La última noche de agosto CAPÍTULO 48
84%

CAPÍTULO 48

LO QUE QUEDA DE UN PADRE

Laura aceptó ver a Jordi doce días después de la detención. No porque Carme se lo recomendara. De hecho, Carme le dijo que no necesitaba hacerlo. La visita fue breve y controlada. Jordi entró acompañado. Llevaba ropa sencilla y la barba crecida. Parecía más pequeño.

Laura se sorprendió al descubrir que no sentía satisfacción.

—Hola —dijo él.

—Hola.

Se sentaron.

Jordi miró sus manos.

—¿Cómo está Nora?

La rabia volvió.

—No preguntes por ella.

Él asintió.

—De acuerdo.

Silencio.

—¿Por qué querías verme? —preguntó Jordi.

Laura había preparado preguntas. Ninguna le servía ahora.

—Quería comprobar si al verte seguiría dudando de mi memoria.

Jordi levantó la mirada.

—¿Y?

—No.

Él cerró los ojos.

—Laura, no espero que me perdones.

—Bien.

—Pero quiero que sepas que no salí de casa aquella noche pensando en matar a Clara.

—Eso no mejora nada.

—Lo sé.

—¿De verdad?

Jordi tardó.

—Durante años me dije que fue un accidente. La caída lo fue. Lo que hice después…

No terminó.

El aire pareció espesarse.

—Di la frase.

—No puedo.

—Claro que puedes. Clara pudo decirte papá mientras se ahogaba. Tú puedes decir una frase sentado en una silla.

Jordi empezó a llorar. Laura no sintió compasión.

Tampoco placer.

—La solté —dijo él.

La frase fue casi inaudible.

—¿Y después?

Jordi negó.

—No.

Laura se levantó.

—Entonces esto es todo.

—Laura.

Ella se detuvo.

—Te quise toda mi vida.

Laura lo miró.

—Ese es el problema. La gente usa «te quiero» como si borrara lo que hace después.

Jordi lloró en silencio.

—Yo también te quise —dijo Laura—. Y probablemente una parte de mí te querrá siempre. No significa que vuelvas a entrar en mi vida.

Salió.

En el pasillo notó que le temblaban las piernas. No había conseguido una confesión completa. No había sentido cierre. Había conseguido algo más humilde.

Dejar de esperar que su padre se convirtiera, en una conversación, en el hombre que ella necesitaba que hubiera sido.