CAPÍTULO 12·La historia incompleta
La historia incompleta
La sospecha sobre Álvaro sólo servía si podía resistir sin aquellas piezas.
—La empresa conserva lo exigible —dijo Inés—. De lo demás, plazos cumplidos y destrucción documentada.
—Qué oportuno.
—Qué normal. No conviertas una política de archivo en una confesión.
Clara aceptó la corrección y abrió el primer archivador.
El registro no mostraba el contenido de cada documento.
Anotaba fecha de entrada, referencia interna, departamento y persona encargada de preparar o revisar el expediente.
Los nombres aparecían a veces completos y otras reducidos a iniciales.
El sistema había cambiado dos veces entre 2007 y 2009, y las copias posteriores habían perdido parte del formato original.
Clara empezó por las referencias que Julián había unido mediante flechas.
La factura FC-3 correspondía a una certificación de trabajos en el sector norte.
Esa certificación remitía a un encargo con fecha de 2008 y a dos expedientes de adquisición de terrenos próximos a las salinas.
Uno de ellos sólo aparecía en el índice; la caja física figuraba destruida en 2016.
—No podemos saber qué contenía —dijo Inés.
—Podemos saber quién lo tramitó.
En la exportación, la columna de responsable alternaba nombres e iniciales. En varias filas figuraba «LF», asignada a comprobación de anexos y preparación de copias. La relación de personal incluía a Lucía Ferrer como auxiliar temporal durante aquel verano.
Clara anotó las referencias sin unirlas todavía. Lucía había trabajado en Rivas y Costa; eso ya lo sabía. Que sus iniciales aparecieran en un registro interno demostraba que había manipulado papeles de la empresa, no que hubiera descubierto nada irregular.
Buscó una conexión material.
En el segundo archivador había fotocopias de tres anexos de adquisición.
Las páginas procedían de expedientes distintos, pero compartían una plantilla, dos firmas y una fecha de validación anterior a la entrada que constaba en el registro.
Una de las copias llevaba en el margen inferior una marca a lápiz: «LF / cotejado».
—Esto puede haberlo escrito cualquiera —dijo Inés.
—Sí.
Clara comparó la presión, la inclinación y el tipo de lápiz con otras marcas del paquete.
No pretendía atribuir una escritura por apariencia.
Encontró, en cambio, una hoja de control impresa donde las tareas estaban asociadas a nombres completos.
«Lucía Ferrer» figuraba junto a las mismas tres referencias y a una cuarta que no se conservaba.
La tarea asignada era comprobar que los anexos coincidieran con los datos introducidos en el registro.
—Tenía delante las fechas de los documentos y las fechas de entrada —dijo Clara.
—Eso demuestra que podía compararlas.
—Y que trabajó con estos expedientes.
Inés fotografió la hoja de control y anotó de qué copia procedía. El documento había sido incorporado en 2010 a una revisión contable, lo que explicaba que sobreviviera cuando los expedientes originales no lo habían hecho.
Clara siguió la cuarta referencia hasta un listado de incidencias. Sólo quedaba una línea: «firma pendiente / fecha no coincidente». No aparecía el nombre de quien la había registrado ni una explicación posterior. La incidencia se cerró tres días después como subsanada.
—¿Qué significa subsanada? —preguntó Inés.
—Aquí, nada concreto. Podían haber corregido el documento, sustituido la copia o simplemente cerrado el aviso.
El expediente cuestionado se había destruido. No había forma de saber qué firma faltaba ni qué dos fechas no coincidían. Clara escribió en su hoja: incidencia registrada; resolución desconocida .
Revisaron las entradas anteriores y posteriores. Las iniciales de Lucía desaparecían del sistema poco después de la noche de las salinas. Eso tampoco demostraba nada por sí solo: su contrato temporal terminaba aquel mes. La coincidencia temporal sólo adquiría peso junto a lo demás.
Cuando Inés cerró los archivadores, Clara conservó en la mesa cuatro hechos separados.
Lucía tenía asignada la comprobación de anexos.
Esos anexos pertenecían a adquisiciones vinculadas al sector norte.
Varias fechas administrativas no encajaban.
Y una incidencia por firma y fecha había sido cerrada sin que sobreviviera el documento corregido.
No podían reconstruir todavía qué había visto Lucía ni qué hizo con ello. Pero su nombre aparecía dentro de la cadena administrativa de los documentos que Julián había marcado como irregulares.
La visita a Rivas y Costa se hizo con requerimiento escrito y sin aviso previo. Álvaro los recibió en una sala acristalada junto al archivo y leyó dos veces la relación de documentos solicitados.
—Ya entregamos todo lo que conservábamos —dijo.
—Vamos a comprobarlo sobre el sistema y las cajas originales —respondió Inés.
Clara había acudido para identificar las referencias que Julián había cruzado. No podía registrar cajones ni decidir qué se intervenía. Álvaro lo entendió enseguida.
—Otra vez como asesora.
—Como técnica —dijo Inés—. Las preguntas las hago yo.
El archivo ocupaba una habitación sin ventanas, con armarios compactos y un ordenador que sólo utilizaban para consultar aplicaciones antiguas. Una empleada dejó preparada la exportación de 2008 y salió. Inés pidió que Álvaro permaneciera fuera mientras cotejaban los datos.
La incidencia vinculada a Lucía aparecía también en el sistema. La entrada original había sido migrada como texto: «firma pendiente / fecha no coincidente». Tres días después constaba una copia de revisión solicitada por LF y, al día siguiente, el cierre de la incidencia.
—Registró el problema y pidió una copia —dijo Clara.
—Eso demuestra que lo vio —respondió Inés—. No qué pensó hacer con ello.
La caja física del expediente había sido destruida, pero el anexo reaparecía en una adquisición posterior.
Clara comparó esa copia con otro documento firmado por la misma parte.
Las firmas no sólo se parecían. Coincidían en cada inclinación, interrupción y mancha del trazado, incluida una sombra rectangular alrededor.
Una de ellas era una reproducción insertada en el anexo.
La fecha presentaba otro problema. El documento afirmaba que la validación se había efectuado antes de que la representación necesaria constara formalmente inscrita. Inés anotó las fuentes y pidió una pericial; Clara se limitó a describir la coincidencia material.
—La firma está reproducida —dijo—. La fecha no encaja con el registro externo.
—Y Lucía dejó una incidencia sobre firma y fecha —añadió Inés.
Por separado, cada dato admitía explicaciones administrativas. Juntos demostraban que Lucía había detectado al menos una anomalía real en documentos de adquisición de terrenos.
Pasaron al paquete de las obras del sector norte. La factura fechada en octubre de 2008 utilizaba el formulario implantado en enero de 2009. Los partes de maquinaria y la certificación situaban la ejecución entre marzo y mayo de ese año. El plano final mostraba D-17 ya desaparecido.
Clara ordenó las fechas en una hoja.
Agosto de 2008: Lucía registra la incidencia.
Después de aquella noche: sus iniciales dejan de aparecer porque termina su contrato.
Enero de 2009: entra en uso el formulario FC-3.
Primavera de 2009: se rellenan y clausuran las conducciones.
La factura creada con el modelo nuevo llevaba una fecha anterior a todos esos pasos.
Inés hizo entrar a Álvaro y colocó delante de él la secuencia, sin mostrarle las anotaciones privadas de Julián.
—¿Sigue sosteniendo que fue una reimpresión? —preguntó.
—Es la explicación más probable.
—¿Por qué se mantuvo la fecha de 2008?
—Porque podía corresponder a una reserva o a un encargo anterior.
—El proyecto se aprobó en 2009.
Álvaro juntó las manos sobre la mesa.
—Se hablaba de clausurar conducciones desde mucho antes. Que el papel definitivo sea posterior no significa que la necesidad naciera ese día.
—¿Quién ordenó conservar la fecha antigua?
—No sé si alguien lo ordenó. Habría que preguntar a quien migró la contabilidad.
—¿Y quién tramitó el paquete?
Álvaro miró la exportación del sistema, no a Clara.
—Administración. Yo no mecanizaba facturas.
La respuesta seguía siendo posible. También evitaba un nombre.
Inés pidió la relación completa de usuarios y las operaciones asociadas a la referencia. El programa tardó varios minutos en generar el informe. Álvaro se levantó para llamar al responsable informático, pero la teniente le indicó que permaneciera en la sala.
El listado separaba las entradas originales de las modificaciones realizadas durante la migración. La factura había sido incorporada al sistema en febrero de 2009 y vinculada entonces a una reserva con fecha anterior. El usuario no era Álvaro.
Las iniciales eran TV.
Clara buscó la relación de personal que había evitado completar el día anterior.
Tomás Vega figuraba como administrativo responsable de proveedores y certificaciones.
Su usuario había creado la entrada, asociado la fecha de 2008 y tramitado parte del paquete que terminó justificando la clausura del sector norte.
—Tomás trabajaba para la empresa —dijo Álvaro—. Eso no es un secreto.
—¿Sabía que el formulario no existía en la fecha consignada? —preguntó Inés.
—Tendría que haberlo sabido quien lo usara.
Álvaro sostuvo que no recordaba aquella operación concreta. Negó haber pedido una fecha falsa y repitió que el sellado respondía a mantenimiento y seguridad. Inés no afirmó que las obras se hubieran ordenado para ocultar a Lucía. Los documentos no podían demostrar un motivo único.
Sí demostraban otra cosa: después de la desaparición, alguien creó y retrodató una factura para dar antigüedad a un paquete de obras que acabó sellando D-17. Y Tomás había intervenido precisamente en su tramitación administrativa.
Inés no dio por terminada la visita. Cerró el informe de operaciones y dejó sobre la mesa una sola hoja: el registro de la llamada de Tomás.
—Dijo que llevaba años sin hablar con él —recordó.
Álvaro miró la duración antes de responder.
—Ya expliqué que no recordaba esa llamada.
—Ahora tiene delante el día y la hora.
—Tomás me llamó. No sé qué más quiere que diga.
—De qué hablaron.
Álvaro se tomó unos segundos. Dijo que Tomás estaba alterado y preguntó por documentación antigua de proveedores. Le habló de los papeles que Julián había estado revisando y quiso saber si la empresa conservaba copias. Álvaro sostuvo que le recomendó solicitar lo que necesitara por escrito.
—¿Mencionó la desaparición de Lucía? —preguntó Inés.
—No de forma directa.
—¿Le dijo que pensaba acudir a la Guardia Civil?
—No.
—¿Quedaron para verse?
—No.
—¿Lo vio esa noche?
—No.
La negativa fue limpia. Álvaro afirmó que permaneció en casa después de la llamada y que no volvió a hablar con Tomás.
Inés no le comunicó la declaración sobre el SUV ni preguntó por vehículos.
Se limitó a dejar constancia de que la llamada había terminado pocas horas antes de la franja estimada de la muerte.
—Siete minutos no son un saludo —dijo Clara cuando ya estaban fuera.
—Tampoco son una reunión.
—Ha cambiado de años sin contacto a una conversación sobre los papeles de Julián.
—Ha cambiado su versión porque sabe que tenemos el registro. Eso demuestra una mentira sobre el contacto. El resto hay que probarlo.
Volvieron a la casa. Clara colocó en la mesa dos cronologías paralelas.
En la de 2008, Lucía detectaba una irregularidad, se apartaba con Álvaro, sufría una caída y terminaba en D-17. Tomás inventaba después la marcha por la calzada. Meses más tarde, su usuario tramitaba la documentación retrodatada de las obras que sellaban la conducción.
En la de 2026, Julián investigaba y buscaba a Tomás. Clara regresaba y abría sus cajas. Tomás llamaba a Álvaro, salía de casa con documentos y aparecía muerto esa misma noche.
Entre ambas líneas había dieciocho años y demasiados huecos. La tentación era dibujar una flecha desde la muerte de Lucía hasta la de Tomás y llamar explicación al trazo.
Clara escribió debajo lo que no tenían: contenido de la llamada, lugar acordado, testigo de una reunión, contenido de la carpeta, autor de la caída.
—El motivo existe aunque todavía no sepamos quién actuó —dijo—. Tomás conocía la retrodatación y había sostenido una mentira durante dieciocho años. Los papeles de Julián podían desmontarla.
—Eso le daba motivos para temer una confesión a cualquiera que quedara afectado por ella —respondió Inés.
—Álvaro estaba afectado. Lucía lo había llevado aparte. Su empresa hizo las obras. Y Tomás lo llamó.
—Todo eso lo convierte en la hipótesis principal. No convierte la hipótesis en hecho.
Marta llegó a la casa al anochecer. Había pedido cerrar la farmacia antes y llevaba varios días durmiendo poco. No quiso sentarse en el cuarto de trabajo. Clara trasladó las hojas a la mesa de la cocina y dejó boca abajo la fotografía de las salinas.
Inés le preguntó de nuevo por la última vez que vio a su hermano. Marta repitió que Tomás había pasado la tarde nervioso, buscando entre sus cosas, y que salió con la carpeta azul bajo el brazo. La frase «Mañana se acaba» seguía siendo exacta.
—¿Dijo qué iba a hacer al día siguiente? —preguntó Inés.
—No. Yo creí que iba a entregar algo o a hablar con alguien.
—¿Por qué lo creyó?
Marta se frotó la marca que el bolso le había dejado en la muñeca.
—Porque antes dijo que tenía que terminar unos papeles. Los metió en la carpeta y comprobó dos veces que las gomas cerraban bien.
—¿Mencionó a Álvaro?
—No.
—¿A la Guardia Civil?
—Tampoco.
Marta miró las dos cronologías. Clara le explicó sólo los hechos que Inés autorizó: Tomás había tramitado el paquete retrodatado y llamó a Álvaro la noche de su muerte. No dijo que existiera un testigo de un SUV ni añadió una reunión que no podían probar.
—Sabía lo de Lucía —dijo Marta.
—Sabía que el avistamiento era falso y conocía la documentación posterior —respondió Clara—. No sabemos todavía qué más sabía.
Marta negó con la cabeza.
—No salió para seguir ocultándolo. Llevaba semanas asustado, pero aquella noche era distinto. Como si ya hubiera decidido.
La afirmación no demostraba que Tomás fuera a confesar. Encajaba con los documentos, con la llamada y con la frase que dejó al marcharse.
Clara miró la línea de 2026. Si Tomás había comunicado a Álvaro que pensaba terminar con la mentira al día siguiente, la llamada proporcionaba un motivo claro para impedirlo.
Seguían sin tener el contenido de la conversación, una reunión o una prueba de que Álvaro hubiera estado en la Casa de Bombas.
Inés dobló la hoja con la cronología actual.
—A partir de ahora buscamos qué hizo Álvaro después de colgar.
Marta mantuvo la mano sobre la carpeta vacía que Clara había usado para ordenar las copias. Su hermano había salido con la azul porque quería terminar los papeles y acabar con algo a la mañana siguiente.