La última Navidad de Sophie Capítulo 18 — La traición
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Capítulo 18 — La traición

Claire se giró en el banco hasta quedar frente a Bárbara, abandonando por fin la distancia prudencial que había mantenido hasta entonces.

Durante unos segundos pareció buscar las palabras adecuadas, como si aquella historia hubiera permanecido demasiado tiempo guardada, atrapada en algún rincón de su memoria desde el que se resistía a salir incluso ahora que ella misma había decidido contarla.

Bárbara recordó la última entrada del cuaderno, las palabras de su abuela todavía frescas en la memoria como si las hubiera leído hacía solo minutos en lugar de la noche anterior.

—Con una mujer que estaba dispuesta a hablar —dijo casi en un susurro.

Claire asintió.

—Esa mujer era mi madre.

La revelación cayó con una fuerza inesperada, una fuerza que Bárbara sintió físicamente, como si algo dentro de ella se hubiera reordenado de golpe.

—¿Su madre?

—Trabajaba para los Delacroix desde hacía tiempo y sabía muchas cosas. Demasiadas —dijo Claire.

—¿Qué ocurrió esa noche? —preguntó Bárbara.

Claire miró hacia el altar, como si la memoria pesara más allí dentro, como si necesitara la cercanía de algo sagrado para soportar el peso de lo que estaba a punto de confesar.

—Mi madre le contó a Sophie que la niña estaba viva. Que la mantenían escondida en una propiedad familiar cerca de los viñedos, fuera del pueblo.

—¿Y Sophie fue allí? — preguntó Bárbara, aunque ya creía conocer la respuesta.

—Quería hacerlo esa misma noche —dijo Claire.

—¿Su madre le ayudó? —preguntó Bárbara.

Claire tardó unos segundos en responder, y en ese silencio Bárbara pudo ver, con una claridad casi dolorosa, el conflicto que aquella pregunta seguía despertando en ella.

—No, no la ayudó.

Bárbara comprendió lo que había ocurrido antes de oír las palabras. La revelación que llegó como un frío repentino, mucho más penetrante que el de la piedra bajo sus pies.

Claire cerró los ojos.

—La traicionó. Mi madre tenía miedo. Los Delacroix eran demasiado poderosos. Si hablaba, nos destruirían a todos.

—Así que avisó a alguien —afirmó Bárbara.

—Sí. Delató todo su plan, sin omitir detalle —contestó Claire con tristeza.

—¿A quién? —preguntó Bárbara.

Claire levantó la mirada, y por primera vez desde que había entrado en la iglesia, Bárbara vio en sus ojos algo parecido al alivio de quien, después de décadas, finalmente suelta una carga que ya no puede soportar sola.

—Al administrador de la familia.

—¿Quién era? —preguntó Bárbara.

La respuesta llegó despacio, cada palabra pesando más que la anterior.

—El padre de Matthieu.

El nombre hizo que la historia encajara de golpe en un lugar nuevo, un lugar que Bárbara no había considerado hasta entonces, aunque, en retrospectiva, todas las piezas parecían haber estado señalando hacia allí desde el principio. El librero, la librería de las sombras, las evasivas.

Bárbara se puso de pie, incapaz de seguir sentada con aquella información recorriéndole el cuerpo entero como una corriente.

—¿Matthieu sabe todo esto?

—Sí. Claro que lo sabe —dijo Claire, casi ofendida.

—¿Y nunca dijo nada? —preguntó Bárbara, aun consternada por la noticia.

—Matthieu heredó el silencio de su padre. Siempre creyó que lo mejor era dejar que todo se olvidara —contestó Claire.

—Pero no lo hizo. El libro estaba en su tienda —dijo Bárbara, recordando el libro de tapas azules en la estantería, la fotografía deslizándose de entre sus páginas, todo aquel montaje que ya no le parecía en absoluto casual.

Claire asintió lentamente.

—Porque cuando usted llegó a Colmar, alguien decidió que la historia debía continuar.