La última noche de agosto CAPÍTULO 33
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CAPÍTULO 33

UNA NOCHE EN LLAFRANC

Después de la fotografía anónima, Laura no quiso que Daniel se quedara en la casa.

—Si alguien nos vigila aquí, prefiero moverme.

Fueron a su piso en Llafranc. La policía sabía dónde estaban. Sergio tenía la dirección. Laura había empezado a convertir la prudencia en una lista de pequeñas acciones concretas en lugar de un estado permanente de miedo. Daniel cocinó pasta.

—No sabía qué cocinabas.

—Hervir agua no cuenta como talento.

—Depende de con quién te compares.

Comieron en una mesa pequeña junto a la ventana. Desde allí apenas se veía un trozo de puerto entre edificios.

—¿Te parece raro que estemos cenando? —preguntó Laura.

—Mucho menos que todo lo demás.

—Hace dos semanas no sabía quién eras.

—Hace dos semanas yo no sabía que ibas a volver.

Laura enrolló pasta en el tenedor.

—¿Nunca miraste mis redes?

Daniel se rió.

—Claro que sí.

—Ah.

—No todos los días. No seas narcisista.

—¿Cuándo?

—Al principio bastante. Luego cada varios años. Vi que te casaste. Vi a Nora cuando nació. Dejé de mirar un tiempo porque me parecía una forma estúpida de hacerme daño.

Laura bajó el tenedor.

—Yo no sabía que existías.

—Lo sé.

—Es injusto.

—Sí.

—Podrías enfadarte más.

—Ya lo hice hace quince años. Fue agotador.

Laura sonrió.

Después de cenar, Daniel sacó una caja de fotografías de un armario.

—No quería enseñarte esto hasta que lo pidieras.

Había seis fotos de agosto de 2009. Laura y Daniel en Port Pelegrí. Laura dormida en una hamaca. Los dos en Llafranc. Una foto desenfocada de manos entrelazadas.

—¿Las guardaste?

—Sí.

—¿Por qué no están en un altar con velas?

—Porque no estoy loco.

Laura pasó una a una. En la última, ella miraba a Daniel con la misma sonrisa privada de la fotografía del 31. Esta vez no sintió miedo.

—Creo que me gustabas mucho.

—Era mutuo.

—Qué mala suerte.

—Bastante.

Laura levantó la vista.

—¿Y ahora?

Daniel no respondió enseguida.

—Ahora me gustas tú.

No «todavía».

No «otra vez».

Tú.

Laura se levantó y lo besó. Esa noche durmieron juntos por primera vez. Sin prometer futuro. Sin intentar recuperar una noche perdida. Con la puerta cerrada y los móviles sobre la mesita por si sonaba la policía. A la mañana siguiente, Laura despertó antes que Daniel.

Durante unos segundos no supo dónde estaba. No sintió pánico. Solo una pequeña risa. Había recuerdos nuevos que también podían empezar así.