CAPÍTULO 54
LOS TITULARES
La noticia se hizo pública un jueves.
Al principio no aparecían nombres. Horas después ya había fotografías antiguas, referencias a un familiar de una de las amigas y especulaciones suficientes para llenar años enteros. Laura apagó el móvil. Un periodista llamó a la puerta de la casa. La alarma lo grabó. No abrió.
Otro envió un correo preguntando por «la sorprendente relación familiar entre la desaparecida y una testigo clave». Laura lo borró.
—Van a seguir —dijo Sergio por teléfono.
—Ya.
—Podemos llevarnos a Nora unos días.
—No quiero que parezca que huimos.
—Tampoco hace falta que una niña aprenda cómo funciona la prensa apostada en una puerta.
Tenía razón.
Nora pasó tres días en Barcelona. Laura y Daniel se quedaron en Calella con persianas medio bajadas y una paciencia limitada. A la segunda tarde, Laura salió por la puerta principal. Había dos periodistas.
—Laura, ¿puede confirmar que Clara Mas era hermana suya?
Laura se detuvo. Daniel, detrás, dijo su nombre en voz baja. Ella se giró hacia las cámaras.
—Clara era una persona antes de ser un caso —dijo—. Si vais a hablar de ella, al menos recordad eso.
No respondió nada más. Al día siguiente, esa frase apareció en varios artículos. Laura se arrepintió durante una hora.
Después no.
Marta le llevó pan y tomates como si un escándalo mediático se solucionara con comida.
—En los pueblos siempre se ha hecho así —dijo.
—Esto no es exactamente un resfriado.
—El pan sirve para casi todo.
Laura rió.
Marta miró la casa.
—Elena estaría orgullosa de ti.
Laura se quedó seria.
—No sé.
—Tienes razón. No debería hablar por ella.
—Gracias.
Marta asintió.
La corrección pequeña le pareció a Laura un signo de que todos estaban aprendiendo algo. No hablar por los muertos. No hablar por quien no recuerda. No convertir el miedo en permiso. A la semana los periodistas disminuyeron. Calella volvió a su ritmo.
Las barcas siguieron en la arena. Las persianas se cerraron un poco antes. Y por primera vez tuvo la impresión de que la historia de Clara podía salir al mundo sin pertenecerle por completo a quienes la habían ocultado.