La última noche de agosto CAPÍTULO 32
56%

CAPÍTULO 32

EL REGISTRO

El almacén de Àlex fue registrado el martes por la tarde. Laura no estuvo allí. La inspectora Vidal la llamó a las seis.

—Han encontrado una embarcación antigua.

Laura se sentó en el escalón de la terraza.

—¿La misma?

—Todavía no podemos decirlo. Es una lancha pequeña, de fibra, registrada originalmente a nombre del padre de Àlex. Coincide con el tipo que se buscó en 2009.

—¿Por qué no la encontraron entonces?

—Porque declararon que estaba en reparación en un taller de Begur.

—¿Y estaba?

—El taller cerró hace años. El propietario murió. En el expediente había una factura.

—Falsa.

—Eso habrá que demostrarlo.

Laura apretó el teléfono.

—¿Han encontrado algo más?

Vidal tardó.

—Una caja con material viejo. Cabos, chalecos, herramientas. Hay una manta con manchas. Se analizará.

Diecisiete años.

Una manta.

Laura no quería imaginar que podía quedar después de diecisiete años.

—¿Y Àlex?

—Ha ido voluntariamente a declarar con abogado.

—¿Mi padre?

—No sabemos dónde está ahora mismo.

Laura se levantó.

—Está aquí. Vino hace dos días.

—El coche de alquiler fue devuelto esta mañana en Girona.

Laura miró hacia la calle.

—¿Me estás diciendo que no saben dónde está?

—Te estoy diciendo que no te quedes sola.

Daniel llegó media hora después. Laura le contó lo de la barca.

—Se está acabando —dijo él.

Ella negó.

—No. Se está empezando a parecer a algo que puede acabar.

Daniel dejó una bolsa con cena sobre la mesa.

—Eso ya es bastante.

Nora regresaría al día siguiente. Laura quería que para entonces Jordi estuviera localizado. A las nueve recibió un mensaje de un número desconocido.

Una fotografía.

La casa, tomada desde el otro lado de la calle. La luz del salón encendida.

Debajo:

«Elena debió venderla cuando pudo.»

Laura se quedó fría. Se lo enseñó a Daniel.

—Llama a la policía.

Antes de que pudiera, sonó el timbre. Los dos se quedaron inmóviles. Daniel se acercó a la ventana lateral.

—No veo a nadie.

El timbre sonó otra vez. Laura llamó a emergencias mientras Daniel miraba por la mirilla.

—Es una bolsa.

—No abras.

Esperaron.

Una patrulla llegó doce minutos después. Fuera no había nadie. La bolsa contenía una caja de cartón. Dentro había el marco familiar que alguien había girado boca abajo días antes. El cristal estaba roto. La fotografía había sido sustituida.

Ahora mostraba una imagen ampliada de Laura a los diecisiete años, en la cala, de rodillas junto a las rocas. Detrás, escrito con rotulador:

«TÚ TAMBIÉN ESTABAS ALLÍ.»

Laura miró la foto. No sintió miedo. Sintió otra cosa. Reconoció el ángulo. La fotografía había sido tomada desde arriba, cerca del pino donde Daniel encontró la colilla. Alguien había tenido una cámara aquella noche. Alguien distinto de Clara. Y si existía esa fotografía, podían existir más.