CAPÍTULO 16
SERGIO
Sergio llegó el viernes con una mochila de Nora, una bolsa de supermercado y dos opiniones no solicitadas. La primera era que la nueva cerradura podía mejorarse.
La segunda, que Daniel tenía «cara de saber usar un taladro», lo que según Sergio era un cumplido importante.
Daniel rió.
Laura los miró a los dos.
—Esto es raro.
—Mucho —dijo Sergio.
—Bastante —dijo Daniel.
Nora entró en la casa gritando que había traído plastilina. Durante un rato, la vida se volvió ridículamente normal. Sergio guardó comida. Daniel reparó una persiana. Nora hizo una serpiente verde que terminó pegada a una pata de la mesa. Laura observó la escena desde la cocina.
Se había acostumbrado durante años a pensar que las separaciones producían dos bandos. La suya no. Había tristeza, enfado antiguo y días malos, pero no guerra. Sergio se acercó mientras Daniel estaba fuera.
—¿Te gusta?
Laura casi dejó caer un plato.
—No tengo quince años.
—No has contestado.
—No lo sé.
—Eso es un sí adulto.
—Cállate.
Sergio sonrió.
—Solo quiero saber si tengo que odiarlo por contrato.
—No existe ese contrato.
—Pues mejor. Me cae bien.
Laura dejó el plato.
—¿No te resulta extraño que yo hubiera tenido una relación con él y no lo supiera?
Sergio pensó.
—Me resulta triste por ti. No extraño para mí.
—¿No te molesta?
—Laura, nos hemos separado. Y aunque siguiéramos juntos, no te pediría cuentas por algo que ocurrió cuando tenías diecisiete años y que ni siquiera recuerdas.
Ella notó una punzada de gratitud.
—A veces eres insoportablemente razonable.
—Por eso no funcionamos. Tú necesitas conflicto.
Laura le dio con el trapo de cocina. Más tarde, cuando Nora dormía, Sergio se sentó con Laura en la terraza.
—Tu madre me caía bien —dijo.
—A todo el mundo.
—Eso no significa que no pudiera hacer cosas mal.
Laura lo miró.
—¿Por qué dices eso?
—Porque llevas días hablando de ella como si descubrir que te mintió obligara a decidir si fue buena o mala.
Laura guardó silencio.
—No funciona así —continuó Sergio—. Mira lo nuestro. Te quise. Te quiero de una manera distinta. Y también hubo años en que nos hicimos daño sin pegar ni gritar. Las cosas pueden ser ciertas a la vez.
Laura pensó en Elena pagando el IBI cada año. En las cartas escondidas. En su olor en los armarios.
—¿Cuándo te volviste profundo?
—En la AP-7. Había tráfico.
Laura rió.
Sergio se marchó el sábado por la mañana. Nora se quedó. Antes de subir al coche, se acercó a Daniel.
—Si la casa se incendia, primero sacas a la niña.
Daniel asintió solemne.
—Luego a Laura.
—Ya veremos —dijo Sergio.
Laura le hizo un gesto obsceno con la mano cuando Nora no miraba. Sergio se fue riendo. Daniel la observó.
—Me cae bien.
—No se lo digas. Se vuelve insoportable.
—Eso también te pasa a ti.
Laura lo miró.
—No abuses de los recuerdos que no puedo verificar.