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Nil
Informe clasificado del Gobierno de Amazora
Ventia me ha llamado como saqueador lunar al despacho de reuniones del ayuntamiento, desde donde está volviendo a dirigir Iberion con la aprobación popular. Desde que hablé con Stravic he esperado su llamada con intriga. ¿Qué será lo que tiene en mente?
Recorro el camino hacia el ayuntamiento y lo miro con aprensión. Los recuerdos acuden a mí y me ajusto el uniforme de saqueador antes de atravesar las puertas.
Nada ha cambiado y a la vez la recepción parece distinta a la última vez que pisé este lugar.
Recuerdo estar asustado, poniendo en marcha un plan que creía bajo control.
Me llevo la mano al pecho cuando sale a recibirme un recepcionista joven que me indica con exactitud la planta y la localización de la sala de reuniones a la que debo acudir.
Voy solo sin dejar de preguntarme qué tendré que decidir a continuación.
Tampoco se me olvida que el despacho de Ventia está vigilado por el teniente Stravic, pero la reunión no es allí, sino en otra sala.
No he podido dar con Alveron y, aunque no he tenido tiempo de hablarlo con Ventia, es algo que quiero comentarle, pues nos preocupa a los dos.
Las puertas del ascensor se abren y veo la puerta al final del pasillo.
Me recibe una sala de reuniones espaciosa, con luces cálidas y un ventanal que da a la parte norte del ayuntamiento, al resto del quinto anillo, y donde se percibe el inicio del Cinturón al fondo, bajo la aurora invernal, con sus tonos azul oscuro y celeste.
Es la más oscura de las cuatro auroras, pero también la más bonita.
La sala tiene plantas bien cuidadas y las paredes están limpias, sin cuadros de comisionados ni antiguos líderes.
Solo la blanca superficie pulida y las luces que nos rodean.
En el centro de la estancia hay una mesa amplia, en semicírculo, desde donde Ventia me observa como un halcón.
A un lado de ella está Umbral, con su nuevo brazo biónico y una expresión aburrida muy característica de él.
No imaginaba al rebelde ocupando un puesto en el Gobierno y él tampoco parece muy satisfecho con ello.
No le conozco demasiado, pero no tengo dudas de que querría ocupar otro cargo menos... institucional.
Al otro lado están Flavia, el teniente Stravic, tres tenientes y algunos instructores.
El resto de la mesa está ocupado por saqueadores.
Unos son conocidos, otros han estudiado conmigo, pero muchos otros no me resultan familiares.
Me fijo en que la estancia está también salpicada de defensores y cazadores lunares que debían estar destinados en esta zona.
Contengo el aire, sin saber bien por qué estoy aquí. Me mantengo firme, a la espera de que Ventia se dirija a mí.
—Nil Dilar, saqueador de Iberion —dice al cabo de unos segundos, y su sonrisa se ensancha.
—Aquí estoy, Alta Comisionada.
Ella me invita con la mano a tomar asiento y lo hago, en el mismo lado en que están los otros saqueadores.
Me miran con curiosidad, y al verlos con más detenimiento reconozco entre ellos a Karen, de mi promoción, y a Linus y Maeren, compañeros graduados unos años antes.
También hay otros que me suenan de promociones anteriores.
Esperamos unos minutos más en los que llegan más cuerpos lunares y, al fin, Ventia ordena que cierren la sala y activa un holograma que se alza en el centro de la misma, en el hueco que deja la mesa en forma de semicírculo.
Ante nosotros aparece otra mesa idéntica, pero formada por miembros de Amazora y otra más de Nevrast.
—Ya estamos todos —anuncia Ventia.
Tolvanich Morozov, Alto Comisionado de Nevrast, hace un saludo militar. En la mesa contigua, gracias a los hologramas, está la nueva Comisionada de Amazora, Larissa Ribeiro.
—Hemos convocado esta reunión para comentaros vuestras nuevas funciones como cuerpos lunares —comenta la anterior líder de los rebeldes.
Respiro hondo. ¿Nuevas funciones? ¿Qué se traerán entre manos?
—Tras los recientes hallazgos sabemos que es necesaria la unión de ciertos tipos de fragmentos para crear una red eléctrica estable, duradera y sin restricciones —prosigue la Alta Comisionada de Iberion— y, por vez primera, esta energía va a ser controlada por las tres naciones.
Vamos a trabajar juntas para que esto funcione.
Para ello es necesario seguir explorando las zonas extremas en busca de fragmentos y vosotros sois los que sabéis más de esto.
Saqueadores, cazadores y defensores, unidos en un solo cuerpo lunar.
Me tenso. Por ahora nadie me ha preguntado si quiero seguir siendo un saqueador lunar. Recuerdo las palabras del teniente Stravic y mis ojos se dirigen a los de él, que asiente de forma imperceptible.
«Es lo que eres», me recuerdo.
«Solo si así lo decido».
—Con vuestra colaboración podemos crear un mundo mejor, con una energía más limpia —dice Larissa, con el acento marcado de su nación, que me recuerda a Flavia.
—Se terminaron los secretos entre naciones —apunta Tolvanich, el Alto Comisionado de Nevrast, provocando que alce una ceja.
Algunos se remueven en su asiento, por lo que no soy el único al que le ha sorprendido su comentario. Nevrast siempre ha ido por libre, colaborando solo cuando le interesaba —como imagino que es el caso— y ocultando información al resto de naciones si le convenía.
—Hemos traído a los que consideramos los mejores de los cuerpos lunares para ofreceros un puesto de comandante. Os asignaremos grupos para las expediciones. Contaréis con más seguridad, rescates y todos los recursos que veáis necesarios —dice Ventia.
—¿Tenemos opción? —pregunta uno de los cazadores lunares desde el holograma.
Me sorprende su pregunta, pero Ventia parecía contar con ella, pues una sonrisa tensa estira sus labios.
—No estáis obligados a aceptar el cargo, si esa es la pregunta.
Pero es una gran oportunidad. Selestara os necesita.
Mas no obligaré a nadie. Sois libres de dejar los cuerpos.
No tenéis que darme una respuesta ahora, pero sí en las próximas horas.
Si elegís seguir este camino, se os convocará a otra reunión mañana.
Si no, tendréis que buscar otra ocupación.
La reunión sigue, explicando con brevedad los nuevos conceptos que plantean las tres naciones y que me parecen interesantes.
Admiro el temple de Ventia, su fuerza de voluntad, y aunque intento pensar en las palabras de Stravic, no puedo evitar pensar que ella puede que sea la clave para el bien de Iberion.
Las expediciones suponen días fuera, incluso semanas, pero nos ofrece una buena paga, descansos y condiciones que distan mucho de las que teníamos antes.
Sigue siendo un cuerpo peligroso, sin embargo, ahora no seríamos solo saqueadores, los equipos estarían compuestos también de cazadores y defensores.
Como en esas historias donde el lobo acechaba entre las sombras del bosque, los monstruos nos seguirán acechando, pero esta vez, cuando la luna revele lo que la noche oculta, seremos nosotros quienes sepan verlo.
Recuerdo mi sueño. La biblioteca. Ese trabajo perdido al que me gustaría volver a dar vida. Historias, palabras... Una vida tranquila y, quizá, en el futuro...
Pero, para bien o para mal, ya no soy ese Nil.
Lo que he visto ahí fuera. Lo que siento por Izz.
La muerte de todo el equipo Centauri. La muerte de Vik.
La crueldad de Arno. A todos los que hemos perdido.
La posible muerte de Alveron. Todo ello me ha hecho diferente, y también mis sueños han cambiado.
Ahora puedo cambiar las cosas. Un mundo mejor para todos nosotros y para los que vendrán. Uno que Vik jamás conocerá, pero con el que sé que soñaba.
Y, antes de que acabe la reunión, ya tengo clara la respuesta que le voy a dar a la Alta Comisionada de Iberion. Y, esta vez, soy yo quien decide.
Soy saqueador. Y es lo que voy a seguir siendo.