Capítulo 26
La última prueba
La grabación de Laura había terminado, pero sus últimas palabras seguían resonando en la habitación.
Daniel miró a Clara y, por primera vez desde que habían comenzado aquella investigación, sintió miedo de hacerle la pregunta que ambos estaban evitando.
Si Laura había dicho la verdad, entonces todo lo que habían descubierto sobre la desaparición podía ser una distracción.
La casa de verano, el hotel, las fotografías, las cintas y las falsas memorias quizá solo habían servido para ocultar el verdadero motivo por el que alguien había manipulado la memoria de Daniel.
Clara permaneció sentada junto a la mesa, intentando procesar lo que acababan de escuchar.
Durante unos minutos ninguno habló. Después abrió lentamente la caja de madera y examinó el interior.
Había una pequeña fotografía pegada en el fondo, oculta debajo de la cinta.
La retiró con cuidado y la colocó bajo la luz.
Era una fotografía de los dos cuando eran niños.
Daniel reconoció inmediatamente el jardín de la casa de verano.
Él aparecía sentado en el suelo y Clara estaba de pie a su lado.
Detrás de ellos se encontraba Laura. Pero había algo que no encajaba: Clara llevaba en la muñeca la pulsera de plata con la estrella que habían visto en las fotografías anteriores.
—Esta fotografía es anterior a todo lo que recordamos —dijo Clara.
Daniel asintió.
—Y Laura ya estaba con nosotros.
Clara dio la vuelta a la imagen. En el reverso había una fecha y una frase escrita con la letra de Elena.
«La última prueba no está en los recuerdos. Está en lo que ocurrió después.»
Daniel comprendió inmediatamente el significado. Habían pasado demasiado tiempo intentando reconstruir el pasado a través de fotografías, grabaciones y memorias. Si alguien había manipulado todo aquello, necesitaban una prueba que existiera fuera de la memoria de cualquier persona.
Buscaron entre las cajas hasta encontrar un pequeño sobre sellado. Dentro había un documento médico antiguo. Daniel lo leyó varias veces antes de comprender lo que estaba viendo.
El nombre de Clara aparecía en la parte superior.
La fecha correspondía a la noche en que Laura desapareció.
Y en la última línea aparecía una anotación que hizo que Daniel sintiera un escalofrío:
«Paciente expuesta al procedimiento de reconstrucción de memoria.»
Clara palideció.
—Yo nunca recibí ningún tratamiento.
Daniel levantó la mirada.
—Eso es lo que querían que creyeras.
Debajo del documento había otra página. Esta vez no aparecía el nombre de Clara, sino el de Daniel. Ambos tratamientos estaban registrados con apenas unas horas de diferencia.
Entonces comprendieron la verdadera dimensión de lo ocurrido.
No habían manipulado solamente la memoria de Daniel.
Habían manipulado la memoria de los dos.
Clara se llevó una mano a la boca mientras intentaba recordar aquella noche. Las imágenes comenzaron a aparecer lentamente: un pasillo, una habitación blanca, su madre hablando con un hombre y Daniel sentado en una silla. Después recordó algo que nunca había contado.
—Yo te vi aquella noche.
Daniel la miró.
—¿Dónde?
—En la clínica.
La respuesta lo dejó paralizado.
Clara continuó, luchando contra las lágrimas.
—Estabas dormido. Había alguien junto a ti. Yo quería acercarme, pero mamá me llevó fuera. Me dijo que no debía hablar contigo hasta que todo terminara.
Daniel sintió que una parte de su memoria acababa de abrirse.
Recordó una puerta.
Recordó a Clara al otro lado.
Y recordó que alguien había pronunciado su nombre antes de apagar la luz.
Pero todavía faltaba una pieza.
Entre los documentos había una última hoja. No era médica. Era una declaración escrita a mano y firmada por la madre de Daniel.
Daniel comenzó a leer.
«Si alguna vez encuentran este documento, significa que el procedimiento no funcionó como esperábamos. Daniel recordará a Laura. Clara recordará a Daniel. Pero ninguno recordará por qué los dos tuvieron que olvidar.»
Debajo aparecía una segunda frase.
«La verdad no está en quién desapareció aquella noche. Está en quién sobrevivió a ella.»
Daniel dejó el documento sobre la mesa.
Clara lo miró.
—¿Qué significa?
Antes de que pudiera responder, el teléfono de Daniel vibró.
Había recibido un mensaje de un número desconocido.
Esta vez no había fotografía ni amenaza.
Solo una ubicación.
Daniel abrió el mapa y reconoció el lugar inmediatamente.
Era la antigua clínica.
Debajo de la dirección aparecía un mensaje:
«Venid los dos. Allí encontraréis la última prueba.»
Daniel miró a Clara.
Habían pasado semanas siguiendo pistas que siempre los llevaban a otra pregunta. Pero aquella vez era diferente. Si la última prueba seguía en la clínica, allí podría existir algo que nadie hubiera podido modificar: un registro original, una grabación, una persona que hubiera estado presente.
Clara guardó la fotografía y tomó la caja.
—Vamos.
Daniel asintió.
Cuando salieron de la casa, ninguno de los dos vio que, en la ventana del piso superior, alguien los observaba.
La figura permaneció inmóvil hasta que el coche desapareció por la carretera.
Después cerró la cortina.
Y colocó sobre la mesa una fotografía que Daniel todavía no había encontrado.
En ella aparecían Daniel y Clara frente a la clínica.
La imagen había sido tomada antes de que ambos llegaran allí.