La última Mentira CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

La fotografía

D aniel volvió a mirar la fotografía que tenía entre las manos.

El rostro que había reconocido al fondo de la imagen pertenecía a una persona que llevaba diez años intentando olvidar.

No era un desconocido ni alguien relacionado con Laura.

Era alguien mucho más cercano, alguien cuya presencia en aquella casa aquella noche nunca había mencionado a la policía.

La fotografía había conseguido algo que ninguna pregunta había logrado durante años: hacer que un recuerdo enterrado regresara de golpe.

—Tenemos que irnos —dijo Clara.

Daniel negó con la cabeza.

—Todavía no.

—¿No entiendes lo que significa esta fotografía? Si alguien la ha dejado aquí, sabe lo que ocurrió.

—Precisamente por eso quiero saber qué más ha dejado Elena.

Daniel examinó la habitación con más atención. La fotografía estaba sobre la mesa, pero debajo había una marca rectangular en la madera, como si durante años hubiera habido otro objeto colocado allí. Levantó la mesa y encontró una pequeña ranura en uno de los laterales. Dentro había un sobre.

Clara se acercó mientras Daniel lo abría.

En el interior había tres fotografías y una hoja doblada. La primera mostraba a Laura en el jardín de la casa de verano. La segunda mostraba a Elena hablando con alguien junto a la carretera. La tercera era diferente. Había sido tomada dentro de la casa y mostraba el pasillo de la planta superior.

En todas aparecía la misma persona al fondo.

La misma persona que Daniel acababa de reconocer.

—Esto no puede ser —murmuró Clara.

Daniel dejó las fotografías sobre la mesa.

—Elena sabía que íbamos a venir.

—¿Por qué?

—Porque dejó esto para nosotros.

Clara tomó la hoja y la abrió. Solo había unas pocas líneas escritas a mano. Reconoció inmediatamente la letra de Elena.

«Si habéis encontrado estas fotografías, significa que ya habéis descubierto la habitación. Ahora necesitáis saber por qué Laura estaba aquí aquella noche. No confiéis en lo que recordáis. Alguien se encargó de cambiar vuestra versión de los hechos.»

Clara leyó el mensaje dos veces.

—¿Cambiar nuestros recuerdos?

Daniel no respondió. La grabación de la noche anterior seguía resonando en su cabeza.

Durante años había aceptado que simplemente no recordaba algunos detalles porque había sido una noche traumática.

Ahora comenzaba a sospechar que el vacío de su memoria podía tener una explicación mucho más peligrosa.

En ese momento escucharon un golpe procedente de la planta baja.

Daniel guardó rápidamente las fotografías en el sobre y bajó las escaleras. Clara lo siguió. El salón estaba vacío, pero una de las ventanas estaba abierta. La cortina se movía lentamente y, sobre la mesa, había otro objeto que no habían visto antes.

Una llave.

Daniel se acercó y la tomó. Tenía una pequeña etiqueta metálica con un número grabado.

24.

Clara palideció.

—¿Qué es?

Daniel reconoció el número.

—Una habitación del antiguo hotel de la carretera.

—¿El hotel donde estuvimos aquella noche?

Daniel asintió.

Durante unos segundos ninguno habló. El hotel llevaba años cerrado, pero Daniel recordaba perfectamente que Laura había desaparecido después de haber estado allí. O al menos eso era lo que siempre había creído.

Su teléfono volvió a vibrar.

Esta vez el mensaje no contenía ninguna fotografía.

Solo decía:

«Preguntad quién salió del hotel a las 02:17.»

Daniel sintió un frío repentino en las manos.

Clara lo miró.

—¿Qué ocurrió a las 02:17?

Daniel abrió la boca para responder, pero no pudo.

Porque acababa de recordar algo.

Una puerta de hotel.

Una mujer llorando.

La voz de Elena diciendo su nombre.

Y después, un golpe.

El recuerdo duró apenas unos segundos, pero fue suficiente para destruir diez años de certezas.

Daniel miró a Clara.

—Yo estuve allí.

—¿Con quién?

Daniel cerró los ojos, intentando reconstruir aquella noche.

Entonces recordó una última imagen.

Laura estaba frente a él.

Pero no estaba sola.

Y la persona que permanecía a su lado era precisamente aquella a quien todos habían dado por muerta.