La última marea CAPÍTULO 3·Siete minutos #2
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CAPÍTULO 3·Siete minutos #2

—También podía equivocarse —añadió él—. Sobre todo cuando intentaba aplicar a las personas el mismo orden que a los documentos.

La frase se parecía demasiado a algo que Clara había pensado la tarde anterior. Eso no la hacía falsa.

—¿Te preguntó alguna vez por Lucía?

—Hace años. Lo mismo que preguntaba todo el mundo: cómo era, qué hizo aquella noche, si había hablado de marcharse.

—¿Y últimamente?

Álvaro negó.

—No conmigo.

—¿Sabías que había vuelto a preocuparse por las preguntas de Julián?

—No. Tomás y yo ya no compartíamos ese tipo de cosas.

—¿Qué tipo?

—Las personales. —Álvaro juntó las manos sobre la mesa—. Si tenía problemas con un cliente o con su hermana, no venía a contármelos. Supongo que yo tampoco le habría contado los míos.

Clara abrió el bolso y miró la hoja sin sacarla. Bajo HECHOS había escrito que Julián llamó tres veces a Tomás y fue a verlo. Bajo ANOTACIONES DE JULIÁN, la frase sobre la mentira.

—Tomás murió después de salir con documentos —dijo—. La carpeta que llevaba no ha aparecido.

El silencio de Álvaro duró lo suficiente para recibir la información, no para parecer sorprendido.

—No sabía nada de una carpeta.

—¿Tienes idea de qué podía contener?

—Si trabajaba para un cliente, cualquier cosa. Contratos, impuestos, una reclamación. Su oficio producía papel.

—Marta cree que estaba relacionado con Julián.

—Marta acaba de perder a su hermano. Tú acabas de perder a tu padre. Es normal que intentéis dar sentido a lo ocurrido.

La formulación no era cruel. Álvaro no descartaba la carpeta; sólo impedía que se convirtiera en una respuesta.

—¿Cuándo viste a Tomás por última vez?

Álvaro levantó el móvil y comprobó la pantalla, aunque no había sonado.

—No sabría decirte. Coincidimos alguna vez, de lejos.

—¿Hablasteis?

—No.

—¿Cuánto tiempo hacía?

Álvaro dejó de nuevo el teléfono sobre la mesa.

—Años. Llevaba años sin hablar con Tomás.

Clara llamó a Inés desde el coche, antes de salir del aparcamiento de Rivas y Costa.

La teniente no le permitió contar toda la conversación por teléfono. Le pidió que regresara a la casa de Julián y que no volviera a hablar con ninguna de las personas vinculadas a 2008 hasta que pudieran ordenar la información.

Inés llegó cuarenta minutos después.

Clara la recibió en el salón. Había cerrado el cuarto de trabajo, pero la llave seguía puesta por dentro. La teniente miró las cajas del vaciado y luego la puerta.

—¿Ha enseñado los documentos a Álvaro Rivas?

—No.

—¿Le ha dicho qué contienen?

—Que mi padre investigaba a Lucía. También que falta una carpeta que llevaba Tomás.

—¿Le habló del color?

—No.

Inés anotó la respuesta.

—A partir de ahora, no comparta ningún detalle sobre las pertenencias de Tomás. Ni con Álvaro ni con nadie.

—Marta me lo contó antes de que usted se lo pidiera.

—Y usted ha tardado menos de un día en llevar parte de esa información a otra persona.

Clara aceptó el reproche. Había ido a Rivas y Costa buscando una versión, pero al formular sus preguntas también había entregado datos.

—Álvaro dice que llevaba años sin hablar con Tomás.

Inés no escribió de inmediato.

—Repítame la frase.

—Le pregunté cuándo lo había visto por última vez. Dijo que coincidían alguna vez, de lejos. Después le pregunté si habían hablado y contestó que no. Que llevaba años sin hablar con él.

—¿Podría referirse a una conversación personal y no a un asunto de trabajo?

—No puso esa condición.

—Eso no significa que no la tuviera en la cabeza.

La precisión irritó a Clara porque era correcta. Inés no estaba defendiendo a Álvaro; impedía que una respuesta ambigua adquiriera un significado más amplio del que podía sostener.

—¿Por qué quería saberlo? —preguntó la teniente.

Clara abrió el cuarto de trabajo.

El aire seguía cargado de polvo y papel. Sobre la mesa estaban las libretas negras, la fotografía y la hoja dividida en dos columnas. Inés permaneció junto a la puerta hasta que Clara le indicó que podía entrar.

—Mi padre intentó hablar con Tomás varias veces antes de morir —dijo Clara—. Lo anotó aquí.

Mostró las fechas de las llamadas y la visita. Después señaló la segunda columna.

—Esto son interpretaciones de Julián. No he encontrado documentos que las respalden.

Inés leyó en silencio «evita», «sabe más» y «T. sabe que mintió».

—¿T. es Tomás?

—En esas páginas, sí.

—¿Mintió sobre qué?

—No lo sé.

—¿Y por qué fue a hablar con Álvaro?

—Tomás trabajó para Rivas y Costa. Álvaro era amigo suyo. Los dos aparecen en la fotografía.

Clara sacó la imagen de la funda y se la entregó. Inés la sostuvo por los bordes, leyó los nombres del reverso y la dejó de nuevo sobre la mesa. No se detuvo en ningún detalle del fondo.

—¿Su padre anotó algo sobre una relación reciente entre ellos?

—Todavía no lo he encontrado.

Inés cerró una de las libretas.

—Nosotros sí.

Clara esperó.

—En el registro del teléfono de Tomás hay una llamada saliente a Álvaro Rivas durante la noche en que murió.

—¿A qué hora?

—No puedo darle más datos por ahora.

—¿Cuánto duró?

La teniente la miró antes de responder.

—Siete minutos.

El número ocupó su lugar en la hoja sin que Clara tuviera que escribirlo. No explicaba el contenido de la conversación ni dónde estuvo cada uno después. Sólo convertía la afirmación de Álvaro en algo que necesitaba una corrección.

—Entonces mintió.

—Entonces su versión no coincide con el registro del teléfono —dijo Inés—. No es lo mismo.

—Una llamada de siete minutos no se olvida al día siguiente.

—Probablemente no. Pero aún no sabemos de qué hablaron ni si esa conversación tiene relación con la muerte.

—Tomás salió con una carpeta que no ha aparecido.

—Y pudo llamar por un asunto administrativo, pedir ayuda o discutir sobre cualquier otra cosa. Las coincidencias se investigan. No se usan para rellenar lo que falta.

Clara miró la hoja de las dos columnas. Inés acababa de expresar con otras palabras el método que ella había intentado aplicar a las notas de Julián.

—¿Van a interrogar a Álvaro?

—Vamos a comprobar la información y decidir qué diligencias corresponden. Usted va a dejar de hacer preguntas por su cuenta.

—No puede pedirme que ignore los papeles de mi padre.

—Le pido que no avise a todo el mundo de lo que contienen.

Inés tomó fotografías de las páginas recientes de las libretas y de la hoja de Clara. No se llevó los originales. Antes de marcharse, le pidió que mantuviera las cajas en la casa y que la avisara si encontraba alguna referencia directa a la muerte de Tomás o a la carpeta.

Cuando se quedó sola, Clara cerró la puerta de la calle y volvió al cuarto.

Escribió bajo HECHOS: «Tomás llamó a Álvaro. Siete minutos. Noche de su muerte». Bajo la segunda columna copió la frase de Álvaro: «Llevaba años sin hablar con Tomás».

Después apartó las libretas recientes. Si quería entender qué había empujado a Julián hacia Tomás, tendría que empezar antes de sus últimas llamadas y reconstruir la cronología que él había dejado incompleta.

Clara tomó la fotografía de 2008 y volvió a mirar los seis rostros.