La última noche de agosto CAPÍTULO 43
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CAPÍTULO 43

LA DECLARACIÓN DE LAURA

Laura declaró durante casi tres horas. No fue como en las series. Nadie golpeó una mesa. Nadie dijo «empiece por el principio» con gravedad teatral.

Le pidieron fechas. Le hicieron repetir cosas. Diferenciar lo que recordaba de lo que le habían contado. Señalar cuándo una imagen había vuelto antes o después de ver una fotografía. Aquello la obligó a ser más rigurosa consigo misma de lo que había sido nunca.

—¿Vio a Jordi Serra soltar la mano de Clara Mas? —preguntó la agente.

Laura tomó aire.

—Lo recuerdo.

—¿Cuándo recuperó ese recuerdo?

—Hoy, en la cala, cuando vi a mi padre empujar a Mireia.

—¿Antes había visto fotografías de Jordi y Clara en la cala?

—Sí.

—¿Había escuchado testimonios que situaban a Jordi allí?

—Sí.

—¿Es posible que esos elementos hayan influido en su recuerdo?

El primer impulso fue decir que no.

Se detuvo.

—Es posible que hayan influido en detalles. Pero la escena de su mano y Clara agarrada abajo… la recuerdo como algo que estaba allí antes de poder nombrarlo. No puedo demostrar eso.

La agente asintió y siguió. Aquella honestidad, pensó Laura, era lo contrario de lo que su familia había hecho en 2009. No necesitaba que cada hueco se rellenara a la fuerza. Al salir, Daniel esperaba en un banco.

—¿Qué tal?

—Me siento como si me hubieran desmontado y vuelto a montar con tornillos distintos.

—Suena cómodo.

—Muchísimo.

Caminaron hasta el coche.

—Me han preguntado si mis recuerdos pueden estar contaminados.

Daniel asintió.

—Es una buena pregunta.

—La odio.

—Sigue siendo buena.

Laura lo miró.

—Tú no sabes consolar.

—Te dije que era malo comunicando.

En el coche, Laura recibió un mensaje de Sergio. Nora había perdido un diente. La foto la mostraba sonriendo con un hueco diminuto y el diente en la palma.

Laura rió.

—¿Qué?

Le enseñó el teléfono.

Daniel sonrió.

—Eso sí es una emergencia.

Laura llamó a Nora. Durante diez minutos hablaron del Ratoncito Pérez y de si podía localizar una casa en Calella. Cuando colgó, Laura se quedó mirando el teléfono.

—He pasado tres horas hablando de una muerte y en diez segundos mi hija me ha devuelto al mundo.

Daniel arrancó.

—Los niños son bastante eficaces para eso.

Laura pensó en Clara a los cuatro años en la foto de 1996. También había sido una niña que perdía dientes. No quería que la investigación la redujera al último minuto de su vida. Decidió que, cuando todo terminara, escribiría lo que recordaba de ella antes.