La última luna 53
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Nil

Se confirma la continuidad del Protocolo de Cooperación con Iberion.

Amazora ha cumplido con el envío programado de sujetos para el Proyecto Selene, así como con la transferencia de datos biológicos y patrones de respuesta obtenidos en nuestras instalaciones.

A cambio, Iberion garantiza acceso prioritario a los avances del proyecto, suministro estable de tecnología de última generación y apoyo logístico en nuestras operaciones fronterizas contra Nevrast.

Informe clasificado del Gobierno de Amazora

Veo a cámara lenta cómo Umbral se deshace del agarre del centinela y corre hacia el Alto Comisionado.

Tengo que hacer algo. El brazo del centinela me oprime las costillas con fuerza, como una viga de hierro que me aprieta los pulmones y hace que cada bocanada de aire no los llene del todo.

Forcejeo, pero en cada intento la presión sobre mi caja torácica es más fuerte y jadeo por el esfuerzo.

El sudor resbala por mis sienes y mi rostro.

Pienso en el traje de los centinelas como una coraza impenetrable.

Pero tiene que haber algo que pueda hacer para liberarme.

A mi alrededor la situación se ha convertido en una pesadilla.

El cadáver de Catarina destruido por Arno, Izz pálida, como si estuviera a punto de vomitar, Brais cubriéndose la herida del rostro y Umbral a punto de lanzarse a una muerte segura.

Esto ha sido una trampa desde el principio.

Los rebeldes deben de tener un infiltrado entre sus filas.

Me quedo quieto, intentando recobrar el aliento, esperando que mi quietud haga que el centinela afloje su agarre, pero eso no sucede.

Entonces lo veo. Una pequeña hendidura en el codo de los centinelas. Una suave fisura para permitir el movimiento de la articulación y también un punto débil que pienso aprovechar.

Tomo aire con fuerza y, en un movimiento desesperado, golpeo con fuerza la junta del antebrazo con el brazo. El centinela se sacude, apenas un segundo de respiro, suficiente para que me impulse contra la pared y gire con violencia hacia él. El dolor me atraviesa el pecho.

Me he liberado de su agarre, sin embargo, me tambaleo, consciente de que tengo apenas unos segundos para ayudar al rebelde o correrá la misma suerte que su compañera. Logro recuperar una de mis pistolas lunares.

A Arno no le cuesta demasiado quitarse de encima a Umbral. Su fuerza es descomunal y lo lanza al otro lado de la habitación, donde acuden los dos centinelas para retenerle. Umbral está tan fuera de sí que parece ser capaz de zafarse de los soldados, pero consiguen retenerle.

Apunto al Alto Comisionado con mi arma.

La máscara de líder carismático se rompe en un abrir y cerrar de ojos cuando Arno se lanza hacia mí. Una sacudida eléctrica me tensa y me hace caer a unos metros antes de que me dé tiempo de reaccionar.

—Tú, maldita rata —dice con rabia, avanzando hacia mí—. Ron me habló mucho de ti.

¿Ron? ¿Quién cojones es Ron?

—Con tus aptitudes deberías haber sido un fiel siervo al Gobierno y no un obstáculo en mi camino.

—¿Quién es Ron? —pregunto incorporándome, arma en mano.

—Ha jugado muy bien su papel entre los rebeldes desde que se fundó la organización hace doce años. Y ahora me ayudará a llevar a cabo la Fase Final del Proyecto Selene.

«Tienes mucho que contarle a Nil, Ron».

«Ron».

«... desde que mi mujer fundó la organización hace doce años».

«Lo lamento, Ronan».

«Ronan Stravic».

La verdad me golpea con tanta fuerza que me tambaleo. Por un momento, me olvido de respirar.

Arno ladea la cabeza, disfrutando del espectáculo.

—Siempre confiáis en las personas equivocadas —dice con una calma venenosa.

¿Y si es una trampa? ¿Y si pretende que desconfiemos entre nosotros? ¿Sembrar el caos? Imposible. Conocía el plan demasiado bien como para que sea un farol. Detalles que solo alguien de la confianza de Ventia podría haber filtrado. ¿Y quién de mayor confianza que su marido?

Un silencio opresivo cae sobre nosotros.

—Todavía no es tarde. Puedes unirte a mí, saqueador Dilar.

—Jamás —escupo con rabia.

—Tú también morirás por el bien de Selestara.

Arno alza la mano dispuesto a acabar conmigo. La electricidad se arremolina en torno a sus dedos y me preparo para el ataque.

—¡No! —Izz se interpone entre nosotros recibiendo el impacto en su brazo mutado, que la hace retroceder unos centímetros.

Doy un paso. Aprieto la pistola y me coloco al lado de Izz. No voy a permitir que se enfrente sola al monstruo que es su padre.

—Al parecer tu captor no es solo tu captor, Lizara —dice Arno con voz suave. Tan calmado que hace que se activen todas mis alarmas.

Me acerco más a ella con intención de protegerla. No voy a dejar que le haga más daño.

—Quédate atrás, Nil —ordena Izz—. Esto es cosa mía.

No me importa que crea que puede defenderse sola. No pienso abandonarla. Levanto mi pistola lunar encañonando a Arno.

—He menospreciado tus dotes, Lizara —se burla el Alto Comisionado—. Si hasta tienes un soldadito dispuesto a morir por ti.

—Dispuesto a matar por ella —amenazo apretando los dientes.

Arno suelta una carcajada estruendosa y me dedica una mirada cargada de lástima.

—¿Matar, dices? Pues veamos de qué eres capaz.

Y a un gesto de su mano, un haz de energía me golpea en el pecho. El chisporroteo rebota y golpea los focos que alumbran la sala y las luces parpadean antes de apagarse. El mundo queda bajo la luz fantasmal de la aurora, que entra con sus colores cálidos a través del ventanal.

Lizara se lanza sobre él a toda prisa y yo me tambaleo. Estoy mareado, las náuseas me sacuden y respiro hondo. Doy un paso hacia atrás, apunto con el arma, pero es demasiado arriesgado pues Arno y su hija están enzarzados.