, eso ha sido…

—¿Sospechoso? ¿Inquietante? ¿La confirmación de que Edgar sabe mucho más de lo que cuenta?

—Todo lo anterior.

Jillian desbloqueó las puertas del coche.

—Está claro que conoció a James Carver en persona, y esa tal Alexandra le aterroriza.

—Y el Nocturno —añadió Lottie—. Habló de él como si estuviera maldito.

Mientras se alejaban de Melody Mansion, el sol poniente proyectaba largas sombras sobre los terrenos y confería a la elegante casa una silueta siniestra contra el cielo del crepúsculo. Lottie se sorprendió tarareando una melodía melancólica, intentando imaginar cómo sonaría una composición por la que mereciera la pena matar.

—Tenemos que encontrar a Alexandra Carver —dijo al fin—. Es la pieza que falta.

—De acuerdo —respondió Jillian—. Será lo primero que hagamos después de reunirnos con Reynolds mañana.

—Si es que no me arresta.

—No lo hará —dijo Jillian con más confianza de la que Lottie sentía—. Hemos reunido información valiosa. En cuanto le contemos lo que hemos averiguado sobre el Nocturno…

—Si se lo contamos —la interrumpió Lottie.

—¿Cómo que «si»? Pues claro que se lo vamos a contar. Esto es una investigación de asesinato, no material para tu próxima canción.

—Pero ¿y si él ya lo sabe? ¿Y si la policía está metida en esto de alguna manera? Las partituras que desaparecieron de la mano de Harriet… eso es una prueba que se esfumó. Y Reynolds nos estaba siguiendo hoy. ¿Por qué iba a hacer eso si no tiene algo que ocultar?

Jillian frunció el ceño.

—Te estás precipitando, Lottie. Lo más probable es que simplemente esté vigilando a su principal sospechosa.

—Puede ser —concedió Lottie, aunque no estaba convencida—. Pero creo que deberíamos ir con cuidado con lo que revelamos mañana. Al menos hasta que sepamos más sobre Alexandra Carver y qué papel juega en todo esto.

Mientras conducían en el crepúsculo creciente, Lottie no lograba quitarse de encima la sensación de que las estaban observando, no solo Reynolds, sino alguien más, alguien vinculado al misterioso Nocturno y a su legado mortal. Se llevó la mano al colgante de plata que llevaba al cuello y se preguntó si era una pista, una advertencia o una diana que la marcaba para el próximo golpe del asesino.

Fuera como fuese, una cosa iba quedando clara: encontrar al asesino de Harriet ya no era solo cuestión de limpiar el nombre de Lottie.

Era cuestión de detener a quien estuviera dispuesto a matar por una pieza de música, antes de que esa persona decidiera que Lottie y Jillian sabían demasiado para seguir con vida.