La última Mentira Capítulo 15
50%

Capítulo 15

La segunda fotografía

D aniel permaneció inmóvil frente a la pantalla después de que la llamada terminara.

Durante años había aceptado la muerte de su madre como uno de esos acontecimientos dolorosos que una familia aprende a colocar en un rincón de la memoria para poder seguir adelante.

Nunca había cuestionado realmente aquella versión.

Su padre había explicado que había sido una enfermedad rápida, que los médicos no habían podido hacer nada y que los últimos meses habían sido especialmente difíciles.

Elena nunca había hablado demasiado de ello.

Ahora, sin embargo, cada una de aquellas explicaciones comenzaba a parecerle una pieza cuidadosamente colocada dentro de una historia que alguien había escrito por él.

Clara se sentó lentamente frente a él y volvió a mirar la fotografía que habían encontrado en el archivo.

Su expresión había cambiado. Ya no parecía estar intentando descubrir quién era la mujer que aparecía junto a sus padres.

Parecía estar intentando recordar algo que llevaba demasiado tiempo enterrado.

—Cuando murió mamá, papá nos dijo que había estado en el hospital durante semanas —dijo finalmente—. Pero yo recuerdo otra cosa.

Daniel levantó la mirada.

—¿Qué recuerdas?

Clara cerró los ojos durante unos segundos. Parecía buscar las palabras adecuadas, pero cuando habló lo hizo con una seguridad que sorprendió incluso a Daniel.

—Recuerdo una noche. Yo era pequeña. Estaba despierta y escuché a mamá discutir con alguien en la cocina. No era papá.

Daniel sintió que una imagen atravesaba su mente. Una puerta entreabierta. Una luz amarillenta entrando desde el pasillo. La voz de una mujer hablando en tono bajo. Y después una frase que no consiguió escuchar completa.

—¿Puedes recordar quién era? —preguntó.

Clara negó lentamente con la cabeza.

—No su rostro. Solo recuerdo que mamá tenía miedo.

Daniel se levantó y comenzó a caminar por la habitación.

La fotografía seguía sobre la mesa. La mujer desconocida aparecía junto a su madre, su padre y Elena.

Si aquella mujer pertenecía realmente a la familia, entonces la frase escrita por su padre no había sido una metáfora.

Había un vínculo real. Y, por alguna razón, habían decidido ocultarlo incluso después de la muerte de su madre.

Entonces Daniel volvió a mirar la imagen.

—Espera.

Se inclinó sobre la fotografía y observó el fondo. Detrás de los cuatro adultos había una ventana. El cristal reflejaba una parte de la habitación que no aparecía directamente en la fotografía. Allí podía verse una segunda persona.

No era el hombre oculto detrás de la puerta.

Era una mujer.

Daniel amplió la imagen digitalizada hasta que los píxeles comenzaron a deformarse.

Clara se acercó.

—¿Quién es?

Daniel tardó unos segundos en responder.

—No lo sé.

Pero en realidad había algo en aquella silueta que reconocía.

La forma de los hombros. El cabello. La manera de inclinar ligeramente la cabeza.

Era la misma mujer que habían visto en la estación.

La misma persona que Elena había mencionado en una de sus grabaciones.

La mujer que no era Inés.

Clara se quedó mirando la pantalla.

—Entonces estuvo allí desde el principio.

Daniel asintió.

—Y alguien se aseguró de que no pudiéramos recordarla.

En ese momento encontraron una pequeña marca en la esquina inferior de la fotografía. No parecía importante: dos números escritos con tinta azul.

17 — 24

Daniel sintió un escalofrío.

Las dos cifras ya no eran simples números de habitaciones.

Habían aparecido una y otra vez desde el comienzo de la investigación, como si alguien hubiera construido un código alrededor de ellas.

La habitación 17 los había llevado hasta la casa de verano.

La 24 los había llevado al hotel. Ahora ambas estaban juntas en una fotografía tomada diecisiete años atrás.

Clara abrió el diario de Elena y comenzó a revisar las páginas rápidamente.

—Aquí.

Había encontrado una anotación que ninguno de los dos había visto antes porque estaba escrita con una tinta casi invisible entre dos párrafos.

«17 no es un lugar. 24 no es una habitación. Son fechas.»

Daniel sintió que algo dentro de él se rompía.

—¿Fechas?

Clara continuó leyendo.

«El primer recuerdo fue creado el día 17. El segundo fue eliminado el día 24.»

Debajo había otra frase.

«Y entre ambos ocurrió algo que nadie debe recordar.»

Durante varios segundos solo se escuchó el ruido del reloj.

Daniel levantó la cabeza.

—Tenemos que averiguar qué ocurrió entre esas dos fechas.

—¿Y cómo?

Antes de que pudiera responder, el teléfono de Clara recibió una notificación.

No era un mensaje.

Era una fotografía.

La abrió.

Durante unos segundos no entendió lo que estaba viendo.

Era una habitación oscura. Había una cama, una ventana cerrada y una lámpara encendida sobre una mesa. En la pared aparecía un reloj detenido exactamente a las 02:17.

Pero lo verdaderamente inquietante estaba junto a la ventana.

Elena estaba allí.

Mirando directamente hacia la cámara.

Clara amplió la imagen y descubrió algo escrito en el cristal.

«No busquéis a la mujer. Buscad al niño.»

Daniel sintió que la sangre se le helaba.

—¿Qué niño?

Clara no contestó.

Había ampliado todavía más la fotografía.

En la esquina de la habitación, parcialmente oculto detrás de una cortina, había un pequeño armario abierto. Dentro se veía una caja de madera.

Daniel reconoció inmediatamente aquella caja.

Era la misma que había mencionado al recordar a la mujer de la estación.

La caja que, según su recuerdo, alguien le había entregado cuando era niño.

—Yo la tenía —susurró.

Clara lo miró.

—¿Qué?

—La caja. La recuerdo. Pensaba que era un recuerdo de mi infancia, pero no estaba en casa.

Daniel se llevó una mano a la cabeza. Una sensación de presión comenzó a crecer detrás de sus ojos. La habitación blanca volvió a aparecer en su mente. La voz de su madre. La mano sobre su frente. La frase.

Esta vez consiguió escucharla completa.

«Cuando despiertes, Daniel, tendrás que creer que nunca viste a Laura.»

Abrió los ojos de golpe.

Clara lo observaba, asustada.

—¿Qué has recordado?

Daniel tardó en responder.

—Laura.

—¿Qué pasa con ella?

Daniel miró nuevamente la fotografía.

—Yo la conocí antes de aquella noche.

Clara palideció.

—Eso es imposible. Laura desapareció cuando nosotros éramos mayores.

—No —respondió Daniel—. Ese es precisamente el problema.

Señaló la fotografía.

—Laura no apareció aquella noche por primera vez. Ya estaba en nuestra vida mucho antes.

El teléfono volvió a vibrar.

Esta vez no era una fotografía.

Era un mensaje de Elena.

«Ahora ya recuerdas el primer secreto. Pero todavía no recuerdas por qué Laura tuvo que desaparecer.»

Daniel leyó el mensaje dos veces.

Después llegó uno último.

«Y cuando lo recuerdes, entenderás por qué tu madre tuvo que morir.»