La última marea CAPÍTULO 13·Lo que Tomás iba a decir #2
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CAPÍTULO 13·Lo que Tomás iba a decir #2

Marta acudió para ampliar su declaración.

Confirmó que no había hablado de la carpeta con nadie fuera de Clara y la Guardia Civil.

Ni siquiera había explicado a Daniel cómo era.

En los primeros días se limitó a decir que faltaban unos documentos porque todavía esperaba que aparecieran entre los efectos de su hermano.

—¿Álvaro pudo verla antes? —preguntó Inés.

—No conmigo. Tomás la guardaba en casa.

—¿Era una carpeta que utilizara habitualmente?

—La tenía desde hacía años. Pero no salía con ella.

Inés no le contó qué había dicho Álvaro. Le pidió que no comentara la carpeta ni la reparación del vehículo y dio por terminada la ampliación.

Cuando Marta se marchó, Clara colocó sobre la mesa las piezas del caso actual. No necesitó las cajas de Julián. Inés había preparado copias de trabajo.

Tomás salió de casa con documentos y anunció que algo terminaría a la mañana siguiente.

Llamó a Álvaro. Murió pocas horas después en la Casa de Bombas.

La carpeta desapareció. Un SUV oscuro con el piloto derecho dañado abandonó una pista de las salinas.

Álvaro reparó ese mismo piloto al abrir el taller y mintió primero sobre el contacto con Tomás.

Después mencionó el color de una carpeta que no debía conocer.

—La reunión encaja —dijo Clara.

—Encaja mejor que cualquier alternativa que tengamos.

—Y que se llevara la carpeta.

—También. Pero seguimos sin poder colocar su vehículo en la pista de manera individual ni demostrar que el daño se produjo allí.

Inés trazó una línea bajo los dos últimos puntos.

—Tenemos motivo, oportunidad probable, mentiras y conocimiento no explicado. Lo que no tenemos es una pieza recuperada, una imagen del vehículo o un testigo de la reunión.

Clara observó la copia de la nota de Julián. Su padre había guardado duplicados en lugares distintos dentro de la casa, no por desconfianza, sino porque trabajaba así: originales, copias de consulta y referencias cruzadas.

—Álvaro sabe que Julián acumulaba documentación —dijo—. Tomás se lo contó durante la llamada.

—Y cree que hemos encontrado sólo lo que había en las cajas.

Clara entendió la dirección antes de que Inés terminara de ordenar los papeles.

—Una segunda copia.

—Una posibilidad controlada —corrigió la teniente—. No una prueba falsa.

Inés explicó los límites. No introducirían documentos fabricados en el procedimiento ni atribuirían a Julián una nota inexistente.

Comunicarían a Álvaro, y sólo a él, que una nueva lectura de las referencias de Julián señalaba un segundo paquete todavía no recuperado en una antigua cámara de inspección próxima a D-17.

La recuperación se realizaría a la mañana siguiente.

—Si no hace nada, no demuestra inocencia —dijo—. Si pregunta por vía legal, tampoco demuestra culpabilidad. Lo único útil sería una conducta que revele que conoce el lugar o que intenta retirar algo que, según su versión, no debería preocuparle.

—Puede contárselo a otra persona.

—Por eso la información tendrá un único destinatario y quedará registrada. Vigilaremos accesos, no una sola boca de la pista. Y no improvisaremos si aparece.

La decisión no dependía de Clara. Inés telefoneó para solicitar autorización operativa, expuso el riesgo de alteración de una posible fuente de prueba y dejó claro que el paquete no existía.

La medida no debía convertirse en una provocación ni en una excusa para detener a Álvaro por acercarse a una zona pública.

Esperaron casi una hora. Clara regresó a sus dos columnas.

En demostrado escribió: llamada, mentira sobre el contacto, reparación, conocimiento del color.

En inferido : reunión, carpeta sustraída, confesión interrumpida.

La diferencia entre ambas listas se había estrechado, pero seguía ahí.

Inés recibió la autorización con condiciones: vigilancia desde fuera del perímetro forense, grabación de accesos y ninguna intervención hasta que existiera un intento claro de entrar en la cámara señalada o retirar el paquete de control.

Un equipo colocaría antes del anochecer un envoltorio estanco con hojas en blanco.

No se incorporaría como evidencia documental; serviría únicamente para observar quién intentaba recuperarlo.

—¿Por qué junto a D-17? —preguntó Clara.

—Porque resulta creíble que tu padre escondiera allí una copia después de identificar el drenaje. Y porque Álvaro sostuvo que esas referencias no significaban nada para él.

Inés eligió una cámara secundaria de inspección que quedaba fuera de la excavación abierta, accesible desde el camino de servicio y suficientemente cerca para que la descripción fuera inequívoca.

Clara revisó el plano y confirmó que el acceso no obligaba a cruzar la zona donde seguían trabajando los forenses.

La teniente redactó las palabras que utilizaría.

No mencionaría vigilancia, paquete de control ni sospecha de homicidio.

Diría que necesitaban su colaboración para interpretar documentación de las antiguas obras y que convenía darle la oportunidad de aclarar cualquier relación antes de la recuperación.

Llamó a Álvaro con el altavoz activado y la grabación autorizada. Clara permaneció al otro lado de la mesa.

—Ha aparecido una referencia de Julián a una segunda copia —dijo Inés—. Estaría guardada en una cámara de inspección próxima a D-17. Vamos a recuperarla mañana a primera hora.

Hubo una pausa breve.

—No sé nada de ninguna copia —respondió Álvaro.

—Por eso se lo comunico. Si recuerda algo que pueda evitar una interpretación equivocada, llámeme.

Inés terminó la conversación y anotó la hora, el número utilizado y la frase exacta que había transmitido. Álvaro era la única persona ajena al equipo que sabía dónde debía aparecer el paquete.