La última luna 49
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Nil

El sistema de energía mediante fragmentos es objeto de desvíos ilegales.

En el núcleo proliferan bandas criminales que se dedican al contrabando de energía.

Por ello suele haber caídas frecuentes en el sistema.

El pirateo energético se castiga con el ingreso inmediato en el Complejo Penitenciario Soldrak.

Fragmento del libro Hespéria, la ciudad del fragmento

Lizara entra en la habitación y respiro hondo, tomando aire muy despacio por la nariz.

Todavía siento el cosquilleo en los dedos y la adrenalina ardiendo en mi pecho.

El tacto de su boca en mi torso aún me hace arder.

Carraspeo, intentando borrar la imagen de su cuerpo sobre mis caderas, y mientras lo hago me relamo de forma inconsciente, en busca de los restos de su sabor.

Me vuelvo para mirar la puerta y la imagino desnuda esperándome. La garganta se me seca de golpe y tengo que obligarme a pensar en otra cosa que no me llene de ganas de entrar ahí y...

Ajusto mi propio uniforme, centrándome en que esté todo como debe y así quitarme de la mente esa imagen que deseo retener.

—Ha llegado la hora —dice Umbral entrando con cierto cuidado.

Izz sale del dormitorio vestida con el traje, que deja a la vista la mano mutada.

Los pantalones, la parte superior entreabierta y el colgante desgastado que me observa desde su pecho, que ahora tiene entre sus dedos.

Se ha recogido el pelo en una trenza improvisada que cae sobre su hombro derecho tapándole el pecho, donde hacía nada estaban mis labios.

Carraspeo y cojo mis cosas bajo el escrutinio de los dos. En el rostro de Umbral hay suspicacia, pero en el de Lizara, aunque se esfuerce en parecer neutral, hay deseo y también miedo.

Está aterrada. Se le nota en la tensión de los hombros, y, al no llevar el traje lunar, veo que también se refleja en la sonrisa ladeada que muestra.

Los demás llegan unos minutos después. Ventia, Alveron, Flavia, Octavius, Catarina y dos rebeldes más llamados Jill y Huck. El círculo de más confianza de Ventia, que nos evalúa en silencio. Se detiene a mirar a Izz unos segundos de más, después intercambia una rápida mirada conmigo.

—Nada de esto puede salir mal —decreta la líder.

Izz aprieta los labios con frustración, abre la boca para decir algo, pero la cierra de nuevo cuando Alveron activa el UTP y este despliega la agenda de Arno ante nuestros ojos.

—Según la agenda, el Alto Comisionado tiene asuntos que tratar en su despacho —comenta, señalando la hora exacta—. Y dentro de una hora y cuarenta minutos es el gran Apagón.

—Antes de que ese momento llegue, nosotros tenemos que acceder al despacho de Arno. —Ventia se dirige a Octavius, que asiente.

—Y yo, en cooperación con Flavia, me ocuparé de que el sistema no os detecte. Estaremos en comunicación. No es fácil piratear el sistema del Gobierno, así que para entrar solo contaremos con unos segundos. Una vez dentro... —Alveron guarda silencio.

—Cuando consigáis lo que necesitamos mostraremos al mundo quién es Arno y su imperio caerá —le interrumpe Ventia.

Su piel cobre está más pálida que de costumbre y hasta sus gestos parecen más comedidos. Se muestra segura, pero está nerviosa. Lo suficiente para que yo también sienta la ansiedad en la boca del estómago.

—Si ese plan sale mal... —murmura Catarina.

—Cata. Si el plan A sale mal, Alveron y los demás intervendrán —le dice Flavia, cogiendo de la mano a la otra chica.

—Ahora, repasemos el plan. —Ventia se dirige a mí con decisión—.

El saqueador Nil Dilar contactará en el camino de vuelta con su superior para informarle de su llegada con la prisionera rebelde.

—Asiento—. Iréis al ayuntamiento con Lizara como prisionera y crearéis una distracción que saque al Alto Comisionado de su despacho.

Cata y Umbral estarán con vosotros, vestidos de centinelas.

Serán los que os acompañen en nombre del Gobierno.

Y, mientras mantenéis a Arno fuera, nosotros entraremos en el despacho con las claves que Alveron y Flavia nos van a conseguir.

—Se pasea por el salón mirándonos a todos, comprobando que tenemos claro nuestro cometido—.

Y ahí le expondremos, a la vez que vosotros le dejáis fuera de juego con el compuesto de Lizara y nuestra ayuda una vez terminemos en el despacho y finjamos el Apagón. ¿Lo tenéis claro?

Todos asentimos. Izz se limita a apretar los puños. Una respuesta mordaz baila en el gris de sus ojos, pero se contiene. En su lugar alza la barbilla y se muestra orgullosa.

Puede que le funcione ponerse esa capa de frialdad con los demás, pero yo veo que está asustada. Quizá demasiado. No parece que vaya a reunirse con un padre —aunque este sea un tirano—, sino que esté a punto de acudir a la boca del lobo.

En realidad, así es, pues si las sospechas de Izz son ciertas, si Arno consigue su objetivo, la ciudad entera sufrirá mutaciones.

«Yo incluido», me recuerdo con un estremecimiento.

Y Vik regresa a mi memoria. Su rostro desfigurado. La expresión perdida en sus ojos. Cómo alcancé a ver reconocimiento cuando canté su canción.

—Arno no es solo un tirano que vende esperanza, justicia y paz.

Es un criminal, un asesino sin escrúpulos que ha enviado inocentes a morir por llevar a cabo un oscuro plan.

Bajo buenas palabras y promesas vacías se esconde un auténtico monstruo capaz de cualquier cosa.

—La líder hace una breve pausa en la que dirige sus ojos hacia Izz—.

Fue capaz de exponer a una niña inocente a los peligros de un laboratorio donde se investigan sustancias desconocidas.

—Izz le mantiene la mirada, intrigada, mientras que en Ventia puedo apreciar...

¿cariño?—. Y si ha sido capaz de algo así, ¿qué no hará con quienes no tiene lazos afectivos?

Que sepamos, provocar un contagio a gran escala en toda Hespéria con el único propósito de crear un ejército invencible para enfrentarse y someter a Amazora y Nevrast. —Abro mucho los ojos, oírselo decir es impactante—.

Pero ¿qué vendrá después? ¿Se detendrá ahí?

Nosotros no vamos a esperar para verlo. ¡Hoy se acaba su reinado!

Asentimos, pero me fijo en que los ojos de la líder brillan con una emoción indescifrable.

Ya sé quién es Ventia, por qué inició la rebelión y los motivos que la mueven, pero ¿por qué tengo la sensación de que conoce a Izz de antes?

Mis sospechas se confirman cuando, en medio de los últimos preparativos y las últimas palabras antes de separarnos, Izz se dirige a ella con decisión.

Estoy tan cerca de ellas que puedo escuchar la conversación:

—Nos conocemos, ¿verdad? —pregunta Izz.

—Sí, Lizara Raven. Te conocí cuando eras todavía una niña, imagino que por eso no te acuerdas de mí. —Ventia frunce los labios y desvía la mirada. Sus dedos recorren la pernera del pantalón como si intentara alejar un pensamiento—. Eres la viva imagen de tu madre.

—¿Conociste a mi madre?

La mujer suspira con resignación. Aprieto los dientes, bien atento. Izz nunca me ha mencionado a su madre y yo no he querido cruzar esa línea. Tal vez no debería estar escuchando, pero no puedo evitarlo.

—Sí, la conocí. Coincidimos en reuniones diplomáticas antes de que Arno Raven llegara al poder.

Tu madre y tu abuelo le acompañaban. Arno nunca tuvo un padre, y cuando tu madre se enamoró de él, se convirtió en un hijo para tu abuelo.

Se veía en cómo le trataba, en todo lo que trabajó para ponerle donde está.

Se lo debe todo. Así fue como empezó. Ellos convertidos en una unidad dispuesta a que Arno alcanzara el puesto de Alto Comisionado a cualquier precio.

»No hubo límite. El amor de tu madre, la estabilidad de Hespéria, el honor de tu abuelo, el verdadero origen de Arno...

, todas esas piezas fueron cayendo una tras otra, como en una partida perfectamente calculada, dejando el tablero despejado hasta la reina: Eubea Landina.

Y cuando ella también cayó, Arno solo tuvo que mover la última pieza y coronarse.

«¿El verdadero origen de Arno? ¿A qué se refiere?». Hago memoria, pero enseguida me doy cuenta de que el pasado del Alto Comisionado es desconocido. Tan solo sabemos que fue soldado, que salió a luchar a las zonas extremas por Iberion. ¿Y qué más?

—No me lo puedo creer... ¿No te lo contó? ¿Ni a su propia hija le ha mostrado de dónde viene?

—Fue soldado. —La voz de Izz suena insegura. Sabe lo mismo que sabemos los demás, lo que me deja tan sorprendido como a la líder.

La risa de Ventia no contiene un ápice de humor. Su expresión es tan fría que me hiela la sangre, y cuando retoma la palabra lo hace con una rabia que me recuerda a los motivos por los que creó el grupo rebelde.

—Arno Raven fue un niño abandonado del núcleo.

Sin un origen claro, criado en uno de los peores orfanatos, hasta que tuvo edad suficiente como para alistarse en el ejército.

Esta parte sí es cierta. Fue el único superviviente de una expedición en el Desierto Ígneo, Eubea Landina le condecoró con la máxima distinción militar por haber salvado Iberion de una gran amenaza.

Sin embargo, el Arno que se fue regresó con ideas nuevas y un único objetivo: hacerse con el poder.

Arno perdió a todo su equipo. Me pregunto qué tuvo que vivir además de la muerte de sus compañeros para volver tal y como dice Ventia. ¿Cómo regresaré yo? Tampoco soy el mismo que entró en el Desierto Polar con un objetivo claro: cumplir la misión del Alto Comisionado.

Se hace un silencio entre ellas. No puedo imaginar qué debe estar sintiendo ahora Izz. Me gustaría saberlo, abrazarla y consolarla si fuera necesario. Es ella quien vuelve a hablar.

—¿Y tú qué papel tenías en el Gobierno de mi padre? ¿De qué nos conocemos?

—Era la asistente de Eubea. Más que eso en realidad.

Seguí formando parte del consejo de Iberion tras su muerte.

De eso me conoces. Nos veíamos en eventos.

Cuando tu madre murió, perdiste la sonrisa.

Yo jugaba contigo, trataba de devolvértela, y creo que lo conseguí.

Al menos hasta que descubrí la verdad sobre la muerte de Eubea y decidí dejar todo atrás.

—Tú eres esa mujer cálida que recuerdo... —Termina la frase en un susurro que no logro entender—. ¿Por qué no me lo habías dicho?

—Eres la hija de Arno Raven, y te crio como quiso para utilizarte para su beneficio. —Suspira—. No sabía si podía confiar en ti. No sé si todavía puedo hacerlo, hasta qué punto tiene influencia sobre ti.

—No la tiene —afirma Izz con seguridad. Y yo la creo. Pero Ventia no parece tan convencida.

La líder asiente con la cabeza y se separa de ella para dar unas últimas indicaciones.

La chica intercambia una mirada conmigo antes de dirigirse a Catarina, a la que lleva aparte y se ponen a hablar en susurros.

La rebelde le tiende la inyección que anulará el poder de Arno, pero Izz no se la guarda, sino que le dice algo en tono serio y las dos se pierden durante unos minutos fuera de la salita. Yo termino de ajustarme el uniforme.

—¿Dónde están Catarina y Lizara? —pregunta Ventia mirándonos uno por uno.

Antes de que pueda responder, ambas regresan con un gesto de complicidad que no me pasa desapercibido.

Nos dividimos y ponemos en marcha el plan. Catarina y Umbral se ponen su atuendo de centinelas y los cuatro nos vamos con el deslizador camino del quinto anillo.

Alveron me da un apretón en el hombro antes de dejarme salir.

El deslizador desciende a toda velocidad.

Miro al otro lado de la ventana, donde ya clarea la aurora verdosa.

Los preparativos han empezado en las calles, que se revisten de colores grises, rememorando la caída de la luna.

En el núcleo, además, se organiza una fiesta en el local en el que solía beber lunís con mis amigos.

La nostalgia me golpea en el pecho, pero me obligo a centrarme en lo que estamos haciendo.

Tengo preparadas las esposas iónicas con las que ataré las manos a Izz antes de entrar.

Intento no pensar en ello. En el papel que voy a tener que interpretar ni en las miradas que me dedica.

El deslizador nos deja a unos metros del ayuntamiento. Miro a mi alrededor con curiosidad. Imágenes de la luna relucen en hologramas por toda la ciudad, rememorando cómo era antes de la caída.

Como cada año, se reproducirán la fragmentación de la luna y la posterior caída. El mundo cuando cambió. Después toda la energía caerá, para resurgir con un gran chispazo que puede cambiarlo todo si fallamos.

Siento la mano de Izz en mi antebrazo y le pongo las esposas iónicas sin dejar de mirarla a los ojos. Ahora más que nunca siento que la conozco. Que sí puedo confiar en ella. Que es la chica más increíble que he conocido jamás.

Traga saliva, nerviosa. Yo también lo estoy. Me mira con ojos brillantes y veo sus emociones contenidas. La confianza que deposita en mí... sin saber que ahora, de algún modo, la confianza que me entrega es también la trampa que la rodea.

El Apagón está cerca, y no sé si lo que vibra entre nosotros es deseo... o la primera señal de que me va a destruir.