La última Mentira Capítulo 22
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Capítulo 22

Lo que ocurrió aquella noche

D aniel volvió a mirar la fotografía que acababa de recibir.

La fecha correspondía a diecisiete años atrás, pero la imagen mostraba la casa de verano exactamente como estaba en ese momento.

La misma ventana, el mismo jardín, la misma puerta de entrada.

Solo había una diferencia: junto a la casa aparecía un coche que Daniel reconoció inmediatamente.

Era el coche de su padre. Si aquella fotografía había sido tomada la noche en que Laura desapareció, significaba que alguien había estado allí observándolos mientras todo ocurría.

Y si la fotografía había permanecido oculta durante tantos años, alguien había hecho todo lo posible para que nunca llegara a sus manos.

Clara observó el rostro de Daniel y comprendió que había tomado una decisión.

—Vas a ir.

Daniel asintió lentamente.

—Sí.

—Entonces yo voy contigo.

Daniel negó con la cabeza. El mensaje había pedido que fuera solo, y aunque sabía que podía tratarse de una trampa, también comprendía que quizá aquella era la única oportunidad de descubrir qué había ocurrido realmente.

Clara no aceptó su decisión. Había pasado demasiados años creyendo una versión de su infancia que ahora se desmoronaba delante de ellos, y no estaba dispuesta a quedarse fuera justo cuando comenzaban a aparecer las respuestas.

Cuando Daniel salió de la habitación, el hombre que los había acompañado seguía junto a la puerta. Lo observó en silencio y finalmente habló.

—Si vas allí, no confíes en lo primero que recuerdes.

Daniel se detuvo.

—¿Por qué?

—Porque aquella noche no ocurrió una sola vez.

La frase quedó suspendida entre ellos. Daniel no entendió su significado hasta que llegó al coche.

Mientras conducía hacia la parte trasera de la casa de verano, comenzaron a aparecer recuerdos que no seguían un orden normal.

Primero vio a Laura entrando por la puerta.

Después se vio a sí mismo hablando con ella.

Luego apareció su madre llorando en el jardín.

Finalmente recordó algo que hasta ese momento había sido imposible: él ya había estado allí horas antes.

La casa estaba completamente a oscuras cuando llegó.

Daniel apagó el motor y permaneció dentro del vehículo durante unos segundos.

La puerta principal estaba entreabierta.

Nadie parecía estar esperando fuera, pero una luz encendida en el piso superior indicaba que alguien había entrado antes que él.

Daniel bajó del coche.

Al atravesar la puerta, el recuerdo apareció con tanta fuerza que tuvo que apoyarse contra la pared.

Volvió a verse con diecisiete años menos, caminando por el mismo pasillo.

Laura estaba delante de él. Llevaba una chaqueta oscura y sostenía una pequeña bolsa.

Parecía asustada, pero no estaba huyendo.

Daniel la escuchó decir:

—Tu padre sabe que lo descubrí.

Él respondió:

—¿Qué descubriste?

Laura miró hacia la puerta antes de contestar.

—Que tu familia no está protegiéndote. Te está protegiendo de ti mismo.

El recuerdo desapareció.

Daniel abrió los ojos.

Había escuchado aquella conversación antes, pero nunca había conseguido recordarla completa. Ahora comprendía por qué Laura había acudido a él. No quería escapar de su familia. Quería advertirle.

Subió las escaleras y entró en la habitación donde había encontrado la caja. Sobre la mesa había una segunda grabadora. La encendió.

La voz de Laura llenó la habitación.

—Si Daniel escucha esto, significa que ya no pude explicárselo personalmente. No sé quién está escuchando esta grabación, pero necesito que quede registrado algo. Daniel no es responsable de lo que ocurrió aquella noche.

Daniel cerró los ojos.

La grabación continuó.

—Él me ayudó porque confiaba en mí. Me llevó hasta aquí porque necesitaba un lugar donde esconderme. Pero alguien llegó antes de que pudiéramos salir.

Se escuchó un ruido de fondo.

Después, la voz de Laura bajó hasta convertirse casi en un susurro.

—Era la persona que nunca debimos haber dejado entrar en la familia.

La grabación terminó.

Daniel permaneció inmóvil.

Entonces escuchó un ruido detrás de él.

No era un recuerdo.

Era real.

Se giró lentamente.

La puerta estaba abierta.

En el pasillo había una mujer.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

Daniel reconoció el rostro inmediatamente.

Era la mujer de la estación.

Era Sara.

Pero esta vez no estaba huyendo.

Entró en la habitación y cerró la puerta.

—Ya no puedo seguir escondiéndome —dijo.

Daniel sintió que todas las preguntas que llevaba semanas acumulando regresaban de golpe.

—¿Dónde está Laura?

Sara lo miró fijamente.

—No lo sé.

Daniel dio un paso hacia ella.

—Entonces, ¿por qué has estado siguiendo todo esto?

Sara bajó la mirada.

—Porque Laura me pidió que encontrara a Daniel si alguna vez conseguía recordar.

Daniel sintió un escalofrío.

—¿Recordar qué?

Sara tardó unos segundos en responder.

—La persona que viste aquella noche.

Daniel pensó inmediatamente en el hombre que había permanecido junto a la puerta.

Sara negó con la cabeza.

—No.

Daniel la miró confundido.

—No era él.

Sara levantó la mirada.

—Eras tú.

Daniel sintió que el suelo parecía desaparecer bajo sus pies.

Sara continuó antes de que pudiera reaccionar.

—Había dos Daniels aquella noche. Uno que recordaría lo ocurrido y otro que sería capaz de olvidarlo.

Daniel retrocedió lentamente.

Entonces comprendió que el mayor secreto de aquella historia no era quién había hecho desaparecer a Laura.

Era por qué todos habían necesitado crear una versión de Daniel que nunca pudiera recordar lo que realmente ocurrió.

Y, en algún lugar de aquella casa, todavía existía una prueba que podía demostrarlo.