16. Chapter 16
Estrategia
***KAT***
Salí tambaleándome del almacén de Sanguineas, aturdida.
Apenas reparé en que había furgonetas de los Cruzados, vehículos blindados y coches particulares aparcados de cualquier manera por toda la calle.
Un hidrante lanzaba agua a chorros sobre el asfalto, pues una furgoneta ligeramente abollada estaba aparcada encima de él.
La manada de Trudie, Heather, Guy, Cindy, Brett, Conrad, Jane, Henri… y decenas más. Todos ellos.
Me observaron mientras salía del lugar donde le había fallado a una de las personas más importantes de mi vida. La persona a la que había jurado proteger.
Me miraban con el rostro pálido y el miedo en los ojos. Confusión. Ira. Tristeza.
Y esperanza…
Treth apareció entre ellos, rodeado por el Ejército de la Vasija. Gorgo, Arden, los Hombres de Ithalen, Valour, Ariel, Allandrea.
Todos me miraban.
En silencio.
Hasta que Brett me cogió de la mano y yo lo miré a los ojos.
Amor.
—¿Cuáles son tus órdenes, Comandante?
Respiré hondo y llené mis pulmones con el olor del aire nocturno, la gasolina, la goma quemada y la sangre de vampiro.
Entonces solté la mano de Brett.
—¡Conrad! —grité tan fuerte que mi antiguo agente dio un respingo. ¡Hasta saludó!—. Corre la voz. Si Candace o ese cabrón caminante del vacío aparecen en cualquier parte, ¡quiero saberlo!
Volvió a saludar, algo muy impropio de él, y sacó el teléfono para hacer sus llamadas. Aunque estuviera acabado y relegado a un segundo plano, seguía siendo el mismísimo Conrad Khoi, ¡Agente Cazador de Monstruos Extraordinario, maldita sea la grieta! La gente lo recordaba.
—¡Jane! —la llamé, volviéndome hacia la antigua política—. Reúne toda la influencia que aún conserves en el HCPD, la CDF o donde sea. Adviérteles de lo que se avecina. Consigue que ayuden.
—¿Qué se avecina, Kat? —preguntó con un nerviosismo en la voz que no estaba acostumbrada a oír.
—Todo —respondí. Jane lo consideró respuesta suficiente mientras yo me volvía hacia Guy.
—Guy, prepara a los cazadores. Quiero a todo el mundo armado, instruido y listo para cualquier cosa.
Asintió, estoico como siempre.
Después me volví hacia los magos. Cindy y Pranish.
—Aseguraos de que nuestras reservas de pergaminos estén listas.
Quiero a todo el mundo equipado con escritos de curación y cualquier otra cosa de la que podamos prescindir.
¡Quiero que todos los tiradores hagan también de magos!
Y ved si podéis encontrar alguna forma de bloquear su capacidad de caminante del vacío.
—Recibido, Kat —respondió Pranish con expresión decidida.
—Estaremos preparados —añadió Cindy.
Pensé en más cosas que decir. Más órdenes que dar.
Pero no había mucho más que pudiera hacer.
Ellos se encargarían. Siempre lo hacían.
Los cazadores partieron por orden de Guy, que pasó de inmediato de ser el marido tranquilo y apacible a un sargento instructor que bramaba órdenes.
Cindy y Pranish reclutaron a algunos de los magos para que los ayudaran con su labor.
Y Jane y Conrad ya estaban hablando sobre cómo actualizar nuestra red de inteligencia.
No podía hacer mucho más que consumirme de rabia y cavilar. Y, mientras permanecía en medio del frío aire nocturno, temblé de ira, frustración y, entonces… todo se volvió insoportable.
Me estremecí, noté que se me humedecían los ojos y sentí un profundo malestar en el estómago.
Brett permaneció a mi lado mientras Trudie se acercaba.
Ambos me cogieron de las manos y, antes de que me diera cuenta, estaba sollozando entre sus brazos, sostenida únicamente por la fuerza combinada de los dos.
—La recuperaremos, Kat —susurró Trudie.
—Y nos aseguraremos de que él nunca vuelva a hacerle daño a ninguno de nosotros —añadió Brett.
De algún modo, conseguí aferrarme a aquellas palabras y dejar que me dieran fuerzas para seguir adelante. El tiempo suficiente para llegar al CG. Donde, pese a lo avanzado de la hora, todos los Cruzados se preparaban para la arremetida.
Entré en el CG, que bullía de hombres y mujeres armados, con Brett y Trudie pisándome los talones.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Trudie con una preocupación en la voz que recordaba de antes de que se convirtiera en licántropo. Hacía mucho que no tenía la Razón para estar tan preocupada. Ser casi indestructible podía causarle eso a una persona.
—Voy a subir a mi despacho a coger mi pistola. Y después… voy a buscarnos unos aliados.
Trudie y Brett no me hicieron más preguntas mientras me dirigía a mi despacho. Al abrir la puerta, mi atención se centró de inmediato en el wakizashi que Trudie me había regalado años atrás.
El mismo que el Necroseñor había robado y utilizado para cometer tantas atrocidades.
Palpitaba con una fuerza maligna. Pero también con un anhelo. El deseo de matar. De destruir aquello que yo quisiera que destruyera.
Y quizá necesitara todas las armas a mi alcance.
Me ceñí al cinto la hoja Necro, como había empezado a llamarla, junto con su vaina, y después abrí el cajón que contenía Voidshot.
Me detuve.
Junto a mi pistola encantada había una caja. Una caja de munición con el emblema de la tienda de Timson. Y estaba salpicada de sangre, trazada en forma de V.