La última noche de agosto CAPÍTULO 47
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CAPÍTULO 47

NORA PREGUNTA

Explicar a una niña que su abuelo estaba detenido fue más difícil que recordar una muerte. Laura y Sergio lo hicieron juntos.

Se sentaron con Nora en el salón de la casa de Calella. Daniel salió a caminar para darles intimidad.

—El abuelo ha hecho una cosa muy mala hace mucho tiempo —dijo Laura.

Nora frunció el ceño.

—¿Cómo mala?

—Hizo daño a una persona y después mintió.

—¿A Clara?

Laura buscó la mirada de Sergio. No habían esperado que Nora llegara tan deprisa a esa conclusión.

—Sí.

—¿La de la foto?

—Sí.

Nora pensó.

—¿Por eso no está?

La garganta se le cerró.

—Sí.

Nora bajó la vista a su conejo.

—¿El abuelo va a la cárcel?

Sergio respondió.

—Eso lo decidirán unas personas que se encargan de esas cosas.

—¿Tú estás enfadada con él?

Laura asintió.

—Mucho.

—¿Y triste?

—También.

Nora pareció satisfecha de que dos cosas pudieran ser ciertas a la vez.

—¿Clara era tu amiga?

Laura tomó aire.

—Era mi amiga. Y hemos descubierto que también era mi hermana.

Nora abrió mucho los ojos.

—Entonces era mi tía.

La palabra dejó a Laura sin defensa.

Mi tía.

Clara había pasado de fotografía, desaparecida, hermana a otra cosa que se extendía hacia el presente.

—Sí —dijo—. Era tu tía.

Nora miró la foto que seguía sobre el aparador.

—Se parece un poco a ti.

Laura sonrió llorando.

—Eso dicen.

—¿Puedo poner su foto en mi habitación?

—¿Por qué?

—Porque si era mi tía no quiero olvidarme.

Sergio se cubrió los ojos un segundo. Laura abrazó a Nora. Aquella noche imprimieron una copia nueva de la fotografía de Clara en El Canadell, la que no llevaba ninguna frase detrás. Nora la puso sobre una estantería junto a un dinosaurio de plástico.

La vida hacía mezclas extrañas. Más tarde, Sergio se quedó en la terraza con Laura.

—¿Vas a volver a Barcelona? —preguntó.

Laura miró el mar entre los pinos.

—No lo sé.

—No te lo pregunto por Nora. Podemos organizarnos.

—Ya.

—Te lo pregunto porque llevas años diciendo que no sabes dónde quieres estar.

Laura sonrió.

—Qué exmarido más pesado.

—Es mi única función ahora.

—No. También traes pizza.

Sergio rió.

Se quedaron en silencio.

—Daniel parece buen tipo —dijo él.

Laura lo miró.

—No hagas esto raro.

—Tú lo has hecho raro al decirlo.

—Cállate.

Sergio sonrió.

Por primera vez, Laura pensó que quizá el final de una vida no era necesariamente el fracaso de esa vida. Su matrimonio podía haber terminado sin convertirse en enemigo. Su madre podía haberla amado y haber sido cobarde. Clara podía haber muerto y seguir cambiando cosas.

Dos verdades a la vez. Nora lo entendía mejor que todos ellos.