14. Chapter 14 #3
—¡Gira a la izquierda! —grité justo cuando sentí que habíamos dejado atrás la ubicación de Candace.
—¡No hay ningún giro a la izquierda! —gritó Pranish.
A Jane no pareció importarle. Dio un volantazo a la izquierda e hizo girar el morro del coche hacia el borde de la autopista y un oportuno hueco en la barrera.
Antes de que ninguno pudiéramos protestar, Jane pisó el acelerador con todas sus fuerzas y salió disparada por el borde de la autopista. ¡Ahora sí sabía con absoluta certeza que estaba borracha!
El coche aterrizó con un golpe seco sobre una azotea. Candace volvió a gritar. Y, a través de sus gritos, vislumbré lo que ella veía.
—No… —susurré, incapaz de creerlo.
Estaba cerca. Muy cerca. Pero aún demasiado lejos.
Abrí la puerta y salté del coche antes de que nadie pudiera protestar. Y, al lanzarme al aire, el fuego brotó de mi espalda. Un par de alas angélicas incandescentes me elevaron hacia el cielo. Viré en dirección a Candace y oí sus gritos en mis oídos, en mi mente y en mi corazón.
—¡Ya voy! —grité antes de salir disparada a través de la noche, dejando una estela de fuego tras de mí, y atravesar de lleno el tejado metálico de un almacén.
Aterricé en un charco de sangre. Dos vampiros yacían decapitados a mis pies.
Y el Mentor permanecía allí, sonriente, sujetando a mi hermana.
—¡KAT! —gritó ella con un terror absoluto en los ojos.
Sin pensarlo, permití que Ithalen se materializara en mi mano mientras me lanzaba hacia ellos bramando de furia. Justo entonces, el Mentor dio un paso atrás y desapareció en la nada, llevándose a Candace con él.
Mis alas desaparecieron tan deprisa como habían aparecido y caí al suelo, donde me hice un ovillo.
¡No lo había conseguido! No había podido salvarla. Y ahora… ahora no podía sentirla en ninguna parte.
—¡Kat! —gritó Brett cuando él y un escuadrón de Cruzados echaron abajo la puerta del almacén.
Corrió hacia mí y me recogió del suelo, acunándome la cabeza mientras insistía en que todo estaba bien. En que yo estaba a salvo. Como si eso importara.
—Ha desaparecido —conseguí decir por fin—. Se la ha llevado.
Contemplé con los ojos llenos de lágrimas el lugar donde habían desaparecido.
—He fracasado.
Antes de que Brett pudiera decir nada más, unas figuras vestidas de negro irrumpieron en la estancia. Rodearon a los Cruzados y nos apuntaron con toda clase de armas y apéndices provistos de garras.
Tras ellos apareció Victoria, ataviada con su impecable vestido rojo de ejecutiva. Pero su rostro no mostraba aquella pulcra expresión de superioridad burlona. Estaba angustiada. Al borde de perder el control.
—Somos aliadas, Kat Drummond —siseó—. Y por eso te concedo el beneficio de escuchar lo que tengas que decir. ¿Qué les ha pasado a mis hombres?
Señalé el lugar donde habían desaparecido en el vacío.
—Se la ha llevado. Debió de matarlos. Yo… he llegado demasiado tarde.
La ira de Victoria se desvaneció y se transformó en otra cosa. Miedo. Una expresión extraña en comparación con su habitual aire de absoluta confianza.
—¿Quién? ¿Quién se la ha llevado? —preguntó en voz baja.
No veía motivo alguno para ocultar la verdad. Ya no.
—El hombre que mató a mis padres. El hombre que me creó. Un monstruo al que juré matar. Y he fracasado…
Oí murmullos por todo el almacén. Tanto entre los vampiros como entre mis hombres.
Victoria se volvió hacia los vampiros.
—Bajad las armas. Son nuestros aliados.
Obedientes, los vampiros Sanguineas enfundaron sus armas y permitieron que sus garras volvieran a convertirse en manos corrientes. Mis Cruzados bajaron las armas, aunque seguían en tensión.
—¿Volverá ese hombre?
Vacilé, pero después asentí.
—Entonces nos enfrentaremos a él a vuestro lado.
Sus palabras me sorprendieron y alcé la vista hacia ella. Me sostuvo la mirada. No había ni rastro de engaño o vacilación. Lo decía en serio. Cada palabra.
—¿Por qué? —logré preguntar con voz ahogada.
—Porque es una amenaza para ti y para nuestro hogar. Pregunta estúpida. —Sonrió, pero su sonrisa carecía de calidez—. Y, si es tan peligroso como parece, amenaza todo lo que he construido. ¿De dónde iba a sacar sangre si no?
Me dio la espalda y se dirigió a sus hombres.
—Haced regresar a la bandada a la ciudad. Vamos a prepararnos para la guerra.
Los vampiros se marcharon en silencio. Como si nunca hubieran estado allí.
Miré a Brett, que aún me sostenía. Esperaba ver dolor en sus ojos. Reticencia y odio ante la idea de tratar con vampiros. Pero no vi ni un atisbo de duda. No había apartado la mirada de mí y su expresión no había dejado de rebosar amor.
Comprendí que se aliaría con el mismísimo Satanás si eso servía para ayudarme. No estaba segura de merecer semejante adoración. Pero, aun así, hizo que lo amara todavía más.
Dejé que Brett me ayudara a ponerme en pie mientras Cindy se acercaba para comprobar cómo estaba y los demás Cruzados pedían órdenes. Se apartaron para dejarme espacio cuando salí del almacén, apreté los puños y alcé la mirada hacia la luna.
Por fin se habían efectuado los primeros disparos.
Comienza.