CAPÍTULO 28
SANT SEBASTIÀ
Laura se apoyó en una pared y miró la costa.
—Obscenamente bonita —dijo.
Daniel sonrió.
—Eso dijiste.
—Ahora lo digo yo.
—También eras tu entonces.
Laura negó.
—Sí, pero no quiero vivir comparando versiones.
Daniel asintió.
Caminaron sin prisa.
—¿Sabes qué me da miedo? —preguntó Laura.
—Muchas cosas últimamente.
—Que si recuperó demasiado empiece a sentir que aquella Laura tiene más derecho a ti que yo.
Daniel la miró sorprendido.
—Eso es bastante retorcido.
—Gracias.
—Quiero decir que no estás compitiendo contigo misma.
—Tú recuerdas haber estado enamorado de ella.
—Y estoy conociendo a ti.
Laura se cruzó de brazos.
—Frase peligrosamente buena.
—La tenía preparada desde 2009.
Ella rió.
Se sentaron en un banco. Durante un rato hablaron de cosas que no pertenecían al misterio. Trabajo. La ciudad. La relación larga de Daniel que había terminado tres años antes. Los motivos por los que Laura y Sergio habían dejado de funcionar.
—No hubo una gran traición —dijo ella—. Creo que eso lo hizo más difícil de explicar. Nos convertimos en gente que administraba una casa y una niña.
—Eso también puede doler.
—Sí.
Daniel le contó que había querido tener hijos con una antigua pareja y que, cuando se separaron, pensó durante un tiempo que había perdido la oportunidad. Laura no respondió enseguida.
—No te estoy diciendo nada —añadió él.
—Ya lo sé.
—Bien.
—Te pones nervioso con mucha facilidad para ser tan misterioso.
—No soy misterioso. Soy malo comunicando.
—Eso sí me lo creo.
El sol empezaba a bajar. Laura pensó en el beso de la cala.
—Lo de antes…
—No hace falta definirlo.
—Gracias.
—Pero no me arrepiento.
Laura lo miró.
—Yo tampoco.
No se besaron otra vez. Aquello le pareció más importante. Podían estar juntos sin que cada momento tuviera que pagar una deuda con 2009.
Cuando volvieron al coche, Laura recibió un mensaje de Sergio: una foto de Nora comiendo pizza con salsa en la nariz. Laura se la enseñó a Daniel.
—Esta es mi vida —dijo.
Daniel miró la foto.
—Es una buena vida.
Laura pensó en la casa, en la cala, en Clara.
—Sí —dijo—. Lo es.