La última marea CAPÍTULO 6·El papel equivocado #2
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CAPÍTULO 6·El papel equivocado #2

Se levantó para estirar las piernas. Afuera, el viento empujaba olor a fango por la ventana entreabierta. La bajamar había ensanchado la franja oscura del estero y las gaviotas picoteaban lejos de los muelles. Clara cerró la hoja de la ventana antes de que el aire levantara los papeles.

Al regresar a la mesa, comparó otra vez las dos facturas de Rivas y Costa.

La diferencia no se limitaba al diseño. En FC-3, la fecha de emisión, el número de obra y los datos del proveedor parecían generados a la vez.

No había un impreso en blanco completado después; todo formaba una sola salida de ordenador.

Eso descartaba una fotocopia casual sobre la que alguien hubiera añadido una cabecera moderna. No descartaba una reemisión.

Una empresa podía perder un original y generar años más tarde una copia con la fecha de la operación.

En ese caso, la hoja sería posterior sin que lo fuera el gasto.

Lo normal era que figurase como duplicado o que conservara una fecha de impresión distinta, pero la ausencia de esas indicaciones no convertía por sí sola una mala práctica en falsificación.

Clara escribió las dos posibilidades:

«Documento creado en 2008 con modelo ya existente».

«Documento reproducido después con fecha de la operación».

Tachó la primera a medias. Aún le faltaba la fecha de alta.

Buscó dónde habría guardado Julián un registro que no encajaba en las cajas.

El número anotado junto a la circular tenía el formato que él usaba para publicaciones encuadernadas.

En la balda inferior, detrás de una guía de parcelación, había tres tomos de hojas sujetas con tornillos.

El segundo llevaba en el lomo «Modelos / proveedores».

No era un catálogo de Rivas y Costa, sino una copia del registro con el que el ayuntamiento controlaba los formularios admitidos en su tramitación.

Cada entrada incluía el nombre del proveedor, el código del modelo, una breve descripción y las fechas de alta y sustitución.

Clara pasó las páginas sin detenerse en los formularios de otras empresas.

Rivas y Costa ocupaba cuatro líneas. FC-1 se había dado de baja en 2007. FC-2 constaba como vigente hasta el final de 2008. La siguiente entrada era FC-3.

Clara apoyó el dedo en la fecha. Volvió a la factura y comprobó la clave una vez más.

El registro no probaba cuándo se había realizado el trabajo ni por qué se había generado aquella hoja. Sí eliminaba la posibilidad de que el documento fuera tal como se presentaba: una factura emitida en octubre de 2008. El formulario FC-3 había empezado a utilizarse el 12 de enero de 2009.

Clara dejó abierto el registro por la página de FC-3 y regresó al grupo de documentos del sector norte. Hasta ese momento había seguido la factura porque era el papel anómalo. Para saber qué significaba, necesitaba reconstruir la obra.

El plano aportaba una denominación abreviada: «acondicionamiento y clausura de conducciones».

La certificación parcial repetía el número de expediente, pero no la fecha de la factura.

Estaba firmada en abril de 2009. Dos partes de maquinaria indicaban marzo y mayo del mismo año.

Los conceptos coincidían: retirada de material, transporte de relleno, horas de retroexcavadora.

Clara colocó los tres documentos por orden.

El presupuesto podía haberse aprobado en 2008 y la ejecución haberse retrasado.

Eso era corriente. Lo que no era corriente era emitir en octubre una factura mediante un formulario que aún no existía y hacerla parecer anterior a unos trabajos realizados meses después.

Buscó una certificación final. No estaba. Tampoco el contrato ni la memoria completa. Julián había reunido lo suficiente para señalar la discordancia, no para explicar el procedimiento entero.

Clara fotografió la factura, el registro del modelo y los partes de maquinaria. Guardó los originales de Julián en una carpeta transparente y se llevó las copias de trabajo. Antes de salir, llamó a Rivas y Costa.

Álvaro contestó él mismo. Clara le dijo que quería consultar una referencia antigua de facturación relacionada con unas obras de las salinas. Hubo un silencio breve al otro lado.

—¿Tiene que ver con los papeles de tu padre?

—Sí.

—Estoy en la oficina. Ven si quieres.

El edificio conservaba el mismo silencio ordenado de la primera visita. Álvaro la recibió sin chaqueta y la condujo a la sala de reuniones. Sobre la mesa no había más que una jarra de agua y un cuaderno cerrado.

Clara puso delante de él la copia de la factura.

—¿Reconoces el modelo?

Álvaro leyó la cabecera y pasó el dedo por la banda inferior.

—Es antiguo.

—Empezó a usarse en enero de 2009.

Él levantó la vista.

Clara le mostró la página del registro. Álvaro la leyó completa antes de volver a la factura.

—Puede ser una reimpresión —dijo—. Al cambiar el programa volcamos trabajos anteriores. Durante un tiempo, si pedías una copia, salía con la plantilla nueva.

—Esta no dice que sea una copia. Lleva un sello de entrada de octubre de 2008.

—El sistema arrastraba los datos del documento anterior, incluidos los sellos escaneados. No debería presentarse como original, pero hace casi veinte años de esto.

La explicación era posible. No explicaba por qué Julián había escrito que faltaba el original.

—¿Cuándo se hizo la obra?

Álvaro leyó el concepto otra vez.

—No puedo fecharla de memoria.

—Tengo partes de maquinaria de marzo y mayo de 2009.

—Entonces sería en esas fechas.

—La factura está fechada cinco meses antes del primer parte.

Álvaro apartó la hoja lo justo para ver el número de expediente.

—En contratos pequeños se reservaba el gasto antes de ejecutar. A veces se emitía una proforma y luego se sustituía por la factura. Las administraciones querían cerrar el ejercicio; las empresas, cobrar cuando acabara el trabajo. El archivo de aquellos años no es un ejemplo de limpieza.

No sonó orgulloso ni particularmente alarmado. Sonó como alguien acostumbrado a que una irregularidad tuviera una explicación administrativa antes que penal.

—¿Se sustituyó esta?

—Tendría que buscar el expediente completo.

—Mi padre lo buscó.

Álvaro apoyó ambas manos en la mesa.

—Tu padre pidió copias de muchas cosas. Si hubiera venido a preguntarme directamente, habría intentado ayudarlo.

Clara recordó que él había negado preguntas recientes sobre Lucía. No era lo mismo que negar solicitudes documentales.

—¿Las obras fueron en el sector norte?

—Eso dice el código.

—¿Qué se hizo exactamente?

—Se acondicionaron accesos y se clausuraron conducciones que ya no se usaban. Había riesgo de hundimientos y entradas de agua. Fue una actuación corriente.

—Después de que desapareciera Lucía.

Álvaro tardó un instante en responder.

—Muchas cosas se hicieron después de que desapareciera Lucía. Eso no las relaciona con ella.

Clara recogió las copias.

—No he dicho que las relacione.

—Has traído documentación de tu padre y has mencionado su nombre.

Era cierto. Clara no sabía todavía si Julián había investigado un modo de adjudicar trabajos, una contabilidad irregular o algo ocurrido en las salinas. Había ido a la oficina porque las tres posibilidades pasaban por la misma empresa.

Álvaro abrió el cuaderno y anotó el número de expediente.

—Miraré si queda algo en el archivo. No te prometo que esté completo.

—Con la factura original bastaría.

—Si existe, te llamaré.

Clara se marchó sin discutir la palabra. Al salir, el sol de la tarde blanqueaba los coches aparcados y hacía temblar el aire sobre el asfalto. Desde el extremo de la calle llegaba el olor de las marismas, más seco que por la mañana.

En la casa volvió a colocar el registro junto a la factura. Revisó el paquete entero por si había pasado por alto una respuesta de Julián. Quitó las gomas, levantó el plano y separó las copias pegadas por la presión.

En el fondo encontró una tira de papel doblada.

No contenía una conclusión, sólo tres referencias escritas por su padre: el número de la factura, el de la certificación de 2009 y el de una entrevista todavía ausente.

Sobre las tres, Julián había trazado una llave y anotado dos palabras: «Lucía. Después».

Clara dejó la tira sobre el plano del sector norte. La factura no demostraba qué le había ocurrido a Lucía. Demostraba que Julián había buscado una relación entre su desaparición y unas obras ejecutadas meses más tarde.