Capítulo 21
La confesión
La fotografía permaneció entre las manos de Daniel mientras el silencio de la habitación se hacía cada vez más pesado.
La niña que aparecía entre él y Clara no era una desconocida.
Era la misma mujer que habían visto en la estación, la misma presencia que había aparecido una y otra vez en las fotografías y la misma persona cuya existencia parecía haber sido eliminada de sus recuerdos.
Durante años, Daniel había pensado que su infancia estaba llena de recuerdos incompletos.
Ahora comprendía que no estaban incompletos por accidente.
Alguien había decidido exactamente qué partes de su pasado podían conservar.
Clara tomó aire y miró al hombre que seguía junto a la puerta.
—Tú sabes quién es.
El hombre bajó la mirada.
—Sí.
—Entonces dinos su nombre.
Durante unos segundos pareció debatirse entre responder y guardar silencio. Finalmente se acercó a la mesa y dejó sobre ella una pequeña llave metálica. Daniel reconoció inmediatamente el número grabado en ella.
24.
—Su nombre es Sara —dijo el hombre—. Y no desapareció después de aquella noche. Desapareció mucho antes.
Daniel frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Significa que vuestro padre no necesitaba esconder a Sara de la gente. Necesitaba esconderla de vosotros.
Clara apretó la fotografía entre los dedos.
—¿Por qué?
El hombre respiró profundamente antes de responder.
—Porque Sara era la única persona que sabía lo que había ocurrido realmente con Laura.
Daniel sintió que una nueva pieza encajaba en la historia, pero todavía faltaba algo.
Si Sara conocía la verdad, ¿por qué había permitido que Daniel y Clara vivieran durante años creyendo una mentira?
¿Por qué había regresado ahora? Y, sobre todo, ¿por qué Elena había dejado tantas pistas antes de desaparecer?
—¿Dónde está Sara? —preguntó Daniel.
El hombre levantó la mirada.
—Más cerca de lo que crees.
Antes de que Daniel pudiera insistir, el hombre sacó un pequeño teléfono del bolsillo y lo colocó sobre la mesa. La pantalla mostraba una grabación pendiente de reproducir. Daniel reconoció la fotografía de Elena que aparecía como imagen de archivo.
La grabación comenzó.
Elena estaba sentada frente a una pared blanca. Su rostro parecía cansado, pero su mirada permanecía firme.
—Daniel, si has llegado hasta aquí, ya sabes quién es Sara. Ahora tengo que confesarte algo que nunca tuve el valor de decirte cuando estaba contigo.
Elena hizo una pausa y bajó la mirada.
—Yo sabía que Laura estaba viva después de aquella noche.
Daniel sintió un escalofrío.
—Y también sabía que alguien estaba intentando encontrarla. Pero no te lo dije porque creía que protegerte significaba mantenerte alejado de la verdad. Me equivoqué.
La grabación continuó.
—La persona que buscaba a Laura no era tu padre. Era alguien que llevaba años utilizando a nuestra familia para ocultar lo que había sucedido. Y yo fui cómplice durante demasiado tiempo.
Clara miró a Daniel.
Elena continuó hablando.
—Hay algo más. La noche en que Laura desapareció, tú no estabas allí por casualidad. Fuiste tú quien la llevó a la casa de verano.
Daniel se quedó completamente inmóvil.
—No —susurró.
Pero la grabación seguía.
—No lo hiciste para hacerle daño. Lo hiciste porque ella te pidió ayuda. Te dijo que había descubierto algo sobre tu familia y que no podía confiar en nadie más.
Elena hizo una pausa antes de pronunciar las palabras que cambiaron la expresión de Daniel.
—Y esa fue la última vez que Laura confió en ti.
La grabación terminó.
Daniel permaneció frente al teléfono sin poder apartar la mirada. Durante toda la investigación había buscado al responsable de la desaparición de Laura. Nunca había imaginado que la última persona que la había llevado hasta la casa de verano pudiera haber sido él.
Clara se acercó lentamente.
—Daniel, tú no recuerdas haberla llevado.
Él negó con la cabeza.
—Porque alguien se aseguró de que lo olvidara.
Entonces el hombre tomó la llave número 24 y la dejó delante de Daniel.
—Ahora ya tienes la primera parte de la confesión.
Daniel levantó la mirada.
—¿La primera parte?
El hombre asintió.
—La segunda está en el lugar donde Laura fue vista por última vez.
Daniel comprendió inmediatamente.
El hotel.
La habitación 24.
Pero antes de que pudiera decir una palabra, el teléfono de la mesa recibió un nuevo mensaje.
Solo contenía una frase:
«Daniel, si quieres saber qué ocurrió aquella noche, ven solo.»
Debajo aparecía una ubicación.
Y Daniel reconoció el lugar.
Era la casa de verano.
Pero la fotografía que acompañaba al mensaje había sido tomada diecisiete años atrás.