La última noche de carnaval CAPÍTULO VEINTICUATRO MANO A MANO #2
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CAPÍTULO VEINTICUATRO MANO A MANO #2

Su tono no era necesariamente de defensa ante un ataque, pero sí nervioso.

Por eso me detuve, mirándola en detalle, como si fuera la primera vez.

La delicadeza de sus facciones, la suavidad de sus rostro que ahora tenía las cejas levantadas y la boca ligeramente entreabierta, los ojos saltones buscando algo más en mi voz que no se atrevía a preguntar.

Acusar a su hermano y marido en mi cabeza, o incluso con Marcos de testigo, era una cosa, pero decírselo a ella… no podía hacer eso, no con pruebas circunstanciales, que sabía de sobra que no iban a sostenerse en un tribunal.

Sin embargo, antes de que pudiera responderle pude ver como una persona se nos acercaba con rapidez, escabulléndose entre la gente. Y me costó reconocerla, al siempre verla en par, pero sus ojos eran los mismos: perspicaces, certeros y, sobre todo, preocupantes.

—¿Podemos hablar, Chiara?

Fruncí el ceño, sorprendida.

—Me vas a tener que disculpar, pero no tengo nada más que decir para tu episodio, Floren.

Ella puso los ojos en blanco, irritada, como si fuera una locura considerar que solo por eso me estaría buscando.

—No es por eso, nenita —dijo, tras bufar—. Es importante. Y mejor que sea a solas —añadió, mandándole una mirada asesina a Nicki a mi lado, quien solo parecía incómoda, pero no necesariamente ofendida.

Me enderecé, alzando el mentón al mirarla.

—Perdón, querida, capaz no estás acostumbrada a que te nieguen cosas, pero no tengo nada que hablar contigo. Ya dije todo lo que tenía que decir, podés escucharlo de tu grabadora si te quedaron dudas.

Floren chilló , literalmente, pasándose las manos por la cara como si se la quisiera arrancar.

Al volverme a ver su semblante estaba oscurecido, pero también más sereno.

—Mi hermano vino a Melo ese verano para el carnaval, pero no para lo que vos pensás.

Su confesión me dejó sin aire, haciendo que me llevara una mano al pecho.

—¿Qué?

—Ah, ahora sí te interesa lo que digo, ¿verdad?

Dios, no puedo creer que tengo que hablar esto contigo, que tenés no sé, doce años y no sabés cerrar el orto con las cosas que no te incumben —protestó, enojada.

Nicki pegó un respigón ante su crudeza, pero yo solo continué mirándola fijo, esperando que siguiera hablando—: ¿Ahora sí podemos ir a otro lado a hablar? No tengo todo el día.

Entrecerré los ojos, pensando qué tanto podía tirar de la cuerda.

—Nicole viene también. Cualquier cosa que quieras decirme puede echarla ella también.

Si Florencia Bandelli iba a incriminar o defender a su hermano de alguna manera, no iba a permitir que fuera su palabra contra la mía. Y tener a alguien como Nicole Da Rosa-Delgado de testigo era vital para mantener mi credibilidad, eso lo sabía de sobra.

Floren la miró de arriba abajo, para luego detenerse en su cara y suspirar.

—Da Rosa, ¿verdad? Bárbaro —dijo de forma irónica y visiblemente harta de siquiera tener que pasar por esa conversación, pero asintió con la cabeza al final—. Vamos, vamos.

Las concentraciones durante la semana del carnaval de Melo se centraban, obviamente, en el centro de la ciudad, por lo que el resto a pesar de tener calles más concurridas que de costumbre no dejaban de ser de pueblo del interior.

Por eso nos alejamos en silencio, ni siquiera caminando del mismo lado de la vereda, hasta llegar a un punto donde la música de las murgas ya no se escuchaba.

No la dejé arrepentirse ni un instante cuando pregunté:

—¿Qué estaba haciendo Ramiro acá en verano de 2014?

Floren respiró hondo, cruzándose de brazos y apoyándose contra la pared del callejón.

—Estaba visitando a su novio. —Soltó, de golpe, como si le costara un mundo verbalizarlo—. Eva sabía quién era y servía de tapadera para venir a Melo a verlo. Les había dicho a mis viejos que se iba a quedar en su casa y todo.

—¿Eh? —pregunté, repentinamente descolocada—. ¿Novio? Pero, Eva y él…

Floren chasqueó la lengua, divertida.

—¿No me digas que recién escuchás de la bisexualidad, querida?

—Florencia, te estoy hablando en serio.

—Yo también, Chiara —dijo, imitando mi tono al decir mi nombre—.

Mis padres son homofóbicos y yo… y yo nací y crecí en Treinta y Tres, ¿ta?

No era la persona más open mind del mundo y eso él lo sabía, y por eso no me lo contó en su momento.

Pero no voy a dejar que su terquedad en pleno 2024 lo meta en un quilombo de asesinato —explicó, encogiéndose de hombros—.

Hasta donde sé, Eva era la única persona a la que le había confesado todo.

Nunca le hubiera hecho daño. Era… era su amiga, de verdad.

Su muerte lo volvió a meter en el closet de una patada en el culo y todavía no salió de ahí.

—¿Y cómo estás tan segura? Si nunca te lo dijo directamente.

—Y porque leí directamente del cuaderno de su terapeuta en Trento, por supuesto. Seguro eso tenía más detalles que lo que sea que encontraste en internet vos con tus cositas de programación, ¿no? Hay cosas que solo se escriben a mano. Y sus problemas de ira no eran una de esas cosas.

Podría negar de lo que me acusaba, pero ambas sabíamos que era una pérdida de tiempo.

—¿Quién era su novio? —pregunté, al fin, tras organizar mis ideas.

Los ojos de Floren se deslizaron hacia Nicki, quien permanecía en silencio a un lado.

—Kamil Da Rosa, por supuesto.

—¿Qué? —protestó Nicki, negando con la cabeza—. Mi hermano tuvo muchas novias, él no…

—¿Tengo que repetir mi pregunta contigo también, princesa?

—Florencia, por Dios —chillé, irritada con la superioridad moral con la que estaba abordando el tema—. Explicame y dejá de tirar titulares que esto no es un capítulo de tu podcast. ¿Lo viste con Kamil o qué? No creo que lo mencionara por nombre en terapia.

—Lo vi en Bariloche cuando teníamos quince años, ahí se conocieron —dijo Floren, tras bufar—.

Imaginate que encontrar a otro puto en pleno 2005 en Treinta y Tres no era fácil, ¿no?

Así que no sé si siempre se sintió así o qué, pero que después siguió con eso seguro.

Capaz no fueron pareja de forma formal todos esos años hasta 2014, pero sé que estuvieron viéndose ese tiempo en Montevideo cuando fuimos a estudiar y…

—Kamil iba mucho a Treinta y Tres hace años —dijo Nicki, sorprendida consigo misma al recordarlo, mientras se llevaba una mano a la frente—. Por el campo. Por…, cosas, no sé.

—Eso también —puntualizó Floren, como si fuera lo más obvio del mundo—.

Creo que iban a blanquear la relación en ese verano, acá, pero la muerte de Eva lo traumatizó.

Me pidió que por favor nos fuéramos lejos, que no quería estar más en Uruguay, y yo le hice caso.

Porque es mi hermano y haría cualquier cosa por él —dijo, tras suspirar—.

Así fue como terminamos en el medio de la nada de Italia con un máster metido en el culo y sin volver por años a casa. Creo que se sintió, no sé, culpable .

—¿Culpable por qué?

—Porque, la razón por la cual tu hermana estaba en ese callejón esa noche era para encontrarse con él.

Y él se fue antes de ver nada —empezó a explicar, llevando su mano al bolso amarillo que colgaba de su hombro.

Sacó su celular y empezó a tocar la pantalla, mientras continuaba—: Fue para darle la careta para la última noche de carnaval.

La había pintado ella misma, igual a la de su novio.

Para que, si lo veían hablando con Kamil, todos pensaran que era Hugo.

Dio vuelta la pantalla del teléfono, mostrando una foto de la máscara blanca, de labios dorados y plumas rojas, colgada en una pared con otros adornos, a un lado de las banderas de Uruguay e Italia.

La segunda careta era para Ramiro, siempre había sido para Ramiro.

—¿Dónde…?

—Está en la casa de mis padres en Treinta y Tres. La tenemos como adorno hace años. Nunca supe de dónde había salido, hasta ahora. Le pedí a mi madre que me mandara una foto cuando hablaste de ella en el podcast, porque nunca se había mencionado por la policía.

—Era… era parte de la evidencia —murmuré, tratando de procesar la información—. No salió en las noticias.

—Y lo vamos a editar del podcast. No quiero nada que meta a mi hermano en esta mierda —dijo Floren, con el ceño fruncido—.

Le costó un mundo volver a parecer feliz, encontró en investigar asesinatos uruguayos alguna clase de consuelo por entorpecer el de Eva y la verdad es que a mí me chupa un huevo.

No voy a permitir que vuelva a estar triste como en Trento, ¿entendiste? Ni por vos ni por nadie.

El diseño de la segunda careta estaba clavado en mi memoria, pero atado a la idea de que Eva la había hecho para encubrir una infidelidad hacia Hugo, no para proteger a alguien más, a pesar de que eso sí iba unido a los aspectos de mi hermana que yo simplemente conocía y no necesitaba de nadie más para concretar.

Era una pieza más del rompecabezas que, finalmente, encajaba .

—Te creo.

—Y sí, lo menos que podés hacer, nena, si te estoy dejando todo en bandeja.

Luché, de verdad, por no poner los ojos en blanco.

—Y ahora vos creeme cuando te digo que estamos del mismo lado, que creo que a Ramiro le interesa encontrar quién mató a mi hermana tanto como a mí, y ahora sé que a vos también —empecé a decir, barajando mis ideas—.

Y créeme que me van a ayudar a hacerlo. Por ustedes y por mí, empezando ahora mismo.

Floren rio, inmediatamente decidiendo no tomarme en serio, hasta que notó mi seriedad.

—¿Nos querés chantajear, Chiarita?

—No —dije, con lentitud, planeada y pausada—. Así que no me hagas hacerlo.

Estiré una mano hacia ella, alzando una ceja.

Floren apretó la mandíbula con tanta fuerza que temí que sus dientes se hicieran polvo.

Pero, finalmente, estiró su mano, estrechando la mía.

—Te creo.