Capítulo 47 — La historia continúa
De regreso a Colmar, el cielo comenzaba a oscurecer. Las luces del centro histórico ya estaban encendidas y los canales reflejaban los colores cálidos de las fachadas.
Bárbara llevaba la fotografía de Sophie entre las manos. Había algo profundamente humano en aquella imagen. Algo que el libro no había logrado capturar del todo. Sophie no parecía una heroína. Era una mujer feliz por un instante. Y eso hacía su historia aún más poderosa.
Se detuvieron en el mismo puente donde tantas cosas habían ocurrido. El agua corría tranquila.
Gabriele apoyó los brazos en la barandilla.
—¿Has pensado en escribir una segunda parte, quizás?
Bárbara levantó la vista.
—¿Sobre Sophie?
—Sobre lo que encontraste después.
Bárbara guardó silencio unos segundos.
—La historia ya cambió muchas vidas.
—Eso no significa que esté completa.
Ella lo miró.
—Hablas como si quisieras formar parte del próximo capítulo.
Gabriele sonrió.
—Tal vez ya formo parte.
Bárbara pensó en el libro. En las miles de personas que lo estaban leyendo. Y en quienes dejaban flores en el molino. En el periodista francés que seguía haciendo preguntas. Y ahora en aquella fotografía. Sophie y la niña. Un momento de luz en medio de una historia oscura.
—Quizá tengas razón.
Gabriele la miró.
—¿Sobre qué?
Bárbara sostuvo la fotografía.
—Quizá la historia de Sophie todavía no ha terminado.
La ciudad seguía viva. Las luces de Colmar brillaban sobre el canal.
Bárbara apoyó la mano sobre la barandilla del puente.
Por primera vez en mucho tiempo no pensaba en el pasado con dolor.
Pensaba en lo que aún podía encontrarse si seguía escarbando un poco más.
Cada vez que profundizaba en la historia, aparecían nuevas pruebas.
Cartas, mensajes, fotografías, historias inacabadas.
Quizá todavía podía escribirse una continuación.
Bárbara comprendió que algunas historias, incluso las que nacen del dolor, terminen encontrando también un lugar para el futuro.