La última marea CAPÍTULO 10·D-17
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CAPÍTULO 10·D-17

Inés llamó a Clara antes de las nueve. Un trabajador del turno nocturno había respondido al segundo aviso enviado a las empresas con actividad cerca de las salinas.

Recordaba un vehículo en la pista durante la franja de la muerte de Tomás.

La teniente iba a llevarlo al lugar para que señalara desde dónde lo vio.

—Puedes venir —dijo—. No puedes interrogarlo ni conocerás sus datos personales.

—¿Por qué quieres que vaya?

—Porque después necesito que me enseñes ese plano.

Se encontraron en el acceso occidental. El hombre llevaba ropa de trabajo y una gorra sin distintivos. Inés no lo presentó por su nombre. Le explicó que la conversación serviría para fijar el recorrido y que más tarde formalizarían la declaración por separado.

Clara se mantuvo a unos pasos, junto al coche de la teniente.

El trabajador había terminado una revisión en una instalación todavía activa al otro lado de las balsas. Regresaba por una vía de servicio que cruzaba cerca de la pista norte. No miró la hora en aquel momento. La situaba entre el final de su turno y una llamada que hizo al llegar al aparcamiento.

Inés había comprobado ambos límites. La franja incluía la muerte de Tomás, pero era más amplia.

—Enséñenos dónde estaba —dijo.

El hombre avanzó hasta una curva desde la que se distinguía un tramo recto de la pista. El terreno estaba seco y el viento levantaba polvo fino de los bordes. Señaló primero hacia la Casa de Bombas Norte y luego hacia la salida.

—Yo venía por aquí. El coche salió de allí y pasó en esa dirección.

—¿De la casa? —preguntó Inés.

—De la pista. No vi de qué edificio venía.

La corrección importaba. Desde aquel punto, varios ramales quedaban ocultos por los muros bajos y la vegetación de las balsas. El vehículo podía haber partido de más de una zona.

—¿Qué clase de coche era?

—Grande. Un todocamino o un todoterreno de los nuevos.

—¿Marca? ¿Modelo?

El trabajador negó con la cabeza.

—Oscuro. Negro, gris, azul muy oscuro. Con aquellas luces no sabría decirlo.

—¿Vio al conductor?

—Una silueta. Podía ser un hombre o una mujer con el pelo recogido. No le vi la cara.

—¿Cuántas personas viajaban dentro?

—No lo sé.

Inés le pidió que describiera la maniobra sin completar lo que no recordara.

El hombre explicó que el vehículo redujo la velocidad antes de incorporarse al camino firme.

Él se apartó porque la vía era estrecha.

Durante unos segundos lo tuvo de frente y después vio la parte trasera mientras se alejaba.

—¿La matrícula?

—Española. Blanca. Nada más.

Clara miró la distancia entre la curva y el cruce.

A esa hora, con polvo y luz artificial, ni siquiera habría podido distinguir con seguridad el color.

El testimonio colocaba un tipo de vehículo en una pista con varias salidas, dentro de una franja compatible con la muerte.

Servía para buscar, no para identificar.

El trabajador añadió que no había hablado antes porque ver coches de empresas y propietarios en los accesos no era excepcional. Sólo relacionó aquella noche con la investigación cuando el segundo aviso incluyó el tramo de pista y una ventana horaria más precisa.

—¿Conocía el vehículo? —preguntó Inés.

—No.

—¿Le pareció que iba deprisa?

—No sabría compararlo. Me obligó a apartarme, pero allí nos apartamos todos.

—¿Oyó algo antes de verlo?

—El motor cuando se acercó. Ningún golpe, ninguna voz.

Inés repitió las preguntas en otro orden.

La descripción no ganó detalle. El hombre confundió dos veces qué ramal quedaba a su izquierda y corrigió la posición cuando volvió a caminar hasta el punto exacto.

La teniente lo dejó hacerlo sin señalar las inconsistencias.

Al final, marcó en su plano un abanico de procedencias posibles, no una ruta única desde la Casa de Bombas.

Cuando el trabajador regresó con otro agente para formalizar la declaración, Clara abrió sobre el capó la copia incompleta de Julián.

—El ramal que ha señalado pasa cerca de la zona norte —dijo.

—Pasa cerca de media salina —respondió Inés—. No lo hagas más preciso de lo que es.

Clara retiró el dedo del plano.

—Un SUV oscuro.

—Y una franja de tiempo compatible. Eso es lo que tenemos.

Inés cerró su cuaderno, pero el trabajador volvió antes de llegar al vehículo oficial. Se había detenido en mitad del camino, mirando hacia la curva.

—Hay otra cosa —dijo—. Pensé que era un reflejo.

Inés esperó.

—Cuando se alejó, el piloto izquierdo se veía rojo. El derecho no. Daba una luz blanca, como si le faltara la cubierta o estuviera roto.

Inés se llevó la copia del plano en una funda de plástico y dejó a Clara en la casa poco antes del mediodía. Volvió dos horas más tarde con un tubo portaplanos y una carpeta de copias compulsadas.

—Esto es lo que conserva el archivo técnico —dijo al entrar en el cuarto de trabajo—. No sale de aquí y no se fotografía para nadie.

Clara apartó las libretas de Julián y extendió las hojas sobre la mesa de dibujo.

Eran tres versiones del sector norte: una de mantenimiento anterior a 2008, el proyecto de actuaciones fechado a comienzos de 2009 y un plano de fin de obra.

El que había guardado su padre coincidía con la segunda versión, pero le faltaban la leyenda y una franja del margen derecho.

Colocó encima papel vegetal para seguir las líneas sin marcar las copias. Inés se quedó de pie al otro lado de la mesa.

—D-17 —dijo—. ¿Es un nombre o una posición?

—Todavía ninguna de las dos cosas.

En el plano de 2009, las letras identificaban clases de actuación. Clara encontró D-12 y D-14 junto a dos muros que debían demolerse. D-17 podía pertenecer a la misma serie, pero la anotación de Julián estaba junto a una línea de trazo discontinuo, no junto a una obra señalada para retirada.

Buscó en el índice de la caja. Su padre había copiado referencias de documentos con la paciencia de quien prefería una lista incompleta a una conclusión apresurada.

En una página aparecía «serie D / red antigua» y, debajo, tres signaturas.

Una estaba tachada. Otra correspondía al plano que tenían delante. La tercera terminaba en 07-M.

Clara revisó los cajones planos de la mesa. No encontró esa lámina, pero sí una fotocopia reducida de su carátula. La denominación completa era Mantenimiento de drenajes. Sector norte . En aquella versión, anterior a las obras, la D no significaba demolición.

—Han reutilizado el código —dijo.

Inés miró las dos hojas.

—¿Eso invalida la anotación?

—Impide leerla con la leyenda de 2009.

La copia oficial más antigua estaba completa.

Clara la desplegó sobre el tablero y localizó la cuadrícula que su padre había anotado junto a D-17.

En el borde izquierdo había una relación numerada de drenajes.

El diecisiete figuraba como una conducción estrecha que recogía agua de dos balsas y la llevaba hacia un canal secundario.

El trazado pasaba por la misma zona donde, en el plano incompleto, Julián había escrito la referencia.

No bastaba con que las líneas se parecieran.

Clara midió las distancias entre tres puntos que se conservaban en las distintas versiones: una esquina del edificio de servicio, la compuerta del canal y un vértice de parcela.

Después superpuso el papel vegetal. Los puntos encajaron.

La conducción antigua quedaba exactamente debajo del tramo sin identificar del proyecto de 2009.

—Drenaje diecisiete —dijo.

Inés no respondió hasta que Clara le enseñó la leyenda original.

La ficha asociada describía un conducto de fábrica con un registro de mantenimiento en el extremo norte.

No decía si estaba abierto en superficie.

Clara siguió la referencia hasta un detalle constructivo: una cámara rectangular, accesible mediante una tapa, comunicaba el drenaje con el canal.

La fecha de revisión era de junio de 2007.

—En 2008 se podía acceder por aquí —dijo, señalando la cámara—. Al menos según este plano.

—Según este plano —repitió Inés.

Clara anotó la formulación exacta en su hoja. Existencia documentada. Acceso representado. Ninguna comprobación física.

Pasó al proyecto de 2009. La nueva leyenda llamaba D a las demoliciones y R a las reposiciones. La serie antigua de drenajes ya no aparecía en el listado. En su lugar había una trama de relleno sobre varias conducciones y una indicación general: clausura de pasos en desuso.

El documento no permitía distinguir qué conductos habían llegado a clausurarse. Era una propuesta, no la certificación del trabajo realizado.

—Necesitamos el final de obra —dijo.

La tercera lámina llevaba sellos, fechas y pequeñas correcciones a mano. Clara localizó de nuevo los tres puntos fijos. El canal había cambiado de borde, y una explanación ocupaba parte del terreno anterior. La cámara del extremo norte ya no estaba dibujada. Tampoco la línea del drenaje.

Inés apoyó un dedo cerca de la zona vacía.

—¿Puede ser un error de actualización?

—Puede. O pueden haberlo eliminado del plano porque lo clausuraron. Hay que buscar la relación de obra ejecutada.

Entre las copias que la teniente había traído había una hoja de mediciones finales. Clara recorrió partidas de relleno, transporte y compactación hasta encontrar una referencia a la anulación de conducciones antiguas. El número no figuraba. Sólo indicaba el sector y el volumen empleado.

Su padre había hecho la misma comparación. En el reverso de la fotocopia de la carátula había escrito las tres fechas en columna: 2007, 2009, fin de obra. Al lado de la última añadió un rectángulo pequeño, el símbolo de la cámara, y lo cruzó con una línea.

Clara reunió los documentos en orden para no permitir que la marca de Julián sustituyera a lo que demostraban.

El plano de 2007 identificaba D-17 como un drenaje accesible desde una cámara de mantenimiento.

El proyecto de 2009 preveía clausurar conducciones antiguas en aquel sector.

La medición final registraba el relleno.

En el plano posterior, D-17 y su acceso habían desaparecido.