CAPÍTULO 40
ELLA Àlex no esperó a la policía. Cuando la patrulla llegó, ya se había ido. Laura repitió el vídeo varias veces.
«No es él. Es ella.»
—¿Quién? —preguntó Daniel.
Repasó mentalmente a las mujeres que quedaban dentro de la historia: Mireia, Marta; Elena era imposible y Mercè estaba muerta. Llamó a Àlex.
Sorprendentemente, contestó.
—¿Quién es ella?
—No puedo hablar.
—Has venido a mi casa a las dos de la mañana para decir una frase de cuatro palabras.
—Porque me están vigilando.
—¿Quién?
—Jordi cree que soy yo quien te está dando las fotos.
—¿Y no eres tú?
—No.
—Entonces, ¿quién?
Àlex respiró.
—Mireia.
Laura cerró los ojos.
—No.
—Ella tuvo mi teléfono. Ella sabía de la cámara. Ella ha sabido toda la vida dónde estaba la caseta.
—Mireia me dio los mensajes que te incriminan.
—Exacto.
Laura se quedó callada.
—¿Por qué iba a amenazarme para que dejara de buscar y al mismo tiempo darme pruebas?
—Porque quiere controlar qué encuentras y cuándo. Porque está aterrada.
—¿De qué?
Àlex bajó la voz.
—De que recuerdes lo que hizo después de que tú cayeras.
La llamada se cortó. Buscó la reacción de Daniel.
—Dice que es Mireia.
Daniel negó.
—Àlex puede estar intentando desviar todo.
—Puede.
Laura llamó a Mireia.
No contestó.
Fue a su casa con Daniel y dos agentes, después de explicar la llamada. La puerta estaba abierta. Dentro, un salón ordenado, luces encendidas, una taza de té todavía templada. Mireia no estaba. En la mesa había un sobre con el nombre de Laura.
Uno de los agentes lo abrió con guantes. Dentro, una fotografía. Mireia, Àlex y Jordi junto a la barca en 2009. Mireia no estaba arriba con Laura como había dicho.
Estaba abajo.
Ayudando.
Detrás de la foto había una frase escrita a mano:
«Perdóname por no haber sido la persona que recuerdas.»
Un vacío se abrió dentro de ella. La policía registró la vivienda. En un cajón encontraron una caja con copias de fotografías de la cala. También una impresora. Y hojas del mismo tipo usado para las amenazas. Daniel se quedó mirando a Laura.
—Àlex tenía razón.
Laura negó lentamente.
—No del todo.
Cogió con cuidado una de las impresiones. La amenaza «VETE ANTES DE RECORDAR» estaba hecha con una tipografía sin serifa. La impresora de Mireia podía haberla hecho. Pero la palabra HERMANAS en el cristal había sido escrita a mano. No para asustarla. Ahora lo entendía.
Mireia había intentado llevarla hacia la verdad y alejarla al mismo tiempo. No era una amenaza coherente. Era una persona quebrada. El teléfono de Laura vibró. Un mensaje de Mireia.
«Estoy en la cala. Ven sin policía. Voy a contártelo todo.»