La última noche de agosto CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

LA TERCERA CINTA

Había una tercera cinta. No estaba en la caja. Eso fue lo primero que Mireia dijo cuando Laura le pidió que repitiera la frase.

—Clara la sacó del radiocasete antes de bajar. La llevaba en el bolsillo.

—¿La policía la encontró?

—No que yo sepa.

—¿Y mi madre?

—No sé.

Laura pensó en todas las cosas que Elena había guardado: cartas, tarjeta, fotografía. Una mujer podía construir un archivo entero con el miedo suficiente.

—¿Qué había grabado exactamente?

Mireia negó.

—No me acuerdo palabra por palabra.

—Inténtalo.

Mireia miró hacia el final de la calle.

—Dijo que había encontrado las cartas. Que Jordi era su padre. Que iba a obligarlo a decir la verdad. Y que Daniel no tenía nada que ver.

—¿Por qué mencionar a Daniel?

—Porque habían discutido esa tarde y Clara sabía que alguien podría usarlo.

—¿Mi padre?

Mireia no respondió. Laura regresó a la casa con una idea fija. La cinta había estado en el bolsillo de Clara. Si Clara había caído al mar, la cinta debería haberse perdido con ella. A menos que alguien hubiera vaciado sus bolsillos después.

Daniel estaba en el jardín con Nora. Habían construido una especie de ciudad con piedras y ramas. Laura lo llamó aparte.

—¿Viste el cuerpo de Clara?

La pregunta le cambió la cara.

—No.

—¿La viste caer?

Daniel miró a Nora antes de responder.

—Vi que discutíais. Vi llegar a tu padre. Después tú corriste hacia Clara. Yo estaba unos metros arriba. Oí un grito. Cuando llegué, tú estabas en el suelo.

—¿Y Clara?

—En el agua.

Un latido fuerte le sacudió el pecho.

—Entonces sí la viste.

—Vi algo en el agua. Bajé.

—¿Estaba viva?

Daniel se quedó callado.

—Daniel.

—La oí.

—¿Qué dijo?

—Mi nombre.

Laura cerró los ojos.

—¿La alcanzaste?

—Casi.

—¿Qué significa casi?

—Había oleaje. No era una cala para bajar de noche. Me corté una pierna. Tu padre gritaba desde arriba que saliera, que iba a llamar a emergencias. Clara estaba agarrada a una roca o a un escalón natural, no lo vi bien.

—¿Y saliste?

Daniel apretó la mandíbula.

—Tú estabas inconsciente. Mireia gritaba. Àlex dijo que él bajaría por otro lado. Yo subí unos minutos.

—¿Y cuándo volviste?

—Clara ya no estaba.

Le subió una oleada de náusea.

—Àlex se quedó con mi padre.

Daniel asintió lentamente.

—Sí.

—¿Volvió mojado?

Daniel la miró.

—Sí.

El jardín pareció inclinarse.

—¿Por qué nunca dijiste esto?

—Lo dije.

—¿A la policía?

—Sí. Dije que había oído a Clara. Que estaba viva después de la caída.

Tu padre dijo que con el ruido del mar era imposible que supiera que había oído.

Àlex dijo que él había bajado y no encontró a nadie.

Mireia no había visto esa parte. Y yo tenía alcohol en sangre, una herida en la pierna y había discutido con Clara horas antes.

—Pero Carme…

—Carme me creyó. Creo. No pudo demostrar nada.

Laura caminó hasta la puerta de la casa.

—La tercera cinta estaba con Clara.

Daniel entendió.

—Si apareciera…

—Significaría que alguien estuvo con ella después.

Entraron.

Laura sacó la caja metálica número 27 y revisó cada carta, cada doble fondo, cada borde. Nada. Subió al dormitorio de su madre. Abrió armarios. Cajones. Bolsos antiguos. Cajas de zapatos. Daniel no la detuvo.

Una hora después, Laura estaba sentada en el suelo rodeada de ropa vieja y papeles. Nora apareció en la puerta.

—Mamá, he encontrado otra cosa.

Laura estuvo a punto de reír.

—Por favor, dime que no es otro secreto familiar.

Nora sostenía una funda de almohada.

—Hay algo dentro que hace ruido.

Laura se levantó. La almohada había estado en la cama de Elena. Descosió una pequeña abertura en el forro interior. Cayó un sobre de plástico transparente. Dentro había una cinta de casete mojada y deformada por el tiempo.

En una etiqueta apenas legible se distinguían dos palabras escritas a mano: CLARA - 31.