La última Mentira Capítulo 11
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Capítulo 11

Recuerdos falsos

D aniel permaneció frente a la fotografía durante varios segundos, incapaz de apartar la mirada de aquella última frase.

Tu padre no fue quien te hizo olvidar. Fue quien te enseñó cómo hacerlo.

Las palabras parecían explicar algo que llevaba años intentando comprender, pero al mismo tiempo abrían una pregunta mucho más inquietante: si su padre le había enseñado a olvidar, ¿qué había ocurrido realmente aquella noche para que necesitara hacerlo?

Clara dejó el teléfono sobre la mesa y volvió a abrir el diario de Elena.

Pasó las páginas rápidamente hasta encontrar las anotaciones correspondientes a los meses posteriores a la desaparición de Laura.

Había referencias a médicos, sesiones de terapia y cambios de comportamiento, pero ninguna explicaba exactamente qué había ocurrido.

Sin embargo, en una de las últimas páginas aparecía una frase rodeada por un círculo varias veces: «No todos los recuerdos que Daniel ha recuperado son suyos. »

Clara levantó la mirada.

—Tenemos que averiguar qué significa esto.

Daniel sintió que el pecho se le cerraba. Hasta ese momento había pensado que recuperar recuerdos era la única manera de acercarse a la verdad. Ahora comprendía que podía estar reconstruyendo una historia que alguien había escrito por él.

—¿Crees que mis recuerdos son falsos?

—Creo que algunos pueden serlo.

Daniel se sentó lentamente. Cerró los ojos e intentó volver a aquella noche.

La habitación del hotel apareció de nuevo en su mente, seguida de la imagen de Laura llorando, Elena sujetándolo por el brazo y su padre esperando en el pasillo.

Todo parecía demasiado claro. Demasiado ordenado.

Por primera vez se preguntó por qué podía recordar algunos detalles con una precisión casi perfecta y, en cambio, no conseguía recordar qué había sucedido entre ellos.

Clara colocó una fotografía sobre la mesa.

—Mira esto.

Era una de las imágenes encontradas en la habitación 24. Daniel la había visto varias veces, pero Clara había marcado algo con un bolígrafo. En el fondo aparecía un reloj de pared.

—Las agujas no coinciden con la hora que aparece en el diario —explicó.

Daniel acercó la fotografía.

El reloj marcaba las 01:42.

La anotación de Elena situaba aquella escena a las 02:17.

—Eso significa que alguien cambió la hora —dijo Daniel.

Clara negó con la cabeza.

—O que la fotografía pertenece a otro momento.

Daniel volvió a mirar la imagen. Entonces comprendió algo que le produjo un escalofrío. Había estado utilizando aquella fotografía como prueba de que recordaba correctamente aquella noche, pero la imagen demostraba exactamente lo contrario.

Su memoria había unido escenas diferentes y las había convertido en un único recuerdo.

Daniel se levantó y comenzó a caminar por la habitación.

Cada paso parecía llevarlo hacia una conclusión que no quería aceptar.

Si sus recuerdos habían sido alterados, entonces la escena de su padre en el hotel podía no haber ocurrido como él la recordaba.

La voz que había escuchado podía pertenecer a otra persona.

Incluso la imagen de Laura dentro del coche podía ser una construcción creada a partir de diferentes momentos.

—Tenemos que encontrar a alguien que supiera cómo manipular recuerdos —dijo Clara.

Daniel se detuvo.

—Mi padre.

—Quizá.

—No. Hay alguien más.

Clara lo miró.

Daniel volvió al diario y señaló una anotación que hasta entonces habían pasado por alto. Elena había escrito el nombre de un centro médico situado a las afueras de Madrid. Debajo aparecía una fecha y una frase breve: «Allí comenzó el tratamiento.»

Clara buscó la dirección en el teléfono. El centro había cerrado hacía años, pero los registros indicaban que había pertenecido a un especialista en trastornos de memoria.

—¿Crees que te llevaron allí?

Daniel no respondió inmediatamente. Una nueva imagen acababa de aparecer en su mente.

Un pasillo blanco.

Una puerta.

Una mujer con bata.

Y su padre sentado a su lado.

Daniel se llevó una mano a la cabeza.

—Yo he estado allí.

Clara se acercó.

—¿Lo recuerdas?

—No sé si lo recuerdo o si alguien quiere que lo recuerde.

La diferencia entre ambas posibilidades comenzaba a resultar insoportable.

Esa misma tarde fueron hasta el antiguo centro médico.

El edificio llevaba años abandonado y una parte de las ventanas estaba cubierta con tablones de madera.

Daniel permaneció frente a la entrada durante unos segundos antes de decidirse a entrar.

Algo dentro de él le decía que ya había cruzado aquella puerta antes, aunque no podía determinar cuándo.

El interior olía a humedad y polvo. Los pasillos estaban casi completamente a oscuras. Clara utilizó la linterna del teléfono mientras Daniel avanzaba lentamente, siguiendo una dirección que parecía conocer sin saber por qué.

Llegaron a una puerta metálica.

Daniel se detuvo.

—Es aquí.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque recuerdo haber salido por esta puerta.

Clara iluminó el pequeño cartel que aún permanecía pegado a la pared.

Archivo clínico.

La puerta estaba cerrada, pero Daniel encontró una llave escondida detrás de una moldura. El descubrimiento fue tan preciso que ninguno de los dos necesitó preguntarse quién la había colocado allí.

Dentro había decenas de archivadores.

Clara comenzó a buscar mientras Daniel revisaba los documentos. Después de varios minutos encontró una carpeta con su nombre.

La abrió.

En la primera página aparecía una fotografía suya tomada cuando tenía treinta años.

Daniel sintió un vacío en el estómago.

La fecha de la fotografía era posterior a la muerte de su padre.

—Esto no puede ser —murmuró.

Clara tomó el documento.

En el apartado correspondiente al motivo de la consulta aparecía una frase que Daniel nunca había visto.

«Paciente presenta recuerdos recurrentes de un acontecimiento que no ha vivido.»

Daniel leyó la frase varias veces.

—¿Qué significa?

Clara siguió leyendo.

—Aquí dice que los recuerdos comenzaron después de una sesión de tratamiento.

Daniel sintió que la habitación se hacía más pequeña.

—¿Qué recuerdos?

Clara pasó la página.

Había una descripción detallada de la noche de Laura.

La habitación del hotel.

La discusión.

El coche.

La carretera.

El hombre del pasillo.

Todo coincidía con lo que Daniel había estado recordando.

Pero debajo aparecía una observación escrita a mano por el médico.

«El paciente está describiendo acontecimientos proporcionados previamente durante las sesiones. No son recuerdos espontáneos.»

Daniel dejó de respirar durante unos segundos.

—Entonces yo no recordaba aquella noche.

Clara levantó lentamente la mirada.

—Alguien te contó lo que había ocurrido y consiguió que lo sintieras como un recuerdo.

Daniel cerró la carpeta.

De repente, la imagen de Laura dentro del coche desapareció de su mente. No porque hubiera olvidado algo, sino porque acababa de comprender que quizá nunca había ocurrido.

—Entonces todo lo que he visto...

—Puede ser una historia que alguien puso en tu cabeza.

Daniel miró las paredes del archivo. Su padre podía haber iniciado aquello, pero alguien había continuado el proceso después de su muerte. Alguien había mantenido aquella mentira durante años y había esperado hasta que Elena desapareciera para comenzar a desmontarla.

Clara encontró otra carpeta.

No llevaba el nombre de Daniel.

Llevaba el de Elena.

Dentro había una única hoja.

«Paciente se niega a continuar el tratamiento. Afirma haber descubierto que los recuerdos de Daniel fueron manipulados deliberadamente. Advierte que, si habla, alguien intentará eliminar también sus propios recuerdos.»

Debajo aparecía una fecha.

Tres días antes de la desaparición de Elena.

Daniel miró a Clara.

—Ella sabía lo que me habían hecho.

—Y por eso desapareció.

—No. —Daniel negó lentamente—. Por eso alguien hizo que desapareciera.

En ese momento escucharon un ruido en el pasillo.

Ambos se quedaron quietos.

Una puerta se cerró al fondo.

Después escucharon pasos.

No eran rápidos.

Alguien caminaba tranquilamente hacia el archivo.

Clara apagó la linterna.

Daniel guardó las dos carpetas dentro de su chaqueta y ambos se ocultaron detrás de una estantería. Los pasos se acercaron hasta detenerse frente a la puerta.

La manilla comenzó a moverse.

Daniel contuvo la respiración.

La puerta se abrió.

Una silueta entró en el archivo y encendió una pequeña luz.

Durante unos segundos permaneció de espaldas.

Después habló.

—Sabía que acabaríais viniendo.

Daniel reconoció la voz.

No era la de su padre.

No era la de Elena.

Era la voz de la mujer de la estación.

Clara salió lentamente de detrás de la estantería.

La mujer se volvió hacia ellos. Su rostro ya no estaba oculto por la bufanda.

Daniel la reconoció.

No por la fotografía.

No por la estación.

La reconoció por un recuerdo que acababa de regresar.

Ella había estado sentada junto a él durante su primera sesión.

Y había sido ella quien le había dicho qué debía recordar.