La última noche de agosto CAPÍTULO 45
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CAPÍTULO 45

LO QUE HIZO ÀLEX

Àlex declaró al día siguiente con abogado. Esta vez, según Vidal, sin medias verdades. La inspectora llamó a Laura cuando terminó y le preguntó si quería conocer únicamente la parte que podía facilitarle sin perjudicar las diligencias. Laura dijo que sí antes de pensarlo.

Se encontraron en una cafetería lejos de Calella.

—Àlex confirma que Jordi impidió que Clara saliera del agua —dijo Vidal—. También confirma lo que ocurrió después.

Laura entrelazó las manos bajo la mesa.

—Dígamelo.

—Cuando usted perdió el conocimiento y Daniel subió a pedir ayuda, Àlex bajó otra vez. Dice que encontró a Clara encajada entre dos rocas unos metros más allá de la zona donde había caído.

—¿Estaba muerta?

Vidal sostuvo su mirada.

—Dice que no pudo asegurarlo.

—Eso es una respuesta jurídica.

—Es la respuesta que ha dado.

Laura respiró por la nariz.

—¿Respiraba?

—Al levantarla oyó un sonido. Una tos, un gemido o agua saliendo de los pulmones. No sabe distinguirlo. Jordi le dijo que Clara ya estaba muerta.

Laura cerró los ojos. La diferencia entre «no sé» y «estaba muerta» podía haber ocupado diecisiete años.

—¿La llevaron en la barca?

—Sí.

—¿Dónde?

—Salieron mar adentro. Àlex condujo. Jordi se quedó en la parte trasera con Clara.

—¿Y después?

Vidal hizo una pausa.

—Puedo parar aquí.

Laura negó con la cabeza.

—Quiero saberlo una vez. No quiero imaginármelo cien.

—Àlex dice que Jordi envolvió a Clara en una manta y añadió peso antes de arrojarla al agua.

Laura se levantó tan deprisa que la silla rozó el suelo. Llegó al baño y vomitó. Cuando volvió, Vidal había pedido agua y había apartado el café.

—Lo siento —dijo la inspectora.

—No es usted quien tiene que sentirlo.

Laura se sentó.

—Hay algo más —dijo Vidal—. Àlex conservó un objeto.

Mostró en el teléfono una fotografía tomada durante el inventario policial. Dentro de una bolsa de evidencia había una cadena fina con una pequeña luna de plata. Laura la reconoció. Clara la llevaba en muchas fotos.

—Dice que la encontró enganchada en la manta cuando regresaron —explicó Vidal—. La guardó en un sobre. Durante años se contó que era un seguro por si Jordi intentaba culparlo.

La pequeña luna de plata parecía pesar demasiado dentro de la bolsa de evidencia.

—Entonces no era un seguro.

—No. Un seguro se usa. Esto parece otra cosa.

—Culpa con forma de objeto.

Laura pensó en la cinta deformada que había encontrado dentro de la almohada de Elena.

—¿Y la cinta que llevaba Clara?

Vidal consultó sus notas.

—Àlex dice que la encontró mojada en uno de sus bolsillos cuando movieron a Clara hasta la barca. Se la guardó y, a la mañana siguiente, se la entregó a Elena. No le contó la verdad; dijo que la había encontrado en la cala.

—Así llegó a mi madre.

—Eso afirma él. Lo que Elena hizo después con la cinta no puede explicarlo.

Laura recordó la funda de almohada cosida por dentro. Al menos una parte de la cadena acababa de cerrarse.

Vidal no respondió, pero tampoco la contradijo. Laura recordó a Clara comprando un colgante en un mercadillo. No sabía si la escena era un recuerdo auténtico o una imagen construida a partir de fotografías y relatos. Por primera vez no intentó decidirlo.

—¿Van a buscarla?

—Sí. Con las indicaciones de Àlex se puede acotar una zona. Pero han pasado diecisiete años y hablamos del mar. No quiero darle una esperanza falsa.

Laura asintió.

—No necesito que la encuentren para saber que existió.

—No.

Al salir, Laura vio a Mireia al otro lado de la calle, acompañada por su abogado.

Se miraron.

Mireia dio un paso. Laura negó con la cabeza.

Todavía no.

Quizá nunca.

Mireia lo entendió.