CAPÍTULO 46
ELENA Y MERCÈ
Entre los papeles de Elena había una carpeta que Laura no había abierto.
Ponía «M.»
Durante la primera semana pensó que eran documentos médicos. La abrió después de la declaración de Àlex. Dentro había cartas de Mercè escritas durante los años posteriores a la desaparición.
No muchas.
2009.
«Elena, dime que tú también notas que Jordi miente.»
2010.
«No quiero volver a ver esa cala. No quiero que conviertan a Clara en una chica borracha que se cayó. Mi hija tenía miedo de algo.»
2012.
«He encontrado una copia de una foto de las niñas en 1996. Mira cómo se parecen cuando se ríen. Debimos decírselo.»
Laura sostuvo esa fotografía. Dos niñas de cuatro años en una playa, con el mismo gesto al cerrar los ojos por el sol. Hermanas sin saberlo. Una carta de 2018 estaba escrita con una letra temblorosa.
«Estoy enferma y no tengo tiempo para seguir fingiendo que puedo esperar. Si tú sabes algo, dímelo. No para denunciar. Ya no sé ni qué quiero. Solo quiero saber si Clara tuvo miedo al final.»
Laura tuvo que dejar de leer. Elena nunca contestó por escrito. O no había guardado las respuestas. En el fondo de la carpeta encontró un sobre que jamás se envió. La letra de su madre.
«Mercè: Si te digo la verdad, me odiarás.
Si no te la digo, seguiré odiándome yo. Vi a Jordi y a Àlex junto a una barca.
Clara no estaba a la vista. Jordi me dijo que había muerto y que Laura la había empujado.
Le creí porque necesitaba creer que mi hija no iba a perder la vida también.
No llamé. No pregunté lo suficiente. Años después entendí que el miedo no me hizo inocente.
Solo explica por qué fui cobarde. No sé si Clara sufrió.
Ojalá pudiera decirte que no. Lo siento. »
La carta no tenía fecha. Quizá Elena nunca había encontrado valor para enviarla antes de que Mercè muriera. Aquella noche llamó a Marta.
—¿Mi madre hablaba de Mercè?
—Mucho al final.
—¿Se perdonó alguna vez?
Marta tardó.
—No.
Volvió a la fotografía de las dos niñas.
—Yo tampoco sé si puedo perdonarla.
—No tienes por qué decidirlo ahora.
Laura agradeció la respuesta. No «era tu madre». No «hizo lo que pudo».
Solo tiempo.
Guardó las cartas de nuevo. Antes de cerrar la carpeta, encontró una nota de Elena en una esquina.
«La verdad no devuelve a nadie. Pero la mentira se lleva a más gente.»
Laura pensó en su matrimonio acabado sin violencia, en Nora, en Sergio, en Daniel, en los años que había vivido sin saber. Su madre había tardado diecisiete años en entenderlo. Laura decidió que ella no tardaría otros diecisiete.