La última marea CAPÍTULO 11·Lo que quedó sellado #2
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CAPÍTULO 11·Lo que quedó sellado #2

Inés abrió la carpeta forense y señaló dos líneas del informe provisional.

La distribución de las lesiones indicaba que el impacto se había producido antes de que el cuerpo quedara en D-17.

Lucía había sufrido una caída fuerte en otro punto, o al menos contra una superficie que no era el fondo sedimentado de la conducción.

Después, alguien la había llevado hasta allí.

Irene pidió que Clara estuviera presente. Inés se lo comunicó por teléfono sin ocultar su desacuerdo.

—No vas a hacer preguntas —dijo—. Si necesito aclarar algo de la fotografía, te lo pediré.

La profesora esperaba en la misma sala donde habían informado a Daniel y Marta. Había dejado el móvil sobre la mesa y sostenía un vaso de agua con las dos manos. Cuando Clara entró, la miró como si comprobara que de verdad había acudido.

—He visto las noticias —dijo.

La identificación no se había hecho pública, pero el hallazgo de restos humanos en las salinas ya circulaba por el pueblo. Inés encendió la grabadora, explicó el carácter formal de la declaración y pidió a Irene que empezara por aquello que deseaba corregir o ampliar.

—No mentí cuando dije que Lucía se llevó a mi hermano aparte —respondió—. Pero lo conté como si los hubiera perdido de vista enseguida.

Inés esperó.

Irene recordó que, después de la fotografía, Lucía habló unos segundos con Marta. Luego se acercó a Álvaro y le pidió que fuera con ella. No oyó la frase completa. Sí recordó el tono bajo de Lucía y la resistencia inicial de su hermano: miró hacia los demás, dijo algo y terminó siguiéndola.

—¿En qué dirección? —preguntó Inés.

Irene señaló la copia del plano que la teniente había colocado sobre la mesa. Clara reconoció el edificio de servicio y el canal secundario.

—Por aquí. Hacia la parte norte.

—La otra vez dijo que se apartaron del grupo.

—Porque eso era lo único que podía asegurar sin mirar un plano. Se fueron por el lateral del edificio y siguieron este camino. Los vi desde la esquina.

El trazado conducía hacia una zona de instalaciones de mantenimiento anteriores a las obras de 2009. D-17 quedaba más lejos, al otro lado de una explanada que entonces todavía no existía.

Inés pidió a Irene que explicara por qué reconocía ahora el recorrido.

La profesora señaló un ensanchamiento del canal y el ángulo del edificio.

Recordaba una barandilla alta, pintada de blanco en algunos tramos, y una escalera corta que subía desde el camino.

No conocía el nombre de la instalación ni sabía para qué servía.

—¿Ha visto fotografías recientes de esa zona? —preguntó Inés.

—Las de las noticias, desde lejos. Esa estructura ya no está.

—¿Ha hablado con alguien de D-17 o de la plataforma desde que aparecieron los restos?

—No sabía qué era D-17 hasta ayer. Lo de la plataforma no se lo había contado a nadie.

Inés dejó constancia de esa precisión. Clara comprendió que la profesora no quería que el miedo acumulado durante dieciocho años mejorara artificialmente su recuerdo.

—¿Hasta dónde los vio? —preguntó Inés.

—Hasta una plataforma. Había una estructura metálica junto al canal. Lucía subió primero. Álvaro fue detrás.

—¿Los vio discutir?

Irene bajó la vista al vaso.

—Los vi hablar de frente. Ella movía mucho las manos. Mi hermano estaba quieto. Desde donde yo estaba parecía una discusión, pero no oí las palabras.

—¿Vio algún contacto físico?

—No.

—¿Vio bajar a alguno de los dos?

—No. Me marché antes.

La precisión no transformaba a Irene en testigo de la muerte. Situaba a Lucía y Álvaro juntos en una plataforma después de la fotografía y antes de que Irene abandonara las salinas. Clara mantuvo las manos bajo la mesa para no acercarlas al plano.

Inés preguntó por las condiciones de visibilidad, la distancia y las personas que aún estaban cerca. Irene reconoció lagunas. No sabía cuánto tiempo permanecieron en la plataforma. Tampoco podía asegurar que no hubieran bajado por otro lado después de que ella se marchara.

—¿Por qué no dio estos detalles en 2008? —preguntó la teniente.

—Dije que los vi hablar.

—No consta que mencionara la plataforma.

—No la mencioné.

Irene bebió un poco de agua. Cuando dejó el vaso, sus dedos habían mojado la mesa.

—Álvaro dijo que se había ido antes de medianoche. Yo sabía que no era verdad.

—¿Cómo lo sabía?

—Porque seguía allí cuando nos hicimos la foto y después lo vi irse con Lucía. No sé qué hora era exactamente, pero no había ocurrido tan pronto como él dijo. Cuando leí su versión pensé que se habría equivocado o que yo estaba mezclando momentos. Luego pasaron los días y Lucía no apareció.

—¿Sospechó de su hermano?

—Sospeché que había mentido sobre la hora. No sabía por qué.

—¿Y ahora qué sospecha? —preguntó Inés.

Irene miró la grabadora.

—Ahora sé que los restos aparecieron cerca de allí. Sé que mi hermano fue el último de nosotros al que vi con Lucía. Eso no significa que viera lo que pasó.

—No se lo he preguntado.

—Pero me lo preguntarán todos.

La voz se le quebró sólo en la última palabra. Recuperó el vaso y bebió antes de continuar.

—No quiero proteger una mentira. Tampoco quiero que mi recuerdo se convierta en una escena que no presencié.

Irene se volvió hacia Clara.

—Cuando tu padre llamó, entendí que había llegado a lo mismo. Por eso no le devolví la llamada.

No pidió disculpas. Clara tampoco esperaba una. Julián había muerto con aquella conversación pendiente, e Irene había necesitado que apareciera un cuerpo para aceptar la dirección de su propio recuerdo.

Inés terminó la declaración repasando cada límite. Irene no había oído el contenido de la discusión, no había visto una agresión y no sabía qué ocurrió después de marcharse. Sí situaba a Lucía y Álvaro solos en una plataforma de mantenimiento, después de la fotografía.

Cuando Irene salió, Clara permaneció sentada. Inés apagó la grabadora, pero no guardó el plano.

—La plataforma no aparece en la versión posterior a las obras —dijo Clara.

—Ya he pedido los detalles constructivos antiguos.

—Si estaba elevada, encaja con las lesiones.

—Puede encajar. También habrá otras estructuras desde las que pudiera caer.

Clara ordenó lo que tenían sin rellenar los huecos.

Lucía pidió hablar a solas con Álvaro. Irene los vio subir a una plataforma.

Después se marchó. En algún momento posterior, Lucía sufrió un impacto compatible con una caída.

Su cuerpo acabó en D-17, y Tomás inventó que la había visto alejarse por una calzada cubierta por el agua.

Ninguna de esas piezas demostraba el empujón. Tampoco explicaba quién trasladó el cuerpo ni qué protegía Tomás con su mentira.

—Creo que Álvaro estaba con Lucía cuando cayó —dijo.

Inés no corrigió la formulación.

—Es una hipótesis seria —respondió—. Ahora hay que conseguir que deje de ser sólo eso.